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No es Gürtel, es el CIS


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26/05/2018

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Si alguien piensa que el maremagnum desatado en el Congreso es consecuencia de la sentencia por el caso Gürtel,  un caso de mordidas y financiación ilegal en dos pueblos de Madrid, en las municipales de hace 11 años, es que vive en el país de nunca jamás o en los mundos de yupi.


Lo primero que hay que decir es que, por mucho que se empeñen dos de los jueces y todo el pacto de los Editores reeditado, lo que se juzgaba en la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional no era si el PP tenía caja B o C, sino el cobro de comisiones a cambio de adjudicaciones, y la financiación ilegal en las elecciones municipales de 2007 en dos municipios de la Comunidad de Madrid. Un caso de corrupción en el que lo referente a financiación irregular alcanza algo menos de 250.000 euros (que es lo que el tribunal considera que el PP adquirió de forma ilegal para las campañas en esos dos municipios) y el resto, la parte del león, se refiere a mordidas cobradas a empresarios por adjudicaciones, y de las que se habrían beneficiado los imputados, no el PP.  Y no hay más, al menos de momento.

Entonces, ¿a qué vienen esas pomposas y pretendidamente solemnes reacciones, moción de censura incluida, por parte del principal partido de la oposición y del partido que hasta hoy ha dado apoyo al gobierno? La explicación a estas reacciones no hay que buscarla en repentinos ataques de responsabilidad política, o sentido de Estado, sino en algo más mundano y más obvio dentro de la lógica partidista que maneja nuestra clase política: en las encuestas. Gürtel no es la explicación, es simplemente la excusa.

Y cuando hablo de encuestas me refiero a las de verdad, no a esas hechas a medida que publican los periódicos afines. Lo que dicen las encuestas reales es que la subida de Ciudadanos no es tan rápida como ellos desearían, y que el PSOE anda entre la tercera y la cuarta posición en intención de voto, muy lejos de la resurrección pretendida por Sánchez y los suyos. Y esto a un año y pico de las elecciones, y con la economía remontando, produce prisa en Ciudadanos y desesperación en el PSOE. Y ni la prisa ni la desesperación son buenas consejeras.

La publicación del último CIS sembró el pánico en el PSOE. Después de un inicial efecto rebote tras la trifulca con su directiva federal y las primarias, la tendencia que reflejaba la encuesta era al estancamiento, cuando no al retroceso. No solo es que no se recuperaran los votos perdidos en favor de Podemos, es que empezaba a constatarse pérdida de votos por el centro en favor de Ciudadanos y de la abstención. Encima, desde dentro del propio partido no faltan quienes achacan el problema a la ausencia de Sánchez del ruedo político, por mor de su dimisión como diputado del Congreso. De ahí que la estrategia inmediata de Sánchez tenga tres frentes: por un lado presentarse como el genuino antiPP, para frenar la sangría de votos por su izquierda; por otro lado forzar a Ciudadanos a retratarse, para frenar la huida del votante moderado; y en tercer lugar lograr esa presencia que no tiene desde que abandonó la cámara baja. Y con la moción de censura que acaba de registrar en el Congreso tiene la ocasión de matar esos tres pájaros de un solo tiro.

La jugada es audaz, pero tiene sus riesgos. A priori nadie le garantiza el éxito, y un segundo revolcón después del de su fallida investidura, dejaría al candidato Sanchez en una posición bastante maltrecha. Y si triunfa, el coste de verse en la Moncloa aupado sobre los votos de los golpistas catalanes, y de los filoterroristas vascos, puede ser excesivo incluso para este PSOE menor, y conducirle a un camino parecido al que siguieron sus colegas griegos o franceses.

Para los de Rivera las urgencias son otras. La firmeza del suelo electoral del PP empieza a generar ansiedad en Ciudadanos. Ni la Brunete mediática naranja a pleno rendimiento, ni el caso Cifuentes, ni la mezquina y ventajista utilización que están haciendo del problema catalán, están consiguiendo que Ciudadanos se despegue en las encuestas, y la posibilidad de un cierto remonte de los populares de aquí a final de la legislatura produce urticaria en las filas del partido naranja.

Pero al contrario que en el caso de Sánchez, a los de Rivera no les vale la estrategia de echarse la manta a la cabeza. Para derrocar al PP sin cabrear a sus votantes, que son a los que pretenden llevarse al huerto, hay que hilar más fino. El problema es que las prisas son incompatibles con los trabajos finos. Y en Ciudadanos hay prisas. Muchas prisas. Ya lo demostraron cuando forzaron las elecciones catalanas vía 155, pensando que era su momento, y a la vista están los resultados. Rivera sabe que apoyar la llegada de Sanchez a la Moncloa de la mano de Podemos, sería un suicidio para su partido. Pero marcarse un don Tancredo al más puro estilo Rajoy tampoco le vale, porque podría ser explotado por el PSOE. De ahí que estén inventando fórmulas de sí pero no, y ficticias “mociones de censura instrumentales”, que algún día nos explicarán de qué ordenamiento jurídico salen.

Pero por mucho ejercicio de funambulismo que haga Rivera, le va a resultar difícil convencernos de que mientras votaba los presupuestos con PP y PNV, no se había enterado de los chanchullos de “El bigotes”, Correa y Bárcenas, y que los ha conocido ahora gracias a la sentencia. ¿O es que su mentor Pedro Jota no le ha contado las confesiones que le hacía el extesorero del PP en un piso que les dejaba Esperanza Aguirre para sus encuentros furtivos?

De forma que mientras nuestro estado de derecho sufre el ataque más grave de nuestra historia reciente, dos de los principales partidos del país se lanzan a la yugular del gobierno por un mero cálculo electoral y partidista, en lugar de buscar el interés común de todos los españoles.

Y mientras tanto el mayor caso de corrupción de nuestra historia, el de los ERE, sigue siendo juzgado de tapadillo, sin apenas trascendencia en el escenario político, y con el silencio cómplice de la mayoría de los medios de comunicación..

Un circo, vamos.



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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