La escuela del PRI

Durante el tiempo que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó México, desarrolló todo un aparato corporativo y clientelar a través de sindicatos, confederaciones e instituciones creadas exprofeso para adoctrinar, manipular y, particularmente, para legitimar toda clase de tropelías. Pero todo ese entramado que pomposamente bautizaron como “bases del partido”, no fue lo único en lo que el PRI dejó su sello.

 

. Pero todo ese entramado que pomposamente bautizaron como “bases del partido”, no fue lo único en lo que el PRI dejó su sello.
La herencia priista incluye las formas en que la clase política se ha desenvuelto durante años. Muestra de ello, son los partidos políticos de oposición que nacieron y han crecido dentro del entorno que propio PRI generó para conveniencia de sus intereses.

Dentro de prácticamente todas las agrupaciones políticas que hoy existen en el país, se encuentran ex priistas que, ya sea por estrategia de infiltración, por sentirse excluidos de candidaturas o por afán protagónico, se incrustaron de manera poco discreta en los partidos que, en teoría, representan el contrapeso del tricolor.

Ya sea en el PAN, el PRD o MORENA (solo por mencionar a los más “grandes”), el priismo se hace patente a través de figuras relevantes cuya influencia es determinante para el actuar de dichos partidos. Fue así como cuando el PAN consiguió alcanzar la presidencia, y sobre todo durante el sexenio de Felipe Calderón, que personajes como Javier Lozano y Javier Moreno Valle, ambos con pasado priista, lograron adquirir poder dentro del partido blanquiazul e influir para que el quehacer político panista se acercara más a las formas del PRI. En el caso del PRD y MORENA, los ejemplos son más claros, pues los dos partidos fueron formados por ex priistas.

El diseño del Revolucionario Institucional fue creado para que en su interior quepan todas las corrientes ideológicas (izquierda y derecha con sus derivaciones), esto con la intención de aglutinar a todos los sectores para parecer un ente democrático. Sin embargo, el adoctrinamiento “institucional” siempre ha sido encaminado a buscar el bien del partido a través de la ordenanza de alinearse en pro de una meta sin que se permita negativa o protesta.

Es por todo lo anterior que durante los doce años en que gobernó el PAN y en el inicio del gobierno actual que encabeza Andrés Manuel López Obrador, pareciera que solo los membretes cambiaron, pero muchas de las formas de gobernar (poca transparencia, demagogia, compadrazgo, corrupción, etc.) siguen siendo las del PRI posrevolucionario y neoliberal.

La política mexicana requiere de un verdadero cambio generacional alejado de la influencia del contaminado ecosistema priista, que tan arraigado está dentro de la clase política actual. Mientras el priismo siga patente en la atmosfera partidista, México seguirá padeciendo de un régimen descompuesto y antidemocrático.

UNETE



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