. Basta una mínima búsqueda por internet para encontrar unas cuántas
fotos de milicianos de los años 30 posando junto a esqueletos de monjas. Y es
que después de los estragos ocasionados por las tropas napoleónicas, la II
República española ostenta el récord en profanación de tumbas en las iglesias
de España.
A diferencia de las tropas francesas, que
buscaban la rapiña en sus profanaciones, los izquierdistas de los años 30, como
los de hoy, buscaban la humillación y la revancha sobre personas a las que no
se pudo humillar en vida. No sólo se sacó de sus tumbas a monjas y curas, la
tumba del propio Gaudí fue abierta por la policía republicana, y sus restos se
libraron de la profanación de puro milagro, suerte que no corrió el taller del
artista que fue arrasado por los milicianos.
Por eso no sorprende ahora la obsesión de
los socialistas y comunistas españoles con la tumba del general Franco.
Seguramente lo que les pide el cuerpo es una profanación como las de la
República, con Pablo Iglesias fotografiándose con la calavera de Franco en una
mano y su sable en la otra. Pero son otros tiempos, y por eso se recurre a la
excusa de la sesgada memoria histórica que la izquierda española intenta imponer
por tierra, mar y aire a la sociedad española. En esa memoria no cabe el
intento de golpe de estado de 1934 protagonizado por el PSOE de Largo
Caballero; en esa memoria no cabe el pucherazo de las elecciones de 1936; en
esa memoria no cabe el asesinato del líder de la oposición a manos, entre
otros, de escoltas de Indalecio Prieto; en esa memoria no caben las torturas y
asesinatos realizados en las chekas gestionadas por el PSOE y su sindicato UGT.
En esa memoria no cabe la persecución religiosa en la que se torturó y asesinó
a 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y religiosos, 283 monjas y más de 3.000 seglares. En esa memoria no cabe Paracuellos. En esa memoria cabe Lorca,
pero no José María Hinojosa o Muñoz Seca. Cabe el bombardeo de Guernica pero no
el de Cabra. Una memoria en la que, en definitiva, no caben todos esos crímenes
de la izquierda que tanto se esfuerzan en tapar y por los que jamás han pedido
perdón.
En su afán por deformar la historia, y para
justificar la profanación de la tumba del general Franco, están intentando
vender la milonga de que El Valle de los Caídos es un mausoleo en homenaje a
Franco y al franquismo. Nada más lejos de la realidad. Ni Franco pensó nunca en
ser enterrado allí, ni el monasterio exalta u homenajea a Franco y al franquismo.
Lo único que tiene el General Franco en El Valle de los Caídos es una tumba. Y
no un mausoleo como el de Lenin en Moscú o el del Ché en Santa Clara. Ni una
mención a su carrera militar, o a la jefatura del Estado que ostentó durante
cuarenta años: una simple lápida de piedra en la que bajo una cruz puede leerse
“Francisco Franco”. Ese es todo el homenaje y la exaltación del franquismo que
hay en El Valle de los Caídos.
Homenaje es tener una estatua en la
Castellana, como la tiene Largo Caballero, el “Lenin español”, el hombre que
con más denuedo buscó una guerra civil entre españoles para después imponer la
dictadura del proletariado. No lo digo yo, lo dijo él mismo en 1933.
Una simple tumba no es un homenaje, es sólo
una tumba.
Con la exhumación de Franco no se pretende
hacer ningún tipo de justicia histórica, ni convertir al Valle de los Caídos en
un monumento de reconciliación, que ya era el fin con el que fue construido. Es
una medida puramente propagandística que lo único que busca es la polarización
de la sociedad con fines electorales. Concediendo esta revancha a la izquierda
más montaraz, Sanchez busca pescar en el caladero de Iglesias los votos que los
españoles no le quisieron dar en las últimas elecciones generales.
La táctica no es nueva, ya la inauguró el
nefasto Rodríguez Zapatero, y muestra a las claras que a la izquierda española
cuando se le acaban las ideas sólo se le ocurre abrazarse al guerracivilismo y
al populismo.
La imagen actual del PSOE es la de Zapatero
como único valedor de Maduro, la de la moción de censura de la mano de
comunistas, filoterroristas e independentistas, la de Sánchez de rodillas ante
Torra mientras enchufa a todos los miembros de su ejecutiva y de su familia, y
la de un gobierno de atrezzo bloquedao por su debilidad y su incompetencia. Y
ante este panorama, el poblado gabinete de asesores y demóscopos de Moncloa
debe haber llegado a la conclusión de que airear el fantasma de Franco puedes
resultarles más rentable que hacerse fotos con gafas de sol en el Falcon.
Basta ya de campañitas de marketing y de vender
humo. Gobiernen si son capaces, y si no váyanse a su casa. Pero dejen en paz a
los muertos en sus tumbas.