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Abandono y mendicidad callejera


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01/08/2018

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No quiero parecer como el descubridor del hilo negro pero el problema del crecimiento exponencial de la pobreza extrema en la Ciudad de México está tomando dimensiones alarmantes, cada día que pasa veo a más personas en situación de calle, tiradas sobre la banqueta, jardineras públicas, bancas de las alamedas y plazas, a las afueras de las estaciones del metro, oficinas de correos, estaciones del metrobús y un largo etcétera. A la par, también va in crescendo el número de personas que, regenteadas por poderosas mafias que cobran jugosas cuotas de "uso de piso", por adelantado, se dedican a la mendicidad lo mismo en las estaciones y vagones del metro que en diversos puntos estratégicos, todos ellos con gran confluencia de personas, que se dedican a la mendiciadad. Los disfraces van desde supuestos campesinos con pantalón y camisa de manta y huaraches, que sesentones rockeros con sus indispensables guitarras eléctricas y grandes crucificjos metálicos, "monjitas" vendiendo morelianas hasta dignos herederos de las culturas prehispánicas realizando danzas pretendidamente autóctonas al son de una flauta de caña.






Estoy consciente de que ambos fenómenos sociales y económicos obedecen a causas muy distintas entre sí, pero es evidente que contribuyen a escupirnos a la cara una realidad monstruosa, mucha gente se está muriendo de hambre en la Ciudad de México y no hay autoridad alguna ni organización, patronato u lo que sea a la cuál le importe un pito la ominosa situación. Pasamos a un lado de estas personas sin hacerles el menor caso, pretendiendo que no están ahí, que no existen, eso, de hecho, constituye un agravio más doloroso, la negación de su existencia como personas, como miembros del género humano. 

Las autoridades se "justifican" arguyendo que a las personas en situación de calle se las levan, muy de vez en cuando, a los diversos centros de asistencia pública y que no duran ahí más que un par de días a lo sumo porque de inmediato se les escapan y vuelven a las mismas, que no los pueden detener a la fuerza porque sería violatorio de sus Derechos Constitucionales pero lo que no nos dicen es el porqué de esta situación y tampoco el de su brutal aumento cotidiano. Con relación a los que se dedican a pedir limosna, el asunto está más claro, es un jugoso negocio para bandas traficantes de personas y también para las autoridades delegacionales que cobran "derechos" de piso según la ubicación y el grado de ambición del los funcionarios. Sí, hablo de esos a los que luego detiene la policiía con medio millón de pesos en efectivo en la cajuela del auto y cuyo orígen no pueden explicar, tanto menos justificar. 

En el siguiente nivel están los vendedores "manteros", esos que toman la manta sobre la cuál colocan sus mercaderías por las cuatro esquinas, que ya tienen previamente atadas con un lazo, la cierran y pegan carrera a un edificio cercano en el cuál tienen su madriguera y en donde, también, todo el mundo "les hace el paro". Inmediatamente después están los de los puestos semificjos que tienen modus operandi ya muy establecidos, con personal que se dedica a montar y desmontar sus puestos, colocar o guardar mercancías, grupos de choque o golpeadores por si hace falta y toda una poderosa organización que los respalda, pero también controla y explota. 

Todas estas personas tienen un elemento en común, son muy fáciles de controlar por las autoridades y constantemente se ven forzados a acudir, en calidad de acarreados a los mítines, plantones y discursos de los líderes políticos y funcionarios públicos. Esto último, so pena de perder, ipso facto, sus derechos de piso, membresias y formas de "ganarse" la chuleta nuestra de cada día. Naturalmente que los comerciantes debidamente establecidos, esos que pagan rentas o impuestos prediales por sus locales también salen afectados ya que tú puedes rentar un gran local en una plaza comercial, con vista a la calle o una bonita alameda bien jardinada y de pronto, de la noche a la mañana, se se instala, en la banqueta o a la orilla del arrollo vehicular, una sucia fitanguera con un cúmulo de artefactos y te tapa toda tu bonita vista y evita que luzca la costosa inversión que hiciste para fincar tu negocio. 

¡Falta! Es verdad, otra especie más dañina aún, la del os carteristas , asaltantes y secuestradores, entre todo ésto, el ciudadano clasemediero, ese que se ve ahorcando al pagar sus rentas, hipotecas, mensualidades del coche, colegiaturas, útiles escolares y demás, se ve inmerso e indefenso, sin nada qué hacer, y sin nadie a quién recurrir.

¿Qué es lo que ocasiona y propicia tanto daño para todos y evita que tengamos una economía sana y próspera? La respuesta es tan sencilla como asquerosa, el fenómeno se llama ¡Corrupción!











Etiquetas:   Corrupción

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