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Reseña "La hija del curandero" de la escritora Amy Tan


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20/09/2018


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Amy es como su apellido «Tan»: tan, tan mágica como compleja la dualidad interna del ser humano; moviéndose entre la admiración y el sufrimiento. Son las dos caras que conviven en Ruth, la norteamericana «moderna» que ha crecido con las contradicciones que supone tener la madre que tiene. LuLing es una mujer queno quiere ni puede olvidar la China en la que creció, envuelta en tradiciones y leyendas que en el mundo occidental suenan en ocasiones a algo cercano al terror.


Madre e hija están unidas a una cadena de mujeres cuyo eslabón es «Tita Querida», la nodriza a la que LuLing estuvo y está conectada por un afecto lleno de una espiritualidad muy particular que salpica a la propia Ruth, ya que desde pequeña ha sido criada en las frustraciones y estilo de vida de su madre. Su relación no es buena y no por ello, la hija deja de sentir amor por ella, ni se cruza de brazos intentando entender los “por qués” de sus emociones y opiniones.

Ruth conocerá la experiencia vital de su madre al descubrir sus escritos que crecen a medida que la memoria empieza a abandonarla. No quiere olvidar y tampoco que lo haga su hija. Esta conexión a través de palabras se convertirá en su lazo, por mucho que les una una especial lejanía. De manera indirecta, será también la manera que comprenderse a sí misma y al mundo que ha creado sin saber muy bien cómo.

Ruth es una mujer frustrada que desconoce en gran medida que lo está. Su compañero de vida, Art,también está deseando conocerla porque su pareja parece estar empeñada en desplazarlo de manera involuntarias. Por más mensajes que envíe a Ruth, solo parece estar centrada en sí misma, su pasado y el de su madre, que a su vez tampoco es consciente del daño que procura a su hija, por más amor que sienta hacia ella. Un auténtico tablero de despropósitos emocionales donde todos están un tantoperdidos.

En una de las conversaciones que Art intenta mantener con Ruth trata –lo hará muchas veces– de llegar a su alma que siempre parece estar vagando por las creencias y pensamientos místicos en los que se desenvuelve LuLing. «No quiero que nuestra relación se base en presupuestos establecidos. Quiero que cada mañana nos miremos y nos digamos: ¿Quién es esta persona maravillosa que tengo la suerte de amar?». Es sincero, desea que abra los ojos, que vea la distancia que Ruth pone entre los dos. Pero también quiere que sepa que su amor está intacto. Me gusta el personaje de Art, aunque sea un secundario. Ruth siente que le ha defraudado. Pero no se da cuenta de que la presencia y existencia de la madre siempre está en medio de los dos.

A través de los escritos de LuLing, Ruth descubrirá quién era aquella nodriza muda que muchos rechazarán, la historia de su aldea “Corazón inmortal” que guardará los restos y secretos del “Hombre de Pekín˝.

Amy Tan es densa. Sus contenidos son reflexivos, extremadamente intensos y por tanto no aptos para todo tipo de lector. No es una escritora para el entretenimiento y no es que no me haya procurado buenos ratos. No, para nada. Pero requiere de una inmersión consciente de su relato. Si no atrae, no habrá nada que hacer. Aunque el lector se perderá una gran oportunidad de vivir una bonita experiencia. Por mucho que la literatura haya contado infinitas veces las complejas relaciones entre madre e hija. Puede parecer lo mismo, pero no lo es.

Esta autora no da tregua a quien pretenda “echar un rato”, no pensar demasiado, eso de relajarse sin que un libro quede en tu recuerdo. Es un libro de amores complejos, intrigante, con una permanente descripción de la herencia de los miedos ajenos que los hijos no son conscientes de haber acogido en el disco duro de su cerebro.

«Tita Querida» hizo muy bien este trabajo. Transmitió sus demonios, como un mar que deposita la resaca mental en su entorno más íntimo. Ella es la clave de todo, el origen de esas mujeres que tienen las manos unidas quieran o no, en una inevitable espiral que cala con el tiempo y de la que es casi imposible escapar.

Ruth se siente presionada (no es para menos. Siento una infinita ternura hacia ella) o lo que es más grave: se autopresiona. Su pozo emocional la agita hasta el extremo. Pretende que su madre la quiera de forma “normal”. Todos queremos que nos quieran como queremos que nos quieran. Pero no siempre los conceptos coinciden con nuestros baremos. ¿Quiénes son nuestras madres, quiénes eran antes de ser madres? Sin esta perspectiva no habrá lugar para la comprensión y por tanto, para el necesario perdón que hará fluir las relaciones.

Oriente y Occidente bailan juntos en esta novela. Unas veces pisándose los pies, otras se confabulan a ratos, en la continua búsqueda de la armonía tan y «Tan» deseada. Se puede morir en el intento o evolucionar con y junto a una extraña que ha inculcado cosas a hierro sin tener en cuenta que las personas son distintas. Qué difícil y sin embargo, qué apasionante.

La trascendencia y profundidad de los mensajes lanzados por Amy Tan son tremendamente interesantes y muy nutritivos para el alma aunque causen desasosiego. La ambivalencia de las personas es la ambivalencia de la vida. Se toma o se deja (aparta y/o entierra) como las lentejas. A veces se puede decidir. Otras, te arrastra y anula; en ese margen –a veces demasiado estrecho– que la vida nos deja decidir y dependiendo del espíritu de cada uno, donde cuenta la genética pero también la resiliencia. Ahí puede estar la solución. O no. Pero ya sabemos que la vida es en sí misma un riesgo y que el fracaso o éxito a la hora de vivirla reside en gran medida en nuestra actitud.

Para este análisis del pasado, presente e incierto futuro Amy Tan despliega en sus frases una gran riqueza literaria, de la que una vez más hace gala. Es cierto que algunos (para otros lectores serán demasiados. Por eso el mismo libro son muchos en función de los ojos que lo miren) pasajes se tornan densos. Hasta espesos, diría. Nuestra mente occidental quiere respuestas a la voz de ya, explicaciones cerradas y eso, no siempre es posible. Menos con este libro. Las contradicciones entre brumas y estrellas resplandecientes son un deleite en la pluma de Amy Tan. Traslada las magias al mundo de la realidad con una hermosa escritura que tuve la suerte de conocer en “Un lugar llamado nada”.

Me ha ocurrido cientos de veces que para cuando yo he descubierto un autor, llevaba tiempo… descubierto. Pero el objetivo no es llegar antes, sino llegar; encontrarte con maravillas literarias procedentes de mentes tan mágicas como lo que relatan en sus historias. Por supuesto, ya lo habrán adivinado…, esta no será la última novela que leeré de Amy Tan. Esta mujer tan especial como cuentan sus historias. Y por cierto, como la evocadora portada del libro.











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