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¿Y si el terrorista es el bueno?


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15/02/2019


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Seríamos felices si los terroristas siguieran menos su ideología, porque creemos tener la razón y que ellos están equivocados. Pero, ese que es un terrorista para usted es un mártir para el otro bando. ¿Lo había pensado? De esta misma manera muchos piensan que si todos profesan la misma fe (según sus creencias o religión, sea esta el judaísmo, el islam, budismo, hinduismo, zoroatrismo, el cristianismo y aquí incluyo protestantes y católicos, o cualquier otra) el mundo sería perfecto. ¿Si esto sucede realmente sería lo mejor? Si aquel hombre homosexual, drogadicto, infiel, alcohólico, o el ateo se convirtiera a su religión ¿sería mejor persona? Pensemos en que estar mejor de salud conlleva tener más fuerza, tener más vigor, pero también implica que tendré más fuerza para estrangular a mi hermano. El cristiano ante esto me contestaría: "entonces realmente no es cristiano", exacto. Entonces no lo es, pero al creerse, hace daño, mucho daño. La conversión no llega el día que decidimos hacer parte de una religión, sino que se busca hasta el día de nuestra muerte muchas veces sin conseguirla, porque como Pablo dijo, estamos atrapados en este cuerpo de muerte, con un aguijón que el mismo Dios nos ha dejado, para que comprendamos que su gracia nos basta. 


Si va a leer olvídese del acuerdo o el desacuerdo, solo pretenda encontrar la verdad. El acuerdo o el desacuerdo son solo palabras. 

Existen tres tipos de hombres, el ateo que busca (anhela la verdad), el ateo que dejó de buscar (se adormece queda atrapado en sus limitaciones como si todo lo tuviera claro), el fiel (que encontró la verdad, a Dios y le sirve a Dios, y con esto no me refiero en algo dentro de su religión, no, no por ahí no es) y hay un cuarto, que es el fiel que encontró a Dios pero no le sirve. Estos últimos tienen la nominación de creyente, cristiano, judío, pero no tienen a Dios. Estos son los más peligrosos, utilizan la luz para acrecentar sus propias tinieblas. Ahí es donde aparece lo demoníaco como rasgo. Y con esto no afirmo que haya posesión, no tiene nada que ver, ese es otro tema. Hay personas que se convierten en creyentes, o cristianas, o a alguna religión y pasan a ser alguien peor en vez de ser alguien mejor. El rasgo demoníaco se hace más evidente en estas personas. Aquí les recuerdo que los demonios tienen fe, creen en Dios, no lo niegan, no son ateos, lo conocen, conocen su palabra, de hecho no hacen nada sin permiso de Dios. La fe de los demonios es egológica, no teológica y esa fe se fundamenta en el sí mismo. Estos creyentes por ejemplo, que son activistas acérrimos de las causas modernas como ir contra el aborto, contra el feminismo, contra la eutanasia, y no hablo de comentar, de opinar, si no de abanderarse de estas causas, dedicándose exclusivamente a esto, esconden triunfalismo, añoran popularidad, creen estar viviendo al máximo su espiritualidad, y solo están siendo distraídos de su verdadero propósito en la vida. No estoy emitiendo una opinión frente a estos temas, ni expresando un desacuerdo, hago referencia a perfiles y personas que se dedican exclusivamente a estar en contra de esto para hacer ver que tienen algún conocimiento teológico, o verse frente a otros como los más buenos y santos. Satanás es ultra espiritual. Desprecia la materia porque es espíritu puro, sin nada de materia, y no por cualidad de pureza sino por naturaleza. El que es realmente espiritual vive con caridad, caridad que practica en el otro. Hay personas que hacen la lectio divina, meditan, hacen lectura de salmos, liturgia de horas, adoración, comunión, visita al santísimo, misa diaria, contemplación, letanías, rosario, alabanzas, pero son incapaces de amar, de practicar la caridad con el otro, de perdonar, de entregarse al otro, de perder. Ganar está sobrevalorado. Siempre se eligen a sí mismos, pero resulta que piensan que Dios les habla, que Dios les muestra, que Dios hace su voluntad (la de ellos no la de Dios) en su vida, eso es demoníaco. Aquí para que se entienda mejor, recomiendo leer el ensayo “Eficacia de la oración” de C.S. Lewis, son cinco páginas únicamente, no es sencillo de comprender, pero con una actitud abierta puede lograrse. Si oramos por algo, ¿cómo sabemos si de todas maneras hubiera ocurrido? Aún si fue un milagro, no podemos saber que fue consecuencia de nuestra oración, no se cuenta con pruebas empíricas de carácter científico. Una oración de petición es una plegaria, y puede ser rechazada o no. Se imaginan que Dios, o ese ser superior en el que creen, el universo, la vida como algunos prefieren decir, escucha las peticiones de criaturas inferiores e insensatas como somos los seres humanos ¿a dónde llegaríamos? Ahora bien, en el caso en que hayan dos partes pidiendo acerca de lo mismo, como por ejemplo el empleo de equis cargo en una compañía, ¿qué interviene para saber cuál oración aceptar? En el caso en que sucediera que sí, no se puede hablar de la oración como un suceso mágico, no es un consejo dado a Dios o una máquina con un funcionamiento automático. Mucho menos podemos pretender que una petición de nuestra parte sea suficiente para ser atendida sin confesión, sin penitencia y que Dios corra a satisfacer nuestros caprichos vanidosos con los que solo queremos ponernos en buen puesto. El diablo también concede deseos, él nos conoce perfectamente, solo nuestros pensamientos no conoce, conoce nuestras debilidades, nuestra concupiscencia y nos ofrece mucho, pero da poco y cobra caro. Quienes más reciben sus dádivas son aquellos que también tienen su pecado, la soberbia y el orgullo. Dios no necesita instrucciones y su bondad no necesita recomendaciones para hacer el bien. Dios no se mueve por lástima.

No es necesario empujar, se necesita visión, comprensión y consciencia, o nos fatigaremos. Siempre estamos insatisfechos, descontentos, empujando. La gente que más se aferra a sus creencias, no llegan a ser sabios, porque ni siquiera comprenden qué significa sabiduría. La sabiduría no es aplicarle a los problemas de hoy las soluciones fallidas del ayer. Lean las siguientes palabras de una persona que estaba absolutamente convencida de que luchaba contra el maligno: “A menudo tengo la impresión de que hay que pasar por todas las pruebas enviadas por satán, los demonios y el infierno antes de obtener finalmente la victoria definitiva, sin duda no soy lo que se llama un beato, es más, seguramente no lo soy, pero en el fondo de mí mismo soy un hombre religioso, es decir, creo que cualquiera que combata valientemente en esta tierra conforme a las leyes naturales que fueron creadas por un Dios, aquel que nunca capitule sino que se reponga sin cesar, y siga siempre hacia adelante, ese creo no será abandonado por estas leyes, sino que finalmente obtendrá la bendición de la providencia y así es como ha ocurrido con los grandes espíritus.” Suena bien ¿cierto? Lo dijo Hitler. Sí, leyó bien, Hitler. Y es que todo el que está en beligerancia cree que Dios está de su lado. ¿A quién termina escuchando Dios en oración? Se podría hablar por horas de esto, el poder de la oración, (cada lado pidiéndole a Dios le conceda su deseo), el poder del destino (si pasó fue por algo, esa era la voluntad de Dios, yo se lo dejé a Dios y me habló, me mostró), o el poder de la fe (se puede tener una fe infalible y caer en el peor de los pecados ¿saben cuál es? Pues el pecado por antonomasia de satanás, la soberbia).

Las palabras más fuertes que dijo Jesús no fueron hacia los paganos, los gentiles, sino para el pueblo de Israel, quien era el portador de la fe. No ataca al infiel, si no al doctor de la ley, jamás denuncia al ateísmo, sino la fe farisaica, la más pura, la más exacta que los publicanos, y saduceos. 

En las tentaciones del desierto sobresale la astucia demoníaca, el diablo no es de la iglesia, (ni de ninguna religión, si hay algo común en todas las religiones es que creen en él) pero nada le impide estar en ella. Tenemos la impresión de que la carne es mala, el mundo, la sexualidad, y esto proviene de la herejía de los cátaros, investíguenla. Esto hace parte de la astucia demoníaca. También existe el saber demoníaco, él diablo conoce a la perfección las escrituras, hay enfrentamiento teológico del más alto nivel. Esa astucia demoníaca hace que toda arma, inclusive la Biblia, salvo Dios mismo, puede ser utilizada en contra nuestra. Satán utiliza la palabra de Dios para corromper a quien es, la palabra misma. Al diablo le encanta que nos quedemos con la escritura, la biblia, pero sin Dios. Esto nos incita a nuestro orgullo, que a partir de nuestra inteligencia, (dada por Dios) la usemos para cerrarnos a Dios, poniéndolo en la mitad de todo, sin siquiera conocerlo, y mucho menos seguirlo, y amarlo. El enemigo nos aparta de Dios mismo, a partir de nuestros propios recursos. Nos volvemos amantes de la palabrería, pero huimos de la palabra encarnada. De nada me sirve conocer la escritura, si no reconozco a quien me está hablando ahí. Incluso, hablar hebreo, arameo, latín, griego, si no reconozco que no se trata de algo, si no de alguien que me invita a recoger las letras para encontrarme con él. El enemigo hace que la escritura no sea un lugar de encuentro, si no de desencuentro. En este nivel conocer la palabra no es sabiduría, porque esta conduce a la bondad y no hacia la maldad. Lo escrito está llamado a vivenciarse. La escritura no tiene versículos satánicos, pero sí un uso satánico de los versículos. Y esta astucia demoníaca la vemos muy evidenciada por santos modernos de redes sociales, activistas, personas que creen conocer mucho de la escritura pero que la utilizan igual que satanás. Cuánto daño hacen las frases publicadas en redes sociales sin un contexto, o con este, pero con el objetivo de agredir al prójimo que debería ser nuestro objetivo primordial en cuanto a caridad y amor. 

Es de santos cambiar el destino, y esto me demoraría mucho en explicarlo, no hablo de santos de bustos, hablo de las personas conscientes, que viven en el presente, que no son adictas a la peor droga de la que se puede ser adicto, la aprobación, el éxito, los aplausos. Si usted quiere saber qué clase de hijo está formando observe si gira alrededor de usted como madre o padre. El niño sano gira alrededor de las cosas, no de las personas. Cuando un niño se siente seguro se olvida de su madre, se dedica a explorar el mundo. Se le da por todo, es curioso. Cuando el niño no se despega de alguno de sus padres (o de ambos) es inseguro, y crece inseguro. De alguna manera se ha sentido abandonado por su madre (este es el mayor miedo que tiene un ser humano) el abandono paterno afecta a algunos, no a todos. El abandono materno los afecta a todos los que lo sufren y no se da únicamente con un abandono físico, también puede ser emocional. El hijo criado así siente temor de perder el control, temor al fracaso, a equivocarse, a que lo critiquen, es un esclavo, no es libre, puede ser libertino, pero no libre.

Hay personas que antes de enamorarse, no digo amar, porque nunca amamos, se preguntan: ¿obtendré de ellos lo que quiero, o no obtendré lo que quiero? ¿Apoyarán esa droga que necesito desde niño? Cuando realmente se disfruta se necesita muy poco.

La información, no es visión; y el análisis no es consciencia. Cuando usted es joven le dicen que el cigarrillo le puede dar cáncer (tiene la información más no la visión de todo lo que conlleva el cáncer), pero cuando está viejo el médico le dice: “tiene dos manchas en los pulmones, tiene cáncer”, usted deja de fumar, ya tarde, (ahí tiene la consciencia, aunque siendo joven había realizado un respectivo análisis). Primero sabía que lo mataría, ya viejo tuvo la consciencia que lo mataría. Y ahí sí lo dejó. Libertad no es libertinaje, perder la vida no es libertinaje, es vivir conscientemente. La vida es para los que se arriesgan, pero no estoy diciendo esa frase: “arriésgate o si no nunca sabrás si podías” con la que suelen los hombres retar a las mujeres para que se lancen a una relación vacía y sin compromiso. Nadie averigua si el río es hondo con los dos pies. Arriesgarse es válido, cuando decida hacerlo, visite un cementerio.

Solo en este punto sabrán la diferencia entre información y consciencia. Como cuando escuchan algo y piensan: ojalá esto lo escuchara fulano, o lo leyera fulano. No, es para usted porque usted es quien está leyéndolo. “Dios me dijo”, dicen muchos. ¿Te lo dijo en medio de un éxtasis en oración? ¿Orando en el espíritu? ¿Te lo reveló en sueño profético? ¿A través de su palabra? ¿A través de alguien que vive una vida de santidad? ¿De rodillas ante el santísimo? Si no fue en ninguna de las ocasiones anteriores no te engañes, no fue Dios. Alrededor de nosotros escuchamos muchas voces. Al que no tiene el Espíritu Santo, cualquier demonio le susurra voces. Dios en la gran parte de nuestra vida permanece en silencio, reitero no de palabras porque con palabras nos habla siempre a través de la Biblia, El permanece en silencio porque es perfecto y al serlo no hay ego en él. Es todo amor. Si usted quiere amar debe aprender a ver de nuevo, debe renunciar a su droga, ¿recuerdan cuál droga? En este momento que renuncia a la droga usted será libre, sin ser libertino, pero le tengo una mala noticia, estará completamente solo. Porque a la gente le fascina que la necesitemos, que la alabemos, no porque sean malas, simplemente usted dejó la droga pero ellos no. En ese momento después de todo este proceso que puede durar minutos o años, o nunca llegar en alguien (a pesar de que tenga la información) cuando todo esto suceda, es cuando usted tendrá capacidad para amar y estará preparado. Porque será una decisión completamente libre, sin miedos, sin ataduras, sin esperar ser amado, sin expectativas, ni exigencias.

La única necesidad del ser humano es amar, no ser amados. Solo quien ha intentado conoce los terrores del proceso, es como invitarse así mismo a morir, eso sí que es arriesgarse, no conducir borracho, cuando usted hace eso usted está crudo. El proceso es el mismo que el de un drogadicto. En la abstinencia siente vacío, soledad, tristeza, y termina cayendo porque la única felicidad que ha conocido se la brinda la droga. Así pasa cuando aún somos adictos a la aprobación, al éxito, a la alabanza, a la razón, cuando no tenemos consciencia, cuando vivimos sin miedo a morir, y cuidado con esto. Todo lleva su contexto, no saquen de contexto ninguna frase porque resultaría peligrosa. ¿Puede usted imaginarse una vida sin añorar una palabra de cariño, sin tener un hombro donde apoyarse, viviendo como el hombre que despierta todos sus sentidos y no el que la sociedad dice que es el adecuado? ¿Una vida en la que se niegue a sentirse especial para alguien, o sentir que alguien le pertenece? Solo, completamente solo, pero amando, viviendo, feliz, libre.

Las aves del cielo tienen sus nidos, los zorros sus madrigueras, pero usted no tiene donde apoyar su cabeza y aun así esto no lo hace sufrir si no que lo hace feliz. Sin egoísmos, sin reclamos, libre. La única forma de conseguir esto, es tener consciencia perseverante, una paciencia y un amor infinito como el que tendría hacia un familiar drogadicto. Lo ayudaría teniendo gusto por las cosas que lo hacen feliz. La compañía de esa persona que usted ama, así no lo ame ni igual, ni de la misma forma, es más de pronto sencillamente que no lo ama, pero que usted igual ama. Usted disfruta su compañía, su intimidad, haciendo actividades anónimas que lo hagan feliz y que no necesiten reconocimiento. Mire todo lo que lo rodea, escuche en silencio los sonidos a su alrededor, no todos, uno por uno mire las montañas, respire y sea consciente cuando respira profundo o superficialmente. Vacíese por dentro, y llénese de vida, de amor. Camine descalzo en la tierra, coma frutas tomadas de un árbol no de la nevera, sea consciente. Sin mirarse, ¿sabe de qué color es la ropa interior que trae puesta? Probablemente no, ¿comprueba cuánta consciencia le falta? Si está comiendo solo coma, si está conduciendo solo conduzca, pero vivimos en el pasado, en el futuro, menos en el presente. Y frases de estas sí que se encuentran en redes sociales, hablan de pasado, de futuro, de presente, y usted las repite pero no las entiende, ni las vivencia porque siempre quiere que otro las viva y las entienda. Cuando está arriesgándose según lo que usted llama arriesgarse, que es por ejemplo, ser irresponsable, ser infiel, aventurarse con cualquiera, entonces quien decide no actuar como usted, usted le dice: “vive el presente”, no pienses en el futuro, a la vez que se la pasa quejándose de su pasado, y a la vez que decide por sus miedos renunciar al futuro porque le teme, ¡Cuánta incoherencia! Cuando todo esto suceda, cuando realmente viva consciente, amando, viviendo en el presente, arriesgándose como se explicó arriba que significaba arriesgarse, entonces sabrá qué es el amor, la realidad, la verdad y Dios. Y será feliz, sin nadie. De esto se trata Jesucristo, Dios, su ser superior, pero le dimos trascendencia a ese “señor, señor”, pero ¿luego qué viene? No todo el que dice señor, señor, entrará en el reino de los cielos, apártense de mí partida de víboras y malhechores. ¿Cuál es el reino de los cielos? De aquí podríamos escribir cientos de hojas. El amor, la felicidad, la paz, no es algo que uno tiene, el amor lo tiene a uno, la felicidad lo tiene a uno. Esta frase es tan peligrosa como cualquier otra que usted lea suelta en este escrito, podría utilizarse para ofender si el que la lee no la comprende, si el que la dice o escribe no la explica. La alabanza a Dios es buena, pero también deberíamos  dedicar tiempo a autoconocernos. A los jóvenes no les interesan más sermones, sino la practicidad ¿cómo puedo ser feliz?

Mientras usted considere que el sentimiento (cualquier sentimiento, amor, odio, rencor, celos, egoísmo) está fuera de usted cree justificado sentirlo. Pero observe su resentimiento, está en usted, pero su yo no es ese resentimiento, si el resentimiento termina usted no deja de existir, su yo sigue ahí. Su sentimiento está en el mí. Mírese desde fuera. Desidentifíquese. El mi siente resentimiento porque fulano me dijo o hizo esto o aquello, pero yo no siento ese resentimiento entonces, se libera.

Creemos amar a nuestros hijos pero queremos siempre moldearlos, para que no sufran. Y resulta que el niño que no es libre, es violento. Y detrás de la violencia lo que hay es miedo. Llegamos a la raíz de todo mal, el miedo. El miedo a perder algo, autoridad, credibilidad, amor, respeto, belleza, aprobación, fama. Durante años oré por mi familia completa, por amigos, por conocidos, hasta por enemigos por su conversión al catolicismo, nacieron católicos sí, se aislaron como muchos, o simplemente iban cada domingo a misa sin entender nada, ni practicar nada, y  llegué a estar durante un año arrodillándome para que se convirtieran y no faltó ninguno. Mi mamá fue la última, la que más tardó en hacerlo, ya saben “nadie es profeta en su tierra”, otra frase peligrosa. Y al pasar los años después de esto en los que todos continúan en el camino de la conversión cristiana, han ido creciendo, algunos pasaron del ego mundano al ego espiritual (que da más asco, hace más daño)  hay una pregunta que me ronda y me asusta, ¿habré corrompido a mi familia orando para que se convirtiera al catolicismo? De esto hablaba cuando escribía que los santos cambian el destino, y con la eficacia de la oración, todo un tratado acerca de la oración podríamos escribir de esto pero no me detendré. ¿El poder del destino, de la oración, o de la fe? Y cuando me hago esa pregunta sé bien lo que digo, nacieron ahí, fueron bautizados, hicieron todos los sacramentos pero realmente no estaban ahí, pero “conseguí que estuvieran” a través de la oración. Todo un tema.

Cuando alguien se siente seguro de que usted lo ama, no es violento con usted, el miedo se fue, no hay envidia, no hay competencia, todo lo perdona, seguro recordaron corintios 13, pero la palabra griega del texto original es caridad, lean esos versículos con la palabra caridad en vez de amor, en la versión de la Biblia de Jerusalén está como es. Estos versículos son muy usados en redes sociales como indirectas, para hacerle ver al otro, que perdone, que deje pasar, que no juzgue, pero jamás nos miramos nosotros mismos. Hasta la palabra de Dios es usada como espada de doble filo con la astucia demoníaca.

Yo quiero ser feliz quiero ser santa, quiero amar, quiero estar en paz, quiero ser humana, cuando no hay miedo en nosotros podremos en ocasiones ser duros, pero no violentos. Intente tratar a los demás como trataría a un discapacitado de su familia, y le duele verlo, así trate a los demás como trataría a un hijo con algún problema mental, trate a los demás así, y entonces será sabio, sabiduría es acción pero si se intenta meter en acción con violencia de palabras o hechos, solo será movimiento no sabiduría. La religión que vuelve buena a la gente la vuelve mala. La raíz del miedo está dentro de uno, no del otro, cambie usted y comprenderá a los demás. Hágalo hasta por egoísmo si prefiere, por crecimiento, por competencia. Saldrá ganando igual. Muchos ganan aplausos pero pierden la vida.

Y esto es todo un programa de vida, que no pretendo haber alcanzado yo, me falta mucho por crecer. Muchas veces ninguna de las dos partes son buenos, ninguna de las dos partes son malas, simplemente necesitan comprenderse, amarse, sentir y practicar la caridad con el otro que por supuesto también siente miedo. Lo que se comprende no se juzga. 

 



Etiquetas:   Religión   ·   Amor   ·   Espiritualidad   ·   Dioses

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