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Nicolás Maduro, prepara las maletas y no vuelvas a pisar Venezuela. Bienvenido, Juan Guaidó.


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27/01/2019


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Lo que está pasando en estos días en Venezuela es claro producto de un gobierno desastroso, irracional, inculto y profundamente odioso. El pueblo venezolano ya no aguantaba más las majaderas de un Presidente cegado por su incultura y locura, recurriendo, como última medida, al derrocamiento -por la fuerza bruta- del que dentro de muy poco será expresidente de Venezuela. 


A Maduro le quedan dos telediarios y será, en efecto, en ese tercer telediario cuando nuestros hermanos de Latinoamérica descubran a qué sabe una democracia liberal -desconocida hasta entonces por ellos-, el progreso y, lo que es motor rector de todo lo anterior, la libertad. A Venezuela le queda poco para descubrir qué significa verdaderamente tener "un gobierno de izquierdas" y no un gobierno fascista, retrógrado y anti-libertario como el que encarna maduro. Nicolas de Condorcet, preconizando lo que se avecinaba y bajo el contexto de la Ilustración, fue el primero en descubrir que, tras el derrocamiento de la Providencia Divina, se acercaba la "religión política". Ante la falta de un Dios en qué sustentar el dominio del poder y la soberanía, los mayores tiranos de la historia (Mussolini, Hitler y todos los dirigentes comunistas -Stalin, Lenin...-) intentaron implantar la "religión civil". Un proyecto -muy ambicioso, por cierto- que tuvo su origen el "Terror jacobino" durante la época de la Revolución Francesa y que se expresó en toda su forma tras la Primera Guerra Mundial. Los "curas civiles", a diferencia de los sacerdotes religiosos tradicionales, querían no solo controlar al individuo sino que orientar y controlar absolutamente todo: nuestra conciencia, nuestra forma de actuar, nuestro amor a la patria, nuestra forma de expresarnos, de vestir...,en fin, deseaban alcanzar una plenitud de poder que arriesgaba la convivencia humana y su propia libertad en mucha mayor medida que la propia religión tradicional antecesora. La nueva religión política se confundía con la propia existencia terrenal de los hombres. En resumen, con la Revolución Francesa se intentó -con el nihilismo imperando- la sacralización de la propia patria, es decir, la atribución del amor que en antaño se obligaba a donar a Dios por parte de todos, ahora, esas alabanzas, eran obligadas a ser destinadas a la patria y a su dirigente. En este sentido, Nicolás Maduro es el contemporáneo vestigio de uno de los mayores quistes de la Historia: el comunismo. Su odio a la propiedad privada, su afán de "cura civil" y su constante manipulación y despotismo son los factores explicativos de la grave crisis que sobrelleva Venezuela. El comunismo, como todos sabemos, implica para su sustento el populismo "barato" y, por consiguiente, la "dictadura de la facilidad y simplicidad" ante cuestiones profundamente complicadas y frágiles. Como dijo nuestro Presidente Sánchez -por el que siento una gran admiración- Maduro no representa a la izquierda; Maduro no comparte los valores que la socialdemocracia implica y, mucho menos, tiene la potestad y la legitimidad de dar lecciones de democracia y ética a España. Debo confesarlo, cada vez que esta persona se refiere agresivamente a España, me dan arcadas.



Lo que más me preocupa de este asunto venezolano, no es que Guaidó se haya proclamado presidente interino (al que le deseo mucha suerte, por cierto), ni que detrás de esa proclamación ande pululando el claro imperialismo estadounidense; ni mucho menos, que de entre los sólidos bastiones que sustentan la autoproclamación de Guaidó en Venezuela, se encuentre un hombre que responde al temible nombre de "Bolsonaro". No, eso no me preocupa, la verdad. Me preocupa más la alienación -comedura de coco- y las bestialidades que han pronunciado muchas personas (a las que, hasta entonces, catalogaba de "entendidas" e informadas) para legitimar durante un segundo más el ilegítimo y estafador régimen dictatorial de Maduro. Eso sí que me preocupe mucho más. 



A continuación trataré de "iluminar" a esas personas alienadas por el espíritu del comunismo y populismo rancio que tanto daño nos ha hecho a lo largo de la Historia. En primer lugar, he de decirles que sean coherentes con la realidad y que dejen de sostener a Maduro simplemente porque representa los ideales comunistas que han demostrado ser contrarios al progreso, a la libertad individual y, sobre todo, al bienestar. En segundo lugar, he de pedirles a mis amigos "los alienados" que se den cuenta, de una vez por todas, que Maduro no es Chávez. ¡Qué Hugo Chávez ha MUERTO! ¡Acuérdense! Y, en tercer lugar, les pido que sean racionales -que sean autónomos y que piensen por sí mismos-. Les pido, nada más, que se hagan eco de la realidad y que, en efecto, Venezuela se respete, "¡cojones!".



De Unidos Podemos hace tiempo que ya no espero nada [bueno] aunque lo que sí que no les voy a permitir es que engañen a diestra y siniestra. La calificación de lo que ocurrió hace unos días en Venezuela de "Golpe de Estado" es una de las mayores aberraciones políticas que he escuchado. Es una aberración, en primer lugar, porque Juan Guaidó no es un "don nadie", es, ni más ni menos, que el presidente de la legítima Asamblea Nacional de Venezuela. Es una aberración, en segundo lugar, porque su autoproclamción como Presidente (E) de Venezuela responde a la aplicación de los artículos 233/333 de la Constitución de Venezuela de 1999. Lejos de ser un simple "conductor de autobuses", este joven ingeniero se escuda, al igual que muchos países de todo el Globo han hecho, en la calificación de elecciones "fraudulentas" e ilegítimas las sucedidas el año pasado en el país. La oposición no se presentó a las elecciones y Maduro obtuvo un porcentaje mínimo de apoyos. Es más, se estima que el apoyo a Maduro en Venezuela es de solamente el 15% de la población. Por tanto, Maduro no ganó las elecciones de Venezuela por ser el "no va más" del país, sino porque no tuvo competencia. No es un golpe de Estado, es una reacción contra el vacío de poder generado por la falta de un Presidente legítimo. Sois unos farsantes y sinvergüenzas, Unidos Podemos. 



La solución pacífica de Venezuela pasa por la convocación de elecciones LIBRES, CONTROLADAS y con COMPETENCIA REAL. La compra de votos y su falsificación -como ocurrió en las pasadas elecciones- no son la solución. Y solo en la mano de Maduro está la clave. Los países más importantes de la Unión Europea le han dado un periodo de ocho días para que recapacite y convoque elecciones; si no lo hace, Juan Guaidó, representante de la democracia en Venezuela, será auspiciado por la UE. Así de claro, Maduro. El Gobierno de Transición, liderado por Juan Guaidó, en estos momentos, parece la opción más rápida y razonable para restaurar -si es que en algún momento existió- la democracia liberal en Venezuela. Pues parece que Maduro ni madurará políticamente ni recapacitará. En fin, cuando el sublevado obtiene un gran apoyo es claro síntoma de que no estamos, en efecto, ante un Golpe de Estado sino ante un Golpe de Realidad y de democracia.



Para finalizar, como sé que los cuñados bolcheviques, solo se creen la realidad si se les ofertan cifras, ahí van. Solamente en el año 2018, con el compatriota Maduro a la cabeza, el PIB venezolano cayó un 18%. En ese mismo año -casualmente- la inflación subió, ni más ni menos, 10'000.000% (sí, cuenten los ceros, por favor, son seis ceros). La producción de petróleo (su mayor fuente de ingresos) cayó a 1,1 millones de barriles diarios; las importaciones descendieron a 9200 millones de dólares. Asimismo, la pobreza aumentó en un 87% (es decir, el 87% de la población venezolana está sumida en una profunda pobreza). El desempleo, por su parte, como era de esperar, subió un 34,3%. Las cárceles se atestaron de presos políticos, cuya cifra ascendió a 288 presos por ejercer la libertad de expresión y política. Más de 3 millones de personas emigraron de Venezuela (convirtiéndose Madrid en la principal perceptora de exilados venezolanos). Los medios de comunicación también sufrieron la terrible y temible "purga madura", pues fueron suspendidos 66 medios de comunicación. El informe Doing Business situó a Venezuela como la sexta peor economía (situándola en una posición de 180 en un total de 185 países) para hacer negocios en el mundo. En el año 2017, al menos, el 77% de hospitales sufrían escasez de medicamentos (es decir, no podían atender a los enfermos -muriendo muchos de ellos- por no disponer de los medicamentos adecuados). Y una gran amalgama de datos y cifras desgarradoras que sitúan a Venezuela como uno de los países más atrasados y decadentes de todo el mundo. Pero eso sí, Maduro respeta a Venezuela, ¡cojones! Yo, personalmente, preferiría que no la respetase tanto...



Para finalizar, he de decir, que, quien tras leer esto, sea capaz de calificar de golpe de Estado lo que ocurrió en Venezuela y legitimar por un segundo más a Maduro en el poder, lo mejor es que cave un agujero en la tierra, se tire en él y se entierre. Porque realmente no merece vivir en este mundo. Así de claro.



Un saludo,



Hugo Pereira Chamorro. Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela. TWITTER: @Pereira_Hugo_













Etiquetas:   Política   ·   PSOE   ·   Nicolás Maduro   ·   Venezuela   ·   Política Exterior   ·   España   ·   Pedro Sánchez   ·   Juan Guaido

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