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AMLO contra Proceso y la “prensa fifi”: ¿quién puede cambiar la realidad?


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10/08/2019


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Nadie se podía imaginar hace algunos años, que una de las revistas considerada como una de las más críticas del país, pudiera ser tachada de “conservadora” por Andrés Manuel López Obrador. Proceso es uno de los medios más prestigiados del país, pero al mismo tiempo, su línea editorial probablemente haya dejado de ajustarse a la realidad, lo que de alguna manera la incluye en la lista de la “prensa fifi”.


Al periodismo históricamente se le ha denominado el “cuarto poder”, por los niveles de influencia que puede generar en una sociedad. Ha jugado en muchas ocasiones del lado del dominio político y ha sido instrumento de coerción; en otros ha sido crítica y opositora, pero es una relación de odio y amor que está determinada invariablemente por este nivel de acercamiento con uno u otro lado.

En México durante décadas fue Televisa el “caudillo” del presidente. Se convirtió en una aliada estratégica del poder priísta y una herramienta invaluable para crear una realidad del país que más conviniera al gobierno en turno.

A finales de los años setenta del siglo pasado, surgió Proceso como una revista única en su tipo, con un ADN transgresor, opositor y provocativo; más cercana a la ideología izquierdista del momento y precisamente en un entorno mediático hermético en el país, en donde todos prácticamente estaban alineados al gobierno.

Fue caudillo de ideales de cambio, vertió esperanzas de permutas democráticas durante al menos dos décadas y cuando se dio esa “transición en el gobierno” a finales de los años noventa, siguió siendo crítica al sistema con reportajes e información que de una u otra manera, develaba los quehaceres de la administración pública, sus vicios, abusos y engaños.

Sobrevivió al más duro ambiente de censura, a los castigos financieros y a las amenazas de los poderosos. Del autoritarismo a la democracia. Pero lo cierto es que ni sus más emblemáticos reportajes de denuncia e investigación, pudieron cimbrar al sistema y a sus elementos, por más duro y triste que esto suene.

En México, parece que el poder del “cuarto poder” termina justo donde comienza el dominio político o económico. Es decir, ningún “periodicazo” de esta revista cambió a algún secretario de estado, jueces, funcionarios, gobernadores, diputados, senadores y mucho menos, a un presidente.

Claro que no es su función primaria, porque para eso está la justicia, pero en otros países, un escándalo mediático como tantos que se han dado en México, son la tumba para muchos personajes públicos. En nuestro país, esto no sucede ya seas de derecha, izquierda, indefinido o bipolar. Los medios parecen poderosos, pero con poco espacio de maniobra.

AMLO dice de Proceso: “Nada más es análisis de la realidad, dar a conocer la realidad, no transformarla. Ese es nuestro diferendo con ese periodismo, porque el periodismo en las épocas de transformación en México sí ha contribuido a la transformación de la realidad”.

Pero en cierta medida tiene razón López Obrador, ya que al menos en el México posrevolucionario, prácticamente todo el periodismo que se ha hecho es así, tal como lo definió. Aunque obviamente esto es discutible y habrá sus excepciones, la generalidad es esa.

Y agregó AMLO sobre el trabajo de Proceso: “administra el conflicto, el caos, el amarillismo y que no se propone transformar la realidad por la excusa de que son independientes”. También es cierto; no ha tenido la capacidad de ser más que una revista crítica que la lee algún sector de la sociedad que se dice de “izquierda”, “radical” o de “contracultura”.

¿Pero qué pasa con el grueso de la sociedad? Nada. Llevamos al menos 18 años divididos entre dos bandos (los AMLOvers y los otros), conociendo estafas maestras, desvíos millonarios, actos de corrupción, hermosas “casas blancas”, lujos y excesos de la clase política (mucho de esto lo ha revelado Proceso) y el sistema parece que sigue intacto.

Por otro lado está la “prensa fifi”, que por principios ideológicos –que es válido- o por negocios, se han aliado con el gobierno, beneficiándose no solo de cierta protección sino de fondos millonarios de publicidad oficial, por lo que hasta antes de este gobierno, cambiar la realidad solo significa no perder estos privilegios.

El asunto es que hay que hacer un análisis profundo acerca del papel de los medios –al menos los tradicionales- y evaluar su rol social en entornos de cambio, como se supone es el que estamos viviendo, lo mismo de las exigencias de AMLO con respecto a la función de la prensa, pero mi conclusión es que finalmente en México, todo es mucho más complicado de lo que parece.



Etiquetas:   Televisa   ·   Andrés Manuel López Obrador

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