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Tú eres homofobico? Tú tienes una enfermedad mental!


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30/07/2019

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Tú eres homofobico? Tú sabías que tú eres considerado un enfermo mental! Si! Así es! La Asociación America de Psiquiatría lo considera un trastorno mental! Por lo cual usted debe ir a consulta psiquiátrica .  


En 1972, el psicólogo George Weinberg publicó el libro “La Sociedad y el Homosexual Saludable”, cuyo primer capítulo plasmaba la siguiente afirmación: “Yo nunca consideraría a un paciente saludable al menos que hubiera superado su prejuicio en contra de la homosexualidad. Incluso si es heterosexual, su repugnancia hacia la homosexualidad es, ciertamente, dañina para él mismo». En su obra, Weinberg introdujo por primera vez el término homofobia para referirse a aquellos individuos heterosexuales cuya conducta denota una profunda aversión hacia los homosexuales, aversión que, según Weinberg, sitúa su origen en un intenso temor de estar en estrecho contacto con hombres y mujeres homosexuales, así como miedo irracional, odio e intolerancia hacia ellos. La homosexualidad se consideró un desorden de salud mental hasta 1973, cuando la Asociación de Psiquiatría Americana la removió definitivamente del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales). La Asociación de Psicología Americana (APA) apoyó este movimiento dos años más tarde, en 1975, cuando también descartó la homosexualidad como desorden mental y reconoció públicamente que esta no implica ningún impedimento en el juicio, la confiabilidad o las capacidades sociales y vocacionales en general. Adicionalmente, la APA hizo énfasis en que los profesionales de la salud mental debían tomar la iniciativa en la eliminación del estigma de la enfermedad mental asociada con la orientación homosexual. El término homofobia se utiliza hoy para designar a aquellas personas que sienten rechazo y discriminan a hombres y mujeres que se definen como homosexuales. Todos hemos escuchado alguna vez la barbaridad de que «la homosexualidad es una enfermedad» por parte de los que sienten una aversión irracional hacia los gays. Pues bien, una nueva investigación le da la vuelta a la tortilla y sugiere que la enfermedad real que hay que estudiar es la homofobia. Un nuevo estudio revela que aquellas personas que tienen opiniones muy negativas de los homosexuales también tienen mayores niveles de psicoticismo que aquellos que son tolerantes. Esto no quiere decir que las personas homofóbicas sean psicóticas. El psicoticismo es un rasgo de la personalidad que padecen algunas personas que son vulnerables a conductas impulsivas, hostiles, agresivas, a la ira o que tienen la misma empatía que una botella de plástico. Según Emmanuele Jannini, investigador principal y endocrino y sexólogo de la Universidad de Roma Tor Vergata, «el estudio sobre las manifestaciones homofóbicas abre una nueva vía de investigación, donde la enfermedad real para estudiar es la homofobia». La investigación sobre la enfermedad de la homofobia resulta un tema complejo. Algunos estudios han sugerido que las personas con una actitud negativa y visceral hacia los gays y lesbianas son frecuentemente homosexuales ocultos. Otros estudios, sin embargo, cuestionan esa idea y plantean lo contrario. Otros factores, como la religión, la hipermasculinidad y la misoginia, parecen jugar un papel crucial en las actitudes homófobas según narran Jannini y sus colegas en un artículo publicado en The Journal of Sexual Medicine. Según los investigadores, cuanto mejor es la salud mental de una persona, es menos probable que sea homofóbica. Aquellas personas que viven sus relaciones de forma poco saludable, fueron significativamente más homófobas que los que tenían mayor inteligencia emocional. Lo mismo ocurrió con aquellos que enfrentaban situaciones desagradables de forma inmadura: mostraban un mayor rechazo visceral e irracional hacia los gays y lesbianas. Asimismo, los investigadores encontraron una alta vinculación de los homófobos con las personalidades más disfuncionales que mostraban actitudes de hostilidad, ira o psicotisicismo. Según Jannini, «la homofobia es una enfermedad inducida por la cultura». Las personas homofóbicas pueden presentar características muy diversas. Aunque la homofobia virulenta puede llegar a manifestarse en reacciones de extrema violencia contra las lesbianas y los homosexuales, existen personas que aparentemente se muestran abiertas, compresivas y liberales, y son, en el fondo, profundamente homofóbicas. Incluso se han observado algunos casos de individuos que parecen capaces de manifestar sentimientos de afecto o conmiseración hacia las personas homosexuales, esto nos muestra que las personas reaccionan ante la presencia de un homosexual de diferentes maneras: pueden llegar a ser muy violentas y extremistas o simplemente tolerar y no decir algo. La persecución y discriminación a los homosexuales se ha desarrollado desde tiempos antiguos hasta la actualidad, basándose en prejuicios y creencias más que todo de índole religiosa. Un ejemplo de eso existe en la creencia cristiana fundamentalista, y mayormente en países islámicos y en los Estados Unidos, donde se manifiesta notablemente el rechazo hacia la homosexualidad como identidad, de forma directa o prohibiendo actitudes afectivas o sexuales definidas. La homosexualidad según las creencias religiosas no es aceptada como una condición natural de la persona, sino más bien como un comportamiento inadecuado e incoherente que debe ser corregido. Apoyar o consentir actos sexuales de esa índole es considerado como un pecado según las religiones. Ahora bien, los religiosos alegan que el rechazo a esta condición sexual no se considera homofobia, debido a que no es basada en prejuicios sino en una actitud fundamentada en sus creencias y en sus escrituras sagradas. Las mismas tradiciones han sido adoptadas por la Iglesia Ortodoxa y también las religiones que han seguido a partir de ella, como en el caso de los llamados cristianos evangélicos. En los países donde se practica la religión islámica han creado leyes que condenan la homosexualidad, como hay otros países no la penalizan. Con respecto a la Iglesia católica, la homosexualidad fue condenada desde los tiempos de la Edad Media, y en la actualidad continúa el rechazo a esta condición sexual de manera evidente y rotunda. Investigaciones realizadas por centros de estudio en Estados Unidos y Europa han extraído los siguientes datos de valor para una mejor comprensión de las causas que motivan el odio hacia los hombres y mujeres homosexuales. Según un estudio publicado por la revista científica Journal of Personality and Social Psychology, la homofobia podría tratarse de un prejuicio de auto-reflejo motivado por una crianza bajo figuras paternas autoritarias donde no se promueve la autonomía, en especial si la homofobia ya constituye un prejuicio asentado entre los padres. Al crecer en un ambiente donde se frustra la autonomía de los hijos, estos se privan de explorar internamente valores e identidades que perciben como inaceptables, adoptando en cambio una conducta defensiva de formación reactiva (que consiste en enmascarar un motivo o emoción haciéndolo pasar por su opuesto). Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Rochester, la Universidad de Essex y la Universidad de California sugiere que la homofobia es más pronunciada en aquellas personas que desconocen en un plano consciente la atracción que ellos mismos experimentan hacia personas del mismo sexo, una supresión que se ve acentuada por crecer en un ambiente de autoritarismo y estigma. Un estudio publicado en la revista The Journal of Sexual Medicine y realizado en Italia (como se mencionó arriba) indica que las actitudes vinculadas con la homofobia podrían guardar relación con altos niveles de psicoticismo (hostilidad, impulsividad, agresividad y baja empatía). Esto no quiere decir que las personas homófobas sean psicóticas, ya que se habla del psicoticismo como un rasgo de la personalidad y no como una categoría de trastornos mentales, pero sí sugiere que la homofobia se relaciona con una salud mental deficiente en comparación con las personas que no son homófobas. La investigación también detectó un vínculo entre los altos niveles de mecanismos de defensa inmaduros (proyección, introyección, conducta agresiva-pasiva…) en algunas personas y su alta propensión a la homofobia, así como factores de inducción cultural a la homofobia, entre ellos: la religión, el machismo, la hipermasculinidad y la misoginia. La homofobia como constructo se valida por estudios conductuales, en los cuales se han medido respuestas somáticas equivalentes de las fobias (respuesta cardiaca, por ejemplo) en personas intolerantes con los homosexuales. Se verifi ca que el homonegativismo tiene una respuesta biológica similar a las fobias (9). En sentido estricto, una fobia es el temor irracional. En el caso de la homofobia, su rango es variado, incluye el odio, el señalamiento del homosexual como contrario, inferior o anormal y, en el caso del discurso psiquiátrico, el hecho de ubicarlo en el rango patológico o sintomático. Actualmente, se relaciona la homofobia con otros tipos de intolerancia, como son el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, al señalar al otro como contrario, inferior o anormal, y ha sido señalada como fascismo, ya que “Se fundamenta en el odio al otro, entendido éste como una entidad ajena y peligrosa, con valores particulares y extraños, amenazadores para la sociedad, y –lo que es peor– contagiosos” (2). En nuestra cultura corresponde a una fobia promovida y aceptada, en tanto que la condición de tolerancia hacia los homosexuales muchas veces es vista, al menos, con desconfianza. La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de referencias agresivo contra los gays y las lesbianas, identificándoles como personas peligrosas, viciosas, ridículas, anormales y enfermas, marcándoles con un estigma específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal), social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos). (10) La homofobia supone que la identidad de valor de la homosexualidad que reivindica públicamente su existencia o su equivalencia con la heterosexualidad se evidencia, por ejemplo, en discursos de expertos, tiene un carácter familiar, produce consenso y se percibe como un fenómeno banal (2). El rechazo a la homofobia se relaciona con la tolerancia, la cual, si bien es un concepto que goza de prestigio, es imprecisa y, como lo afi rma Savater: “En cuya alabanza todo el mundo está vehementemente de acuerdo, pero sobre cuya aplicación casi nunca se dice nada concreto, por lo que cada cual puede emplearlo para arrimar el ascua a su sardina”, si bien decimos que “es necesario ser tolerantes”, también decimos que “no debe tolerarse la intolerancia” (11). Daniel Borrillo considera que existe una doble dimensión del problema: el rechazo irracional (afectivo) y una construcción ideológica (cognitiva), por lo cual la homofobia debe ser considerada tanto en el ámbito individual como social (2). De igual manera que la homosexualidad puede ser considerada una construcción social, la homofobia también puede serlo. No todas las culturas son homofóbicas y las formas de homofobia toleradas varían entre culturas (4). Se han sugerido diversos orígenes de la homofobia: ya sean motivos religiosos, temor secreto de ser homosexual, envidia reprimida o la afrenta a los valores (4); sin embargo, falta mucho por estudiar de este fenómeno, cuyas bases encontramos a escala individual, familiar y social, en las creencias y los valores, en la ignorancia y la intolerancia; luce como un trastorno complejo, con diversos grados y expresiones.





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