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Carta abierta al subcomandante (así con Minúscula) insurgente marcos ora galeano


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19/07/2018


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Querido sup... hace tiempo que no sabíamos nada de ti ni de esa vena guerrillera y Zapatista que embanderaste y presumiste altiva, mamona y soberbiamente por todo México hace varios ayeres.


Recuerdo que en ese entonces se dijeron muchas cosas sobre tu persona, que si eras el títere de un sistema gubernamentoso manipulador y decadente, que si eras las migajas de una malograda esperanza, que si eras el estandarte mismo de una lucha que mi México (mío que nunca tuyo) urgía hace demasiados años y un sin fin tarugadas más pero...

¿De verdad lo fuiste?, es decir, ¿de verdad fuiste el personaje aguerrido, envalentonado, cabal, letrado, transigente y admirable que los medios internacionales de aquellos tus mejores tiempos nos vendieron?

No marcos, la neta es que nunca lo fuiste, solo supiste venderte a aquellos intereses superiores y titiriteros que te crearon y a los que actualmente continúas sirviendo, la neta es que ni tu pluma (bastante bien afilada, leída, mimada y acomodada) ni tu pasamontañas, ni tu pipa, ni tu discurso, ni tu remedo de uniforme alcanzan hoy para considerarte parte de una democracia hecha y derecha (manque te duela el rabo al leerlo y/o escucharlo), la neta es que ni toda tu ideología, ni toda tu malbaratada integridad, ni tu maldecida fama, ni tus ínfulas, ni cada uno de tus libros y tus llaveritos y las aquellas camisetas estampadas con tu cubierta jeta y toda esa parafernalia primermundista que te puso más de un plato en la mesa, servirán para sostener o hacernos olvidar todos los años que decidiste (conveniente y prostitutamente) ignorar a México y a ese creciente y orgulloso puñado de mexicanos que otrora te seguimos, te apoyamos, te aplaudimos y te vitoreamos.

Porque debes de saberlo (porque bien que lo sospechas, si tarugo no eres), que aquel pueblo que en otro tiempo pendejeaste fingiendo defender desde la comodidad de tu "refugio", que aquél México que te vitoreaba aunque entendía la verdadera razón de tu existencia y tu engreimiento, que aquél puñado de iletrados a quienes embaucaste para mal representar, al día de hoy, hemos crecido, nos hemos educado, nos preparamos y nos especializamos hasta el punto donde estamos, desde el que te dedico estas líneas, sí, yo también apoyé tu “movimiento”

¿Qué fue de aquél viejo sup que acariciaba los tompiates de un don Ernesto Guevara y que parecía postularse hacia la historia de un México despierto y caminante?, ¿qué fue de ese remedo de guerrillero que movió masas enteras gritando justicia, igualdad, coherencia, diálogo y valentía?, ¿qué fue de ese mexicanito más?, ¿qué carajos fue de ese intentito histórico?, ¿de ese héroe nacional prefabricado y de baratillo en el que muchos creyeron y confiaron?

No marcos, no nos chingues, si no estuviste, si no te manifestaste, si no alzaste las voces y los puños durante esos tiempos donde un tal Felipe nos salpicó de sangre y de arriba abajo el territorio y la tierra y las calles, si no tuviste los tamaños para "alzarte" en contra de ese tal Enrique y toda su obtusidad, y toda su ignorancia, y toda su genocida y violadora y ladrona y ruin y asquerosa existencia, si te atreviste a quedarte callado cuando Duarte, cuando Velasco, cuando Fox, cuando Carstens, cuando Vazquez Mota, cuando Ávila, Montiel, Fernández, Gordillo... cuando tanto hijo de puta le paso por encima hasta el cansancio a México, a mi México y a mis Mexicanos (así, con mayúsculas y siempre míos, que nunca, nunca tuyos), no te atrevas a venir ahora, que la mayoría decidió jugar derecho, que la mayoría decidió rifarse a ciegas, que la mayoría (a esa mayoría que ya no representas) está decidiendo unirse, apoyar, sumar, convidar y construir aún a pesar de no ser parte de la verdadera mayoría, de no compartir la ideología... con la mamada de ahora sí desempolvar la vieja capucha que todos ya habíamos enterrado, con la oligofrenia de escupir esas palabras que todos dábamos por muertas, con la negligencia de cambiar de nombre nada más porque se te inflamaron y ennegrecieron las gónadas.

No marcos, Ni perdón Ni olvido, México no se merece un Ejército Zapatista de Liberación Nacional caduco, México no se merece un guerrillero de mentiritas ni de escaparate (el que siempre has sido), México no necesita más intelectualoides encapuchados, México no necesita más personajes mediáticos con intenciones separatistas, México ya no te merece y creo, desde aquí, desde esta lejana e incómoda silla desde donde escribo, que nunca te mereció.

Recuerdo que hace tiempo (mucho tiempo), decidí sumarme a una causa que creí chingona, cabrona, creciente, adecuada, recuerdo haber creído que no había tanto desde mi por hacer para tan “noble” causa que agarrar mi guitarra y mis rolas y mis poemas y llevarlos al Zócalo de aquél viejo Distrito Federal enardecido por la promesa de tu llegada, recuerdo que regalé cada minuto, cada frase, cada grito y cada gesto, convencido de estar, cada tarde (ahora entiendo que fueron demasiadas) haciendo algo por cambiar lo que tanto nos tenía jodidos, recuerdo haber convivido con aquellos incansables voluntarios de ese admirable Frente Zapatista de Liberación Nacional que hacía las veces de tu portavoz y tu canasta de limosnas, recuerdo haber sido parte de algo que aparentaba ser un movimiento legítimo, pero en el fondo, sabía bien que no era cierto.

Hoy me duele comprobarlo (y supongo que nos duele a millones de mexicanos) y encontrarte nuevamente enarbolando ese discurso sin eco que quizás en otro tiempo hubiera encontrado algo de credibilidad desde la ignorancia, pero desafortunadamente para ti, el México que abandonaste hace tantos años, ya no es el mismo, el México al que pretendes regresar, es decir, el de la teta partidista que te dio la vida, hace demasiados gritos que quedó atrás.

Si no estorbas no magulles y si magullas… huevos.

Desde lo más recóndito de las montañas de Europa del Este

Antonio Andrade – Escritor y Periodista mexicano.



Etiquetas:   México   ·   EZLN   ·   Andrés Manuel López Obrador

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