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VOX es el partido más racional y eficaz, y lo dice una persona de izquierdas.


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30/12/2018


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Odiamos la economía. No entendemos el porqué de que unos tengan tanto y otros tan poco. No entendemos por qué unos viven con todos los lujos habidos y por haber y para otros el mayor lujo es el simple hecho de vivir. Creemos que la economía es la causante de tanta desigualdad y que sin ella y su fiel secuaz, el capitalismo, viviríamos mucho mejor. Flaco error. Si nosotros no nos interesamos por la economía, la economía se interesará por nosotros. Todo cuanto pensamos y sucede en el mundo es fiel producto de un quehacer basado en una lógica económica. Todo se puede explicar bajo las leyes de la economía; incluso el auge, consolidación y expansión de Vox. 






A lo largo de este artículo me abstendré de mi posición normativa ante la política (olvidaré mi ideología) y trataré de relacionaros el porqué del éxito de Vox con la lógica de la elección racional. El paradigma de la elección racional, es conveniente que lo sepan, surgió en la década de los años 60 y 70 del pasado siglo y tenía como objetivo introducir una explicación meramente económica a los fenómenos políticos que ocurrían. Es decir, tratar de explicar todo lo que en política ocurría por medio de una lógica racionalista (basada en la relación beneficios-costes). El máximo exponente de esta escuela, Escuela de Rochester, era Anthony Downs y su debut fue la publicación de "An Economic Theory of Democracy", es decir, explicó, ni más ni menos, la democracia, por medio de teorías económicas. Claro ejemplo de que todo puede ser explicado por medio de las leyes económicas. La economía, queramos o no, lo mueve todo. Tenemos que tener devoción por el dinero (principal instrumento de intercambio que promueve y propulsa la existencia de la economía).



En este artículo me propuse como reto explicar la tendencia creciente de Vox por medio de la teoría de la elección racional, obviando mi ideología y la dictadura de lo políticamente correcto. Así, pues, aviso desde un principio, no me hago responsable de todo lo que escriba en esta publicación; sé que va a ser muy polémica tanto en mi ámbito académico como en mi ámbito público pero se debe comprender que todo lo que escribiré será basado en posturas meramente positivas y, en absoluto normativas. Seguramente que todo lo que escriba a continuación ni yo mismo lo compartiré pues, al igual que el resto de los mortales, estoy sometido a la dictadura de lo políticamente correcto y todo lo que difiera de esa línea de comprensión y retórica (muy promovida por la izquierda, todo sea dicho) es calificado, erróneamente o positivamente (según cada cual), de desviación. Para muchos seré un desviado y para otros un acertado. Comencemos la aventura. He de decir que no tengo nada pactado con mi mente, no preparé la escritura del artículo, así que todo lo que relacione a continuación será el proseguir de mis pensamientos. A ver hasta dónde llegan.



Si hablamos de Vox tenemos que hablar de su postura ante la inmigración y la crisis migratoria (que en términos definitorios no es lo mismo). En una última intervención de Santiago Abascal he escuchado unas palabras que se han quedado retenidas en mi consciente: "la economía no es ilimitada y la solidaridad tampoco debe serlo". Bajo las leyes económicas y la teoría de la elección racional está complemente en lo cierto. El dinero no es un bien libre (no podemos poseerlo cuando queramos y en las cantidades que queramos -quien nos diera...-) y lo cierto es que la solidaridad mantiene una relación íntimamente directa con la economía. La solidaridad, queramos o no, debe ser pagada y comprada, es un bien más. Y, es más, si yo te compro -y te regalo- solidaridad, yo me quedaré con menos auto-solidaridad y dinero. El permitir que en nuestro país entren una cantidad, sea grande o pequeña, de personas (para unos refugiados -si entendemos que emprenden esa costosa y, en muchos casos, desafortunada viaje en patera para huir de unas condiciones de vida horrorosas- y para otros inmigrantes) ocasiona que nuestro país se queda sin parte de ese bien, tan preciado, que es la solidaridad. Lo cierto es que podemos gastar más o menos solidaridad y la podremos gastar con más o menos deseo, pero debemos considerar, asimismo, que el simple hecho de comprar 100 mantas para tapar a las personas que llegan a nuestras fronteras ya es un gasto de ella. Posteriormente, el futuro de esas personas también será un gasto a mayores de solidaridad, sea por su residencia en centros CIE o en lugares de acogida. Desde que entran hasta que salen de nuestro país, es un gasto en solidaridad y, lo que está claro, es que parte de esa solidaridad que se les proporciona, otros no se la quedan. Es lo malo de vivir en un sistema capitalista, pues los bienes son privados y se rigen bajo la característica de la exclusividad (si tú tienes un bien, yo no lo puedo tener y, mucho menos, usar al mismo tiempo que lo usas tú). Está claro que si nuestros vecinos de color entran bajo la categoría de refugiados, llegará un momento en el que, para subsistir, tengan que ponerse a producir (seguramente en condiciones muy inferiores a las de cualquier español). Pero lo que claro también está, es que la solidaridad que en su inicio hemos gastado con ellos será irrecuperable. Pues en un análisis racional (económico), cualquier análisis a mayores de costes y beneficios debe partir de los nuevos costes y los nuevos beneficios que pretendamos analizar, es decir, los gastos que, valga la redundancia, ya hemos gastado se convertirán en costes irrecuperables. Siempre. Seguramente que llegados a este punto, ya os habréis percatado de que me "queréis matar" pues estamos muy poco acostumbrados a escuchar análisis positivos sin incluir ningún rasgo normativo. Sí, efectivamente, he comparado a una persona con una cosa. Pero, ¿verdad que funciona para explicar ciertos fenómenos? En nuestro análisis normativo podríamos incluir efectivamente eso, que las personas no son cosas y que, ante todo, hay que preservar su integridad. Ahora ustedes eligen qué análisis quieren seguir, el positivo o el normativo. Los de Vox siguen, obviamente, el positivo. Y desde un punto de vista racional es el más adecuado. A todo esto, aunque nos importa menos, hay que incluir el problema irremediable de seguridad que conlleva abrir nuestras fronteras (al igual que abrir nuestra casa al público), y la pérdida de identidad cultural de un país (que para los sociólogos es un aspecto importantísimo para que una sociedad puede catalogarse como tal y diferenciarse de otras sociedades; es decir, si no hay una cierta homogeneización social, no hay sociedad y si no hay sociedad, hay un problema evidente de organización). Aunque en estos dos últimos aspectos no vamos a profundizar pues, en parte, no responden a una lógica de costes y beneficios.



Si continuamos hablando de Vox, tenemos que hablar de su crítica constante a la Ley de Violencia de Género. En términos económicos esta ley cuesta dinero. Asimismo, su eficacia (es decir, el que alcance el objetivo -en este caso reducir el número de mujeres muertas y sufridoras por la violencia machista-) y eficiencia (es decir, con los recursos económicos disponibles, alcanzar el máximo beneficio -que haya 0 mujeres muertas a manos de un hombre-) parece que no es la más validada. En los últimos años, con esta ley vigente, no solo no se ha neutralizado la existencia de mujeres muertas a manos de su hombre, sino que la tendencia está al alza. ¿Es correcta esta ley a vistas racionales (económicas)? En absoluto: gastos -múltiples-, eficacia -nula, pues no se ha alcanzado el objetivo- y eficiencia -con un coeficiente que tiende a 0-. ¿Lo más racional?, derogarla, sin lugar a duda. Una vez más, a vista económica, los de Vox tienen razón. Ahora viene la reflexión normativa: ¿Son las mujeres "bienes" que se puedan explicar por medio de la economía? Ustedes elegirán. ¿Qué hay más muertes: de mujeres -a manos de un hombre- o de hombres -a manos de mujeres-? Los datos objetivos, asimismo, dicen que hay más muertes, en un periodo determinado, de mujeres a manos de un hombre que de hombres a manos de una mujer. Así, pues, ¿no será más recomendable prestar atención pormenorizada a un problema mayor que no circunscribir un problema a un conjunto de problemas -quizás de talante menor- (me refiero a la Ley Integral de Violencia que propone Vox)? Una vez más, ustedes eligen qué análisis prefieren seguir, el positivo (en donde Vox gana) o el normativo (promovido por la izquierda).



Seguramente, los dos temas tratados con anterioridad son los más polémicos de Vox y que, como veis, son perfectamente validados por medio de un análisis racionalista. Algo que nos hace pensar que, nos caigan bien o mal, los simpatizantes de Vox, siguen una lógica (es decir, no son locos desperdigados por España). Sin embargo, antes de concluir con este artículo, me gustaría hablar del tercer tema más polémico de Vox: la unidad de España y la derogación de las autonomías. Me preguntaréis, ¿pero también se puede explicar esto por medio de un análisis racionalista? ¡Por supuesto! No tengáis duda, todo se puede explicar por medio de la economía. En este caso, voy a proponeros que os imaginéis a España como una gran empresa (que es, junto a los consumidores, la actora principal de un sistema económico capitalista, como el nuestro). Seguramente ya sabréis que el principal objetivo de una empresa no es alcanzar un beneficio, sino que es alcanzar unos ingresos que le permitan hacer frente a los gastos. Es más, olvídense de esa idea de que los empresarios obtienen beneficios; los empresarios obtienen rentas mixtas (es decir, una "recompensa" por los factores aportados a la empresa). Es más, podemos afirmar que solo en tres casos muy concretos los empresarios obtienen beneficios: cuando llevan a cabo una gran innovación (y no tienen competencia) -como nos decía Schumpeter con sus ciclos económicos-, cuando funcionan bajo la lógica de un monopolio (pues, al no haber competencia, la soberanía de los consumidores (el poder elegir en qué empresa comprar) se perderá y la empresa monopolística podrá poner el precio que quiera (seguramente muy por encima a lo que le costó producir ese bien) y el último caso es por medio de la tan famosa "plusvalía" que ya había enunciado el sociólogo Karl Marx en su obra "El Capital". Sea como sea, si continuamos con esa relación de España con una empresa, debemos afirmar que el mayor objetivo de la "empresa España" es maximizar sus beneficios e ingresos y poder hacer frente, así, a sus gastos. En este sentido, ¿os imagináis una empresa con una autoridad descentralizada en donde hubiese cinco jefes -en un mismo rango- que mandasen a sus obreros de forma distinta y sin consensuar? Seguro que NO. Pues, bajo una análisis racionalista, la descentralización de la autoridad implica pérdida de la eficacia y la eficiencia. Por eso, bajo la concepción, reitero, económica, las autonomías y la descentralización de un país, es una aberración. Los autonomías no son otra cosa que la descentralización del poder Ejecutivo, es decir, de la autoridad central (y es más, no son delegaciones del poder ejecutivo central, sino que, continuando con esa metáfora, son la figura de los jefes que se contradicen y que quieren per sé alcanzar (cada uno) más y más poder. Por eso se llaman "autonomías" y no "delegaciones", pues el mayor objetivo de éstas [autonomías] es alcanzar un poder propio y soberano). Así mismo, podemos afirmar, que, obviamente, la descentralización y la pérdida de unidad -entendida por cohesión- son la clave para que una empresa se desmorone y vaya a pique. Así, pues, ¿Por qué no extrapolar este análisis empresarial a un país? Una vez más, la concepción centralista y unitaria de Vox, se valida con el paradigma de la elección racional. Ahora viene el análisis normativo: ¿Somos todos iguales, tenemos todos la misma forma de ser, el mismo proyecto a desarrollar o, incluso, la misma forma de comunicarnos? Seguramente que tu respuesta sea NO. Así, pues, también podemos considerar que esa tendencia nacional convergente de Vox, puede tener una lectura diferente y es: el querer imponer una misma forma de ser y el querer homogeneizar a una población que naturalmente es heterogénea. Y, ¿lo de imponer no tiene algo que ver con dictaduras? Ahora ustedes eligen el análisis que quieren seguir, el positivo o el normativo. 



Y por último, ¿puede explicar el análisis racionalista el deseo de mantener con todo lo tradicional: la monarquía, la tauromaquia, las prerrogativas de la Iglesia...? Como siempre digo, ¡por supuesto! Y la respuesta de cualquier empresario sería: si funciona, para qué gastar tiempo y dinero en cambiarlo. Porque, recordemos: todo lo tradicional, per sé, funciona (si no, no hubiera subsistido durante tanto tiempo como para volverse "tradicional", pues lo ineficiente y dañino, creedme, siempre acaba por desaparecer). Y, es más, los cambios, a veces, cuestan más que mantener lo antiguo. Por tanto, sería una locura, a vista empresarial, modificar unos factores de producción cuando están funcionando correctamente pues, al final, el cambio podría ser contraproducente y ocasionar pérdidas a la empresa. Una vez más, el racionalismo avala con creces la postura de Vox. El análisis normativo, en este caso, es a disposición de cada uno (si le gusta más la república o la monarquía; los toros o no toros...).



Como veis, todo lo anterior es muy políticamente incorrecto pero muy racional (es decir, responde fielmente a la lógica). Así, pues, terminaré diciendo que, bajo el paradigma de la elección racional, los simpatizantes y votantes de Vox son los que mejor piensan en la relación coste y beneficio; por tanto, son los que más eficientes y eficaces parecen a vistas económicas.



¡Ah!, por cierto, me voy a mojar. Yo soy muy utópico, me gusta más creer en un mundo a medida que aceptar que tengo que vivir en un mundo en el que no me gusta. No me gusta cómo está construido el mundo. No me gusta el mundo. No me gustan los muros. No me gusta la economía. No me gusta el dinero. Soy muy crítico. No me gusta nada. Ya sé que me contradigo pero os dije que iba a estar en contra de todo lo que escribí anteriormente. Soy una persona que no se deja llevar por el racionalismo (por el positivismo) y que está sometida a la dictadura de lo políticamente correcto. Reitero, prefiero recluirme en mi mundo y pensar en que algún día podremos construir mi mundo ideal que, a vista económica, es completamente ineficiente e ineficaz pero es, sin embargo, fiel al sentimiento y a la humanidad. Pero, ¿qué mas da? Así pensamos los que orgullosamente somos de izquierdas. Como yo.







Artículo escrito por Hugo Pereira Chamorro (estudiante de Ciencia Política en USC), se puede encontrar originalmente en su blog









Etiquetas:   Política   ·   PP   ·   PSOE   ·   Partidos Políticos   ·   España   ·   Podemos   ·   Vox

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