La histriónica adulterada Cristina Fallarás

Cristina Fallarás es un histrión por sí misma, valiente necia cuya osadía no se asocia con la valentía personal, sino con la estimulación de una mente desgastada y maltratada, quizá por ella misma. No debería confundirse la personalidad con otras presuntas deficiencias psíquicas. Cualquiera diría al escuchar a esta demagoga que no está del todo en sus cabales.

 

. No debería confundirse la personalidad con otras presuntas deficiencias psíquicas. Cualquiera diría al escuchar a esta demagoga que no está del todo en sus cabales.
Me gusta la singularidad de las personas que son espléndidas y se hacen notar en virtud de un carisma que concita la atención de su prójimo; atraen con virtudes propias del liderazgo y convencen a cuantos toman contacto por primera vez con ellas. Están provistas de un halo de grandeza que se combina con una sencillez característica de quien no se esfuerza por agradar. Son seres destinados a la admiración del prójimo, sin que se esfuercen por encantar. Esta singularidad carece de pomposidad o artificio, siendo la naturalidad la principal característica de un don escaso.

Luego están esos personajes carentes del menor sentido del recato que van por la vida como divos, sin percibir el ridículo que provocan. Lo singular atrae por lo natural del virtuosismo en quien está provisto de carisma; lo artificioso que pretende ser singular es, por el contrario, la muestra repulsiva de quien pretende agradar, con un excesivo ego derivado de una deficiencia psicológica o de un proceso deadulteración mental que suelen dejar en ridículo a quienes se exponen con excesivo afán de protagonismo.

Cristina Fallarás es el ejemplo perfecto para seguir el proceso de involución personal en quien, saturado de egocentrismo, con la vejez deriva en un desorden mental y de comportamiento que no pueden ocultar presuntos procesos de adulteración que siempre acaban pasando factura a la salud. El declive de este engendro de la demagogia es a ojos vista acelerado  y quizá por ello el sentido de la vergüenza lo ha ido perdiendo hasta el punto de presumir haber robado en un Caprabo, por aquello de lo perentorio de la prioridad moral que le aconseja la falta de honradez, si la corrupta voluntad lo estima correcto. Un poco retorcido lleva el concepto de la honestidad. Es toda una relativista moral cuya esencia personal, al margen del desodorante que se eche en los sobacos, atufa.

A Cristina Fallarás el sentido de la honestidad se le escapa con repugnante visión de oportunista sin conciencia. Así lo da a entender. Una voluntad retorcida que lo mismo defiende a los agresores de Alsasua como falta el respeto a la Virgen María, a la que considera indigna por gozar ella con los placeres de sus vanidosas vergüenzas, nada virginales a saber desde qué tierna edad.

Yo no soy virgen

En la expresión de la nueva consejera de televisión, por obra y gracia del rodillo antidemocrático podemita por el que el bajo cerebelo se le desparrama de placer totalitarista… en la cara, en el papo que gasta esta individua que parece ejercer cierta parcialidad de consciencia cuando habla, se atisban los excesos de un ego intrascendente, una artificial arrogancia probablemente sustanciada con multiplicadores artificiales de ingenio fracasado.

Cuando se expresa pareciera que se va a caer de bruces en cualquier momento, ebria de egotismo y vaciedad, pero milagrosamente mantiene el equilibrio corporal y mental en cuanta intervención presume de comunicadora para, después de cada trastada periodística, dejar a ras del suelo el listón de su profesionalidad edulcorada y el patetismo inherente a su personal manera de ser que lejos de ser provocativa es ejemplo de vergüenza ajena.

Y esta charlatana cuyo engreimiento está asociado con la facilidad para argumentar con demagogia, arrimada a la mesa del amo a ver qué cae a cuenta de sus argumentaciones tan  evanescentes como las neuronas que se le gastan después de cada esfuerzo pseudo intelectual, es una de las consejeras de RTVE para despolitizar la televisión pública.

Así de bien ejerza el cargo inmerecido y conseguido después de babear por la injusta prebenda. Que se sostenga mientras las piernas la aguanten con el deseo de que practique una vida sana y moralmente equilibrada, porque da la sensación de que un día se le cae la cabeza sobre la mesa y no la levanta. Tanto será que le pesan las ideas a la intrascendente Cristina Fallarás.

Que en paz descanse de semejantes esfuerzos intelectuales en su poltrona de arribista.

http://ramblalibre.com/2018/07/07/la-histrionica-adulterada-cristina-fallaras/

UNETE



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