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Cómo salvar una vida y no morir en el intento.


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27/01/2019


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Nos creamos de la nada. Durante nueve meses, nos resguardados dentro de otro ser humano. Y nacemos. Nacemos llorando, llorando por querer respirar y por querer empezar. Ansiosos y nerviosos, cogiendo aire con los ojos cerrados, nos posan sobre los brazos de nuestra madre. Y es cuando nos abrimos los ojos, y empezamos a respirar... Y a vivir.


No nos acordamos. No nos acordamos de nuestro primer paso, nuestra primera palabra, nuestros primeros dientes. No nos acordamos de como evolucionamos como humanos, de como nos formamos. Y empezamos a recordar cuando somos niños. Nuestros peluches, nuestra primera mascota, navidades... Y pensamos que todo es rosa, que nada puede salir mal, porque siempre sonreímos y no creemos en la maldad. Siempre pensando que todos eran igual. 

No conocíamos la palabra "obstáculos", ni los conocíamos a ellos. Hasta que se ponen en nuestro camino, y es cuando dejas todo para enfrentarte a ellos. Y puedes tardar días, meses o años... Depende de la gravedad del problema. 

En mi caso el problema fue grave... Porque el problema eligió mi vida como diversión. Recuerdo estar llena de cables, tubos y vías. Todos entrando y saliendo de la habitación, observándome, analizándome y sonriéndome. Siempre sonriéndome.

Y tenía miedo. 

Miedo de todas esas sonrisas, miradas de compasión que intenta ser ocultadas diciendo que todo va bien. No va bien. No estoy bien, si no, no estaría en aquella cama.

¿Cómo olvidar las luces fluorescentes? ¿El frío que sentías dentro de tu piel cuando te introducían un líquido por la vía? ¿La máscara de oxígeno dónde te anestesiaban? ¿La fina y fría lámina de hierro del bisturí cortando tu piel?

¿Cómo olvidar que estuviste expuesta durante horas? Simplemente, ¿cómo olvidar? Lo guardas. Guardas el miedo, lo haces tuyo. Y lo escondes detrás de una pequeña sonrisa. 

Creces. Y piensas que nada podrá pasarte, porque ya te ha pasado demasiado. 

No, no. Los obstáculos vuelven a interponerse, y no te dejan avanzar. Es cuando todo vuelve a cambiar. Y cambia para siempre. Te adentras en nueva zona, con nuevas oportunidades, con alegría aunque te cueste tenerla. Pero la pierdes. La pierdes tan pronto como la generas. Aunque sigues con una sonrisa aún mayor que la anterior. Todo va bien. 

Todo va bien.

Todo va bien cuando lloras por las críticas, cuando tu ser se distorsiona frente al espejo y se pierde. No pierdes tu esencia, no pierdes tu personalidad. Solo te pierdes. 

El ser humano lo hace y no encuentra siempre el camino correcto para volver. Te hundes más en ese húmedo pozo, sin querer salir, aunque sabes que puedes. Solo quieres desaparecer. Y de tanto querer desparecer, de tanto hundirte, te acabas ahogando. Y no solo te haces daño a ti, también a los demás. No paras, te conviertes en algo que nadie quiere ser. Y te sigues ahogando más. Quieres salir a la superficie, respirar. Y cuando no puedes más, lo haces. Y vuelves a nacer. Vuelves a llorar, a cerrar los ojos y a coger aire. A formar parte de éste mundo. Y da igual cuanto tardes en respirar con normalidad, porqué todo ha acabado. Las noches en vela, las sonrisas falsas, el "me da igual" cuando en realidad no es así.

Estás rota. 

Con miedo y con rabia. 

Rota. 

Y volver a unir las piezas puede llegar a ser complicado, no todo vuelve a ser como antes. 

Tardas años en volver a recomponerte, a ser la persona que siempre has querido ser. Pero cuando todos tus trozos vuelven a estar pegados, te das cuenta de que eres completamente diferente a quién siempre habías imaginado. Puede que el mundo te haya hecho así, o puede que por fin te hayas definido y hayas roto los ideales que querías poseer.

Es cuando te levantas de la cama todos los días y haces lo que te gusta y te hace feliz. Es cuando afrontas los problemas, no los guardas ni los haces tuyos. Cuando la presión desaparece y cuando todo lo aceptas. Aceptas que es tu vida, que tu pasado es imposible de borrar, porque forma parte de tu historia. 

Y tu historia, eres tú. 

Cuando sonríes de verdad, y lloras cuando quieres. Cuando dejas de ser un robot, de complacer a la gente y empiezas a ser humana. A sentir, a mostrarte y a rebelarte. Cuando sabes a dónde te quieres dirigir, con quién te quieres enamorar y con quién quieres trabar lazos de amistad. 

Con quién quieres crear enemistad. 

Cuando encuentras tu forma de ver el mundo y de defenderlo. No hace falta dar explicaciones, porque tú eres así. Has nacido así, y tienes que aprender a ser feliz así. Al final, todos vamos a terminar de la misma forma. 

Tú eres tu enemigo, tu amigo, tu cuerpo es tu templo y no lo puedes cambiar. Vive la vida como quieras y sé feliz hasta que llegue tu hora. 

Limpia tu armadura, afila tu espada y cura tus heridas. Vuelve a la batalla y disfrútala. Lucha, vive y experimenta. Así es como podrás salvar tu vida.

Así es como podrás salvar una vida.



Etiquetas:   Psicología   ·   Reflexión   ·   Salud Mental   ·   Amor   ·   Sociedad   ·   Vida   ·   Confianza

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