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No diga cloacas, diga PSOE


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30/09/2018

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El día que Aznar decidió rendirse a las presiones, y no desclasificar los famosos “papeles del CESID”, además de cometer la mayor traición a sus electores, privó a todos los españoles de la imprescindible limpieza que necesitaban, y hoy siguen necesitando, los servicios secretos españoles, y muchos de los cuadros altos e intermedios de nuestras fuerzas de seguridad.


Durante estos días, estamos asistiendo a la filtración de las grabaciones que el corrupto excomisario Villarejo grabó a sus amigos el exjuez Baltasar Garzón (alias “Balta”), y la ministra Dolores Delgado (alias “La Lola”), en las que se comparten y confiesan todo tipo de delitos, amén de procacidades dignas del peor de los ambientes tabernarios. Inmediatamente el gobierno del doctor “cum fraude” Sánchez se ha apresurado a etiquetar al excomisario como “cloacas del Estado”, y a proclamar muy ufano que ellos no ceden a chantajes de las cloacas.

Lo que olvidan decir desde el gobierno del plagiador Sánchez y sus aledaños, es que la actividad del entonces comisario Villarejo en las “cloacas” se inició durante el paso de Juan Alberto Belloch por los ministerios de Interior y Justicia; y que el ínclito comisario trabajó en esa época como agente encubierto para la Secretaría de Estado de Interior, al frente de la cual se encontraba la actual ministra de defensa Margarita Robles. Fue por entonces cuando se encargó a Villarejo y a otros la elaboración del “Informe Veritas”, que contaba incluso con el visto bueno del entonces Director General de la Policía Ángel Olivares (quédense con este nombre).

¿Y qué era el informe Veritas? Pues un trabajo pagado con fondos reservados para investigar la intimidad de, entre otros, periodistas de El Mundo (incluido su director), de Luis del Olmo, o del entonces azote judicial del felipismo, el juez Baltasar Garzón. Con lo que no contaban doña Margarita y su jefe, Belloch el cochero de Drácula, es con que Villarejo iba a jugar a dos bandas, y le iba a ir con el cuento a Garzón, del que se hizo íntimo a partir de aquella confidencia.

Por lo demás, nada nuevo en un PSOE que con su llegada al poder en 1982, y en especial con la llegada de Narcís Serra al ministerio de defensa y al mando de los servicio secretos, había inaugurado un gabinete de escuchas que duró hasta 1995, mediante el cual se espió a media España, incluido el Rey Juan Carlos I.

El gobierno de Felipe González heredó los servicios secretos del tardofranquismo y primera transición, de dudosa participación en eventos tan graves como el atentado al presidente Carrero,  el intento de golpe de Estado del 23-F, o el inicio del “terrorismo de Estado” contra ETA, con el Batallón Vasco Español. Pero fue durante el felipismo cuando el mundo de las cloacas alcanzó su zenit, con los GAL o las mencionadas escuchas tipo Stasi de Narcís Serra.

Pero el PSOE hizo mucho más que eso, consiguió tejer una red que incluía a puestos clave de los servicios secretos, de la policía y de la Guardia Civil. Fue esa red la que Aznar decidió no desmantelar cuando optó por "no mirar debajo de las alfombras", y fue esa red la que permitió que el PSOE, con un par de llamadas, montara el desalojo del PP entre el 11 y el 13 de marzo de 2004, con fabricación de pruebas y testigos falsos incluidos. Y fue esa misma red la que permitió que el CNI engañara a Rajoy, como engañó el 11-M a Aznar, diciéndole en la víspera del 1-O que las urnas del butifarrendum estaban controladas.

Porque desde 1982 hasta hoy, las denominadas “cloacas del Estado” han Estado controladas, cuando no dirigidas, por el PSOE, incluso con el PP en el poder. Los Villarejo, los JAG, los Olivares, los García Castaño, los Fernández Chico, los Manzano, los Fuentes, etcétera, han estado siempre del mismo lado mandara quien mandase.

Hoy, que los intereses comunes han vuelto a unir al PSOE y a Garzón, no extraña que nos enteremos que “Balta” se reunió con Villarejo para preparar el inicio del juicio Gürtel, ni extraña que Villarejo se jactara de ello impunemente ante sus amigos Olivares o García Castaño. Como no extraña que un juez amigo de Garzón deslizara una frase en la introducción de la primera sentencia de Gürtel, y que esa frasecita fuera la excusa perfecta para que primero Rivera decidiera apuñalar por la espalda a Rajoy, y después Sánchez presentara su moción de censura de la mano de comunistas y separatistas.

Es el mismo hedor a cloaca que siempre acompaña al PSOE. Por eso, más urgente que desalojar  a Sánchez del gobierno, es privar de una vez a su partido del control sobre las cloacas. Si no, no dejaremos de ser rehenes.



Etiquetas:   Partidos Políticos

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