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Saber irse


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18/06/2018

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Cuentan que al rey Wamba le drogaron y aprovecharon la ocasión para tonsurarle, sabiendo que para los godos la tonsura era incompatible con la corona. Y así el rey godo tuvo que dejar forzosamente el trono y acabar sus días en un convento. Y es que dejar el poder siempre ha sido traumático, incluso para quien, como Wamba, lo había aceptado a la fuerza y de mala gana.


A Rajoy no le sacaron de la huerta para reinar como a Wamba, ya estaba en el ajo de la política desde bien joven, y fue el designio digital de José María Aznar el que le puso en el camino de la presidencia del gobierno. El problema es que no fue, como pensaban Aznar y su séquito, una presidencia heredada, sino que por medio hubo que tragarse ocho años ejerciendo de jefe de la oposición al gobierno del infame Zapatero (no es insulto, es descripción).

Desde entonces, y casi como Wamba, han sido siete años rigiendo los destinos de los españoles ( Wamba estuvo ocho). Y como le pasó al rey godo, siete años intentando sujetar un país que se desmoronaba por momentos. Dos legislaturas en las que se perdió la oportunidad de desmontar el andamiaje ideológico que nos dejó como herencia envenenada el infame Zapatero (no es insulto, es descripción). Dos mandatos en los que el PP renunció a hacer política para dedicarse únicamente a la gestión económica. Pero también siete años en los que se pasó de un país en quiebra a ser la economía que más crece en la UE.

Seria absurdo valorar los 12 años de presidencia de González por los GAL, o por FILESA. Del mismo modo es absurdo enjuiciar la etapa Rajoy por lo que no ha hecho y pudo hacer, olvidando lo que sí hizo y además hizo bien. Lo de culparle por Gürtel, no es ya que sea absurdo, es que es cuestión de no saber contar: cada padre que responda de sus hijos, y Aznar de los suyos.

Con sus luces y sombras, tan de necios es negar los fallos de Rajoy como no reconocer sus aciertos. Y entre sus aciertos, al menos hasta ahora, hay que contar la forma que ha tenido de irse.

Sí, ya sé que Rajoy no dejó la presidencia del gobierno por propia voluntad, sino merced a una moción de censura, que es la forma que existe en democracia para “tonsurar” al que no se quiere que siga mandando. Me refiero a lo que ha ocurrido después de ese día en el que Mariano tuvo que abandonar precipitadamente el palacio de La Moncloa.

Primero dijeron que intentaría por todos los medios seguir siendo el candidato del PP para las siguientes elecciones generales. Luego que se aferraría al escaño de diputado para mantener el aforamiento. O que ungiría a su sucesor, como hizo Aznar con él. Pero no ha hecho ninguna de esas cosas.

Podría haber imitado a Aznar en su irse para no irse nunca. Podría haberse dejado fichar por un banco del IBEX, o por una hidroeléctrica, o por una petrolífera. Podría haberse apuntado a expresidente de esos que cobran cada conferencia a unas cuantas decenas de miles de euros. Pero no ha hecho ninguna de esas cosas.

Tras ser apartado de la presidencia del gobierno, dejó la del partido sin intención de interferir en la elección de su sucesor. Renunció a su escaño, e incluso al sueldo vitalicio que le corresponde como expresidente, y pidió su reingreso como registrador de la propiedad. Vamos, que le ha faltado sacudir las zapatillas, como Santa Teresa, para no llevarse ni el polvo.

Nadie puede negarle el señorío a la hora de irse. Por eso resultan aún más despreciables las maniobras de Ciudadanos para emborronar el adiós de Rajoy, acusándole de haber propiciado la llegada de Sánchez al gobierno por no dimitir antes de la votación de la moción de censura. En ese momento la dimisión de Rajoy, aparte de un difícil encaje constitucional y reglamentario, no hubiera tenido ningún efecto, y si en el partido naranja lo ignoran es que son unos inútiles de primera; y si lo saben, y aun así extienden el bulo, es que son unos miserables.

A Rajoy le han echado del gobierno los Sánchez, los Iglesias/Montero, los Tardá/Rufián, los primos segundos de los etarras y los primos primeros. Pero de la política se ha ido él y ha sabido elegir cómo irse: como un señor.



Etiquetas:   Democracia   ·   Partidos Políticos

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