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La Dialógica; entre el asombro y la visión de futuro


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16/07/2018

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Nosotros hagamos la historia que otros las escriban en un mundo mejor, buscar, buscar la lucha adentro por transformar el mundo significa amor, ayúdenla, ayúdenla que sea humana, la humanidad”


Alí Primera. El Despertar de la Historia. 1972

 

Días atrás, mientras me sometía a la rutina laboral y el escape que representa ir por un café que avive las esperanzas y oxigene la lucha, escuché a unos comensales, jóvenes por demás, quienes reaccionaban a una famosa propaganda que una marca conocida pretende posicionar.

La producción en cuestión, versa sobre la narración de un hipotético juego de la selección Vinotinto en el Mundial de Catar 2022 a lo que uno de los comensales  se dirige al otro exclamando ¡Estos están colocando esa propaganda de la Vinotinto  en el 2022 y estamos en el 2018, a lo mejor ni estamos vivos para ese momento! Escuchar accidentalmente, muchas veces causa más impacto, que ser el receptor original del mensaje o quizás la capacidad de asombro hace mella en nosotros y se multiplica dejando visible nuestra impresión ante lo que nos rodea.

El asombro no yace en la opinión del comensal, se circunscribe a ese pensamiento condicionado que muchas veces los planificadores tienen, pareciera más bien, que la subjetividad pasa a convertirse en un criterio para planificar cuando imaginamos escenarios posibles, en futuros deseables. La discusión en la planificación de que tiempos, debemos considerar para la proyección pasa por reconocer que algunos profesionales en el escritorio, no visualizan escenarios futuros donde ellos o su generación quizás no pueda formar parte, nos cuesta en algunos casos como ejercicio de auto crítica, imaginarnos escenarios donde generaciones relevo puedan ser las protagonistas de procesos sociales consolidados y que comenzaron a gestarse en nuestros tiempos.

Bien lo decía Ali en sus letras, hagamos la historia y que otros las escriban en un mundo mejor, es una forma de recoger el desprendimiento que pueda tener el ser humano por las cosas materiales y el reconocimiento que todos esperan como merecido premio al esfuerzo realizado, ¿Estamos en la madurez de aceptar que no somos nosotros los protagonistas de este siglo en lo que se refiere a los cambios estructurales que necesita el país? Pensar sobre ello y acercarse a la conclusión, ¿es un acto de madurez o auto exclusión?

Los días avanzaron y el pensamiento sobre aquel episodio siguió allí, como una cicatriz que recuerda el amargo momento o simplemente la pregunta insistente que martiriza la mente buscando respuestas a conductas inexplicables. La propia mente buscaba en sus recuerdos sobre el tema para justificar posturas cuál juez que busca argumentos para sustentar su decisión condenatoria o no, no había forma sencilla de entender como no concebimos el futuro sino formamos parte de él, otro episodio casual aviva el momento y la discusión que la mente aún transcurridos los días se negaba a cerrar.

Esta vez, un señor en una unidad de transporte público, llena a toda su capacidad operativa, algo que se hace recurrente en la Venezuela de hoy, conversaba sobre la forma amable en que el colector (acompañante del conductor para cobranzas de pasaje) trataba a los usuarios, algo que causaba impresión, en el señor que bien su aspecto físico recorría al menos 7 décadas de experiencia, ese asombro repito, era producto del maltrato que por lo regular observamos en este tipo de transporte de pasajeros donde la consideración al ser humano como sujeto de derecho es casi nula, sorprendiéndonos entonces por alguien que establece un trato amable y respetuoso hacia los usuarios del servicio, a lo que el señor agrega que no justifica el trato de los conductores  a las personas de la tercera edad ya que son conductores con al menos 3 décadas de vida, lo que hace pensar que sus progenitores son personas de la tercera edad que sobrepasa los 60 años de edad.

Es necesario distinguir, que nos parece extraordinario, la capacidad innata que muestra el señor al deducir la edad de los progenitores del conductor, el trato amable y desinteresado del colector o la frase dilapidadora que sostuvo en su conversación cuando exclamó en su interrogante, ¿Será que ellos los choferes no llegarán a viejos?

No entender que ambos escenarios forman parte de un relato día a día en el mismo país, es negar la debilidad que nos impide crecer como sociedad, aquel crecimiento directamente proporcional al desarrollo de su planificación, de sus industrias, de su educación, de la sociedad ideal que debe existir en el plano material, no en la utopía de quienes piensan en un mundo ideal que niega el existente y se divorcia de su transformación estructural, dando cabida a quienes piensan en el reformismo como opción planificadora.

No hay espacio alguno para la improvisación, debe condenarse la Teoría de Eudomar Santos (célebre personaje de la telenovela Por Estas Calles) aquel “como vaya viniendo, vamos viendo” nos lleva a no concebir una visión más global de nuestro desarrollo, quizás eso explique la conducta de la sociedad, que en materia económica espera quizás, un vídeo en las redes sociales que explique qué hacer con el torio o el coltán si nos decidimos a explotarlo.

La conducta del planificador no radica solo en el hoy, conocer que tendremos mañana no es algo de suerte, es un criterio del planificador para dibujar escenarios.

No insistas en repetir modelos de planificación, sobre todo, aquellos que solo vivieron un contexto, solo el que planifica la paz en medio de la guerra siembra la semilla que otro cosechará, cuando eso suceda, si haces eso hoy por tus hijos, de seguro, te verás en el reflejo de los ojos de tus nietos.



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1 comentario  Deja tu comentario


, Estimado profesor, en mi opinión planificar es una forma de APORTAR y aporte es lo que necesitamos. En nuestra historia hemos visto como se ha planificado y trabajado en base al futuro, nuestros próceres por ejemplo, siempre se visualizaron mas allá del horizonte, aun cuando todo se veía gris, ellos no dejaron de creer en su país y en lo hacían, se trata de mantener el optimismo aun cuando pareciera que nos quedamos solos en esta Venezuela que se niega a sucumbir en el pantano de la desesperación.
Y si no es planificación entonces descubramos otra manera de trabajar para en el futuro con resultados aplicables en el presente.

L.M.G





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