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Pronoia y Ayurnamat: Cuando el universo conspira a nuestro favor y descubrimos que no podemos cambiar las cosas.


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02/03/2019

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Creemos que tenemos el control de todo. Que sabemos lo que va a ocurrir ahora, que conocemos los movimientos que vamos a hacer. Cómo vamos a respirar, a pestañear o a caminar. Creemos conocer nuestros inicios y nuestro final porque nuestra historia está escrita, y de algún modo, eso nos hace pensar que tenemos control alguno. Pensamos que el universo conspira a nuestro favor y nuestro destino está escrito en las estrellas, que el mundo gira por nosotros y las galaxias viven porque nosotros vivimos. Que el universo se acaba si nosotros acabamos. Esa sensación se denomina "pronoia".


Todos hemos creído alguna vez que todo lo que ocurre sucede por alguna razón. Incluso lo más cruel o triste, lo más doloroso y traumático creemos que ocurre por una razón porque no encontramos ninguna explicación razonable a ese sufrimiento.

Ese motivo tras el cual nos ocultamos como último consuelo es la "pronoia". La creencia de que el universo conspira a favor de las personas, de que todo lo que ocurre en tu vida está escrito. Todo lo que sucede es por tu bien porque, claro, el universo quiere lo mejor para ti.

De algún modo eso te hace sentir como si tuvieses todo bajo control: mi historia está escrita, lo que voy a decir, a comer o a pensar. Cómo voy a vivir o a morir, ¿para qué preocuparme entonces? Todo está destinado, todo está bajo control.

Actuamos en consecuencia de nuestro destino, estamos tan convencidos de que todo debe suceder así que podríamos decir que estamos alienados del universo.

La alienación se define como "el proceso mediante el cual un individuo se convierte en alguien ajeno a sí mismo, que se extraña, que ha perdido el control sobre sí.

En este sentido, la alienación es un proceso de trasformación de conciencia que se puede dar tanto en una personas como en una colectividad." 

No seguimos nuestros instintos. No salimos de la rutina, por mucho que las cosas empeoren, creemos que eso nos mejora como persona. Que es nuestro destino y no somos nadie para cambiar lo que algo más grande que nosotros ha creado.

Entonces es cuando vemos el vaso lleno, a punto de desbordar. Siempre lo arreglamos bebiendo, tragando todas aquellas decisiones y palabras que no eran las correctas, todos aquellos momentos en los que pudimos expresarnos y no lo hicimos por miedo. ¿Y si no sigo las reglas? ¿Me castigaría el universo, el karma? Todo sucede por una razón, ¿verdad?

Llega el momento en el que el vaso está turbio, su agua no aclara y una última gota cae, colmándolo. Esa última puede ser lo mejor o lo peor que puede pasarte, algo que es tan bueno que crees no merecer o algo que es tan malo que ni siquiera puedes creer que exista y te ocurra a ti.

Es cuando la sensación de "pronoia" desaparece. Puede que seas la broma del universo, su juego. Puede que el universo no sepa de tu existencia al igual que no es consciente de la suya, que todas las experiencias son igual de vívidas y reales y no están predestinadas. Puede que el universo no quiera lo mejor para ti, y puede que tengas razón sobre todo eso.

El mundo no deja de girar porque tú dejes de respirar, ni el universo se acaba si tú desapareces. El sol no deja de brillar ni la lluvia de caer, y es triste reconocerlo, pero es cierto. El universo no está a tu favor, eres completamente consciente de todas las acciones y palabras que has hecho y dicho.

Tal vez no seguir las reglas o salirte del sendero es lo que realmente debes hacer, es lo que has hecho siempre. Ese control que decías tener no existía, te aferrabas a una falsa ilusión, como aquellos que se aferran a un dios: necesitamos tan desesperadamente una razón de por qué hacemos lo qué hacemos, de por qué estamos aquí. Necesitamos saber nuestro propósito y al no encontrar ninguna respuesta nos guiamos por aquello que nunca ocurrió, por lo místico y lo imposible. Por la fe y ceguera. Necesitamos algo que nos guíe.

No te culpes, el cerebro funciona así. Nosotros funcionamos así. Necesitamos saber la raíz de nuestros impulsos, como funciona nuestro cuerpo y por qué trabaja de ese modo. Necesitamos repuestas porque nuestro cerebro no puede soportar la gran cantidad de preguntas que origina.

Estamos solos, morimos y nacemos solos. Las estrellas no se alinean por nosotros, los horóscopos no nos conocen en realidad y pensamos que, quizá, podríamos comenzar a crear nuestro control. A seguir nuestros instintos.

Somos animales, los instintos nunca fallan, los presentimientos son tan reales que podemos sentir como pellizcan nuestro cuello.

Creemos que seremos capaces de enmendar aquellos errores que el universo nos hizo cometer, aquellas acciones que hicimos bajo el hechizo de las estrellas y la luna y todas las palabras que dijimos haciendo el trabajo sucio del karma; creemos que podemos retroceder y cambiar las cosas, como una máquina del tiempo, toqueteando las agujas del reloj.

Y es decepcionante. Es decepcionante comprobar que los relojes siguen siendo lo mismo, hechos de plástico y con baterías que mueren de año en año y no pueden volver a tiempos pasados.

Es frustrante comprobar que, a pesar de haber despertado, no podemos cambiar aquello que sucedió una vez. Y es que no podemos volver ya que vivimos en un constante presente. No hay pasado o futuro, vivimos en la inmensa infinitud. Es algo que Alan Watts dice: no podemos rectificar el pasado porque el ayer es nuestro hoy, ni podemos definir el futuro porque el mañana es nuestro hoy.

Así que, ¿cuál es la clave? Hemos dejado atrás la "pronoia", la alienación del universo y el manual de las normas y aún así seguimos perdiendo. Aún así tenemos que despedirnos de aquellas personas que más nos importa o no tenemos la posibilidad de volver a saludar a otras.

El pasado y el futuro son meros recuerdos colocados cronológicamente, el poder de la imaginación por crear escenarios y diálogos del "qué será" como si de una película se tratase.

¿Cuál es la clave, entonces?

La clave es escribir tu propia historia. Sin censura, con palabrotas y maldiciones. Con hechizos y conjuros, con envidias y mal de ojos. Con historias de amor tan increíbles y trágicas, pero hermosas, como la de Romeo y Julieta o anécdotas tan increíbles que parezcan cuentos de ficción.

La clave es no dejar que nada decida por ti o ponga palabras en tu boca con sabor amargo, no redactar tu historia en las constelaciones para que el sol la queme a la mañana siguiente.

La clave está, la clave es, no preocuparse por aquello que no podemos cambiar. Algunas cosas y situaciones no están bajo nuestro control, podemos observar cómo se escapan de entre nuestros dedos. No somos omnipotentes, no podemos estar en diferentes lugares a la vez, así qué, ¿para qué preocuparse?. Hay una palabra que lo define, "ayurnamat".

La clave es escribir una historia contada mil veces de una forma distinta, en papel y con la tinta de tu sangre. 

Haz que sea una buena historia.















Etiquetas:   Escritores   ·   Psicología   ·   Filosofía   ·   Historia

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