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Mama Chego


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26/09/2019


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Matriarca de los guerreros coléricos, tuviste la virtud de juntar familias variadas. Tú, rotunda fémina, enseñaste a apapachar el alma con insultos azucarados. Pilar monumental, lanzaste a tus crías como aves directas al vuelo sin pensarlo dos veces. Tus jardines siguen de pie aunque tu te hayas transformado en materia distinta. Nadie es inmortal pero si permanente. Apuesto a que cada uno de tus descendientes arriesgaría su vida por otro individuo de su misma sangre. Eras formal, lineal y directa, al igual que una rosa, eras bella con cariños emuladores de espinas. El mambo frecuente en tus gustos musicales aún se torna colorido aunque ya no estés presente. Señora de enorme respeto, infundías miedo indispensable para darle aprendizaje a tus criaturas. Colosal autoridad, gozabas de estar compuesta de “buena madera”. Nadie cuestionaba tu jerarquía, tu cigarro acompañaba el porte clásico en tu persona. Pocas veces mostrabas tu rostro humedecido, aquel que intentara averiguar ese aspecto débil lo ahuyentabas. Auténtica leona, dueña de tu camada, hoy no lloro físicamente sino literariamente. Estas palabras que te escribo no las leerás pero son primordiales para desenredar mi nudo de tráquea. Antes de que te llevaran al hospital, lugar de descanso corto, pude visualizarte. Tu, madre, te ibas de nuestras manos mientras en tu televisor se transmitía un Tin Tan policíaco que auxiliaba a otra mujer a dar a luz. No encuentro otra muestra más transparente del significado de vida y muerte. En tu hogar no hallo opacidad, sólo encuentro nochebuenas rojizas, granadas fructíferas, así como árboles brillantes. Las manzanas que pelabas para mí, los paseos cortos por la unidad departamental, el riego de maíz para las palomas hambrientas, esa simplicidad de tus acciones te postularon inmediatamente para un lugar en el edén. Estabas camuflada de empatía gruesa, por ello y mucho más, Mama Chego, tu descanso se convierte en paz compartida. Tus abrazos infantiles combinados con la mirada fresca estarán en mi memoria mañanera cuando beba de mi café diario. “Nunca me cansaré de bendecir tanta ternura”

Etiquetas:   Familia   ·   Experiencia

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