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Diálogos con Enrique Verástegui


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12/12/2018


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Hombre solitario, con 30 años de carrera y con más de 20 libros publicados, cuyo nombre, además, ha pasado a ser palabras mayores de la literatura peruana, tuvo la gentileza de regalarnos unos minutos de su tiempo para charlar un poco de todo bajo el sol indefinido de la sierra limeña.


 

Verástegui, a lo largo de su producción, ha demostrado una gran versatilidad, abordando casi todos los géneros en su obra, siendo la poesía su terreno más fértil (recordemos su bello primer libro “En los extramuros del mundo”). Sin embargo, en los últimos años podemos todavía notar ciertos visos de lucidez en sus recientes obras y conversaciones, pero la vida pesa, el cansancio agobia y el recuerdo puede ser peligroso.

 

Ricardo Miyashiro: ¿Qué está leyendo ahora, Enrique?

Enrique Verastegui: En este momento solo libros esotéricos, ya termine casi todos los que tengo y... siempre tratando de releer algunas cosas.

RM: ¿Cómo cuáles?

EV: “Historia universal de la infamia”.

RM: Gran libro, aún no he podido leerlo. Acabo de terminar “Abbadón el exterminador”.

EV: Dicen que es bueno. Es el único libro de Sábato que no he leído. ¿Qué otras cosas has leído ahora último?

RM: Un ensayo sobre música.

EV: ¿De quién?

RM: Manuel Valls, un musicólogo español.

EV: No lo conozco. ¿Qué más?

RM: Una versión terriblemente recortada de “Madame Bovary” y un libro aburrido y, a mi gusto, horrible de Camilo Cela. Ahora estoy con Graham Greene.

EV: Cela tiene una sola novela que me gusta: “La familia de Pascual Duarte”.

RM: Si la conozco, no me impactó mucho... Cambiando un poco el tema, ¿Cree que el “París era una meta” ya no influye tanto en los sueños de los jóvenes escritores como si lo hizo en la gente de su generación y en las anteriores?

EV: No lo sé. Creo que los jóvenes, algunos, todavía sueñan con Francia pero en realidad... ¿Con que sueñan? ¿Con EEUU?

RM: No lo sé, tampoco lo tengo muy claro.... ¿Cómo llega a Paris, usted?

EV: Por una beca norteamericana que te daba la oportunidad de escoger el lugar donde querías estudiar. Elegí Barcelona; luego, del 77 al 80, pasé a París. Vivía en una “chambre du bonne”, que era una especie de altillo compartido por obreros, empleados, estudiantes. En si, la vida de Paris es muy cara.

RM: Y ahí conoce a Severo Sarduy.

EV: Si, fuimos muy amigos. Todavía conservo una carta de Él.

RM: ¿Aún vive?

EV: No murió hace unos años. Fue expulsado de Francia por homosexual

RM: Una actitud que ningún sistema político, ideológico o artístico tolera plenamente, ¿no?

EV: No lo sé... (Medita largamente)

RM: Ahí está lo que paso con el surrealismo y César Moro.

EV: Si pues, lo botaron por homosexual también.... Sarduy fue discípulo del viejo Lezama. Lee su “Cobra”, te la recomiendo.

RM: ¿Vio “Fresa y Chocolate”?, la historia que cuentan es muy parecida. De repente, es la historia de Sarduy.

EV: No la he visto pero es posible.

RM: ¿Una relación siempre traumática la del escritor y la política?

EV: Si, pues. (Mira al vacío con desesperanza)

RM: ¿Qué le faltó a Vargas Llosa para ser presidente?

EV: Que este sea un pueblo más culto.

RM: ¿Tuvo oportunidad de hablar con Él en la campaña?

EV: No, hace muchos años que no lo veo. La última vez fue cuando lo visité en su casa de Barranco, hace tiempo. Y en el 92, cuando publiqué mi novela, Mario escribió un artículo en “El País” donde consideraba que mi novela era la mejor que se había publicado en América Latina en los 90.

RM: Un comentario muy halagador.

EV: Claro, Mario es una persona que no tiene medias tintas, lo que dice hay que tomarlo en cuenta.

RM: ¿Es la única novela que ha publicado?

EV: Si, hasta ahora. Pero ya terminé una nueva que espero sacar pronto y tengo un nuevo poemario que ya sale en estos días, además trabajo en un libro de cuentos. Cuando los publique ya habré cumplido como escritor.

RM: ¿Será el último libro?

EV: No, pero podré dedicarme a hacer otras cosas.

RM: ¿Se puede ser escritor a tiempo completo en el Perú?

EV: (Duda un poco) Si.

RM: Al hablar con usted lo noto algo disconforme, agotado. ¿Puede llegar a cansar el quehacer literario?

EV: No sé, hermano.

RM: Da la impresión que se cansó de escribir, de luchar, de denunciar.

EV: De repente pero ten en cuenta que ya son más de treinta años en esto, hasta sin muelas me estoy quedando y ayer, por estar pensando estupideces, me agarró un dolor de cabeza horrible.

RM: Aquí en Cañete ¿Usted trabaja?

EV: No, solamente me dedico a escribir y a leer.

RM: ¿No encuentra en Lima la tranquilidad necesaria?

EV: Exacto, aquí si hay tranquilidad para trabajar.... aunque te diré que yo en todas partes he escrito.

RM: ¿Qué relación tiene con el reconocimiento, la fama, los premios?

EV: Huyo de todo eso aunque para los estudiantes soy casi una leyenda.

RM: El Nobel.

EV: Me parece un buen premio.

RM: ¿Cómo explicar el absurdo de Mistral?

EV: De repente para su época.

RM: ¡Aunque sea Huidobro!

EV: ¿Si no?

RM: ¿En el Perú hay un premio realmente importante?

EV: No, no lo hay.

RM: Antonio Cisneros, ¿se lleva con él?

EV: Muy bueno, me gusta. Si me llevo con él, es mi amigo (sonríe), yo soy buena gente, no lo que dicen.

RM: Usted tiene fama de ser una persona un poco difícil.

EV: No, es mentira.

RM: Retomando el tema. ¿Con qué libro de Cisneros se queda?

EV: “Canto ceremonial”

RM: ¿“Monólogo de la casta Susana”?

EV: Lo he leído.

RM: Rodolfo Hinostroza

EV: Tengo sus primeros libros. Es bueno, también.

RM: Él también tiene fama de ser un poco ermitaño.

EV: Pero se relaciona bastante con la burguesía.

RM: ¿César Toro?

EV: No me gusta.

RM: ¿Eielson?

EV: Muy bueno

RM: ¿Se ve todavía con la gente de su generación?

EV: Si, con casi todos.

RM: ¿Concuerda con Cisneros sobre la opinión que tiene sobre Eguren?

EV: Claro, tiene razón. A Eguren lo consideran un escritor infantil cuando, en realidad, es denso, le canta a la muerte.

RM: ¿Ha sido eclipsado por la figura de Vallejo?

EV: Si.

RM: Usted empieza con “Hora Zero”.

EV: En los inicios de los 70. En ese tiempo, Lima era un desierto. No había actividades culturales por ningún sitio.

RM: Pero era más fácil conseguir libros buenos y baratos.

EV: Si… Nosotros pasábamos horas hablando de poesía, es que la poesía es eso: amor, vida.

RM: ¿Cómo se movían?

EV: Hacíamos recitales por todos lados. En colegios, barriadas, universidades. Toño Cisneros había llegado con el “Casa de las Américas” encima y el prestigio de ser profesor universitario en Europa. Dio recitales y asistían 50 personas; nosotros, en cambio, llenábamos salas de 200 personas todos los días.

RM: El grupo nace en Villarreal.

EV: Si y yo fui un Sanmarquino que le dio prestigio

RM: ¿Ya terminó “Hora Zero”?

EV: No, aún no termina.

RM: ¿Su relación con San Marcos?

EV: Soy Sanmarquino tanto como economista. Cuando voy, los muchachos se me pegan pero los profesores de letras me llegan a los huevos.

RM: ¿Cree en Dios?

EV: Si, pero no en el de los católicos. Creo en un todo, en el universo como Dios, soy un poco panteísta en el buen sentido de la palabra.

RM: ¿Borges?

EV: Lo máximo, he leído su obra completa.

RM: ¿Cree que es lo mejor en lengua castellana?

EV: Si.... yo resolví la paradoja de Aquiles con la lógica quántica.

RM: ¿Terminará su vida en el Perú?

EV: No he pensado que mi vida termine.

RM: Digamos su existencia de carne y hueso…

EV: Donde haya plata

RM: ¿Cuántos libros tiene en su biblioteca?

EV: 10000 ejemplares, trabajosamente seleccionados.

RM: ¿el Ulises de Joyce?

EV: Muy buena... yo leo desde los 5 años. A los 9 ya conocía toda la poesía peruana y a los 13, leía 3 libros al día. He leído muchísimo.

RM: Es elogiable eso. ¿Qué es lo que falta por hacer o por leer?

EV: Pitágoras, me interesa mucho.

RM: ¿El suicidio?

EV: Una estupidez.

RM: ¿Por qué? ¿Nunca sintió su hechizo?

EV: No. Es una estupidez.

RM: ¿Así de simple?

EV: Así de simple.

Cañete, verano de 1999



Etiquetas:   Entrevista   ·   Escritores   ·   Literatura   ·   Perú

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