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Todo es uno y lo mismo (o eso nos quieren hacer creer)


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20/04/2018

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El delito que se comete entre muchos queda sin castigo. Lucano, Farsalia.


Dado las fechas en las que estamos, y dados un par de problemas que he tenido con el ordenador, guardián de mis secretos confesables, esta mañana me ha tocado pasar por un detector de metales, y ocupar un puesto en una nutrida cola. Había una única ventanilla para tanto atribulado contribuyente. Y la cola avanzaba con tanta parsimonia que, al final, esta se ha fraccionado en pequeños grupúsculos, como anillos de una serpiente, que se animaban con todo tipo de charlas y conversaciones. Como es fácil imaginar, el bullicio era notable y no nada moderado. Y seguían pasando más y más personas por el detector de metales.

Me resulta muy difícil hablar en semejantes circunstancias, así que prefiero escuchar, si no me queda más remedio, y si la conversación tiene algún aliciente. Sea como fuere, no podía hacer nada más divertido que prestar atención a mis vecinos. Pero eso sí, cuando uno de ellos me ha preguntado, por señas he indicado que no podía hablar. Ha sido una necedad, puesto que tenía que explicarme en la ventanilla. Afortunadamente, a quien se ha dirigido a mí lo han atendido antes.

Este, volviéndose hacia atrás, ha comenzado la conversación con el posterior a él, y anterior a mí. El asunto, como no podía dejar de suceder, era aseverar que estábamos allí haciendo el tonto, pues nosotros, ha venido a decir, pagamos nuestros impuestos, religiosamente, mientras que políticos, y grandes empresas, evaden todo cuanto pueden, con el visto bueno de quienes ocupan el caduco poder, a los que luego esas empresas darán empleo a cambio de todas las exenciones que les han conseguido. El hombre ha hecho la exposición con una claridad meridiana. Una buena definición de la corrupción. El otro señor lo miraba y sonreía en tanto lo oía hablar.

-Lo malo -ha contestado el otro, el que me precedía inmediatamente- es que el gobierno se ha creado una red clientelar tan extensa y tupida que ya no hay forma de romperla. La cosa empieza a ser muy preocupante; los tentáculos ya llegan a casi todas las partes ¿Usted ha oído hablar del rey Midas? A este, por unos favores hechos, le dijo un dios que podía pedir un deseo. Y al rey Midas no se le ocurrió otra cosa mejor que pedir que se transformara en oro todo cuanto tocara. Como comprenderá usted pidió una solemne estupidez, una inutilidad: no podía ni comer ni beber, pues alimento que tocaba, quedaba inmediatamente convertido en oro. Ahora, y para el caso es lo mismo, estamos en la situación inversa: todo lo que tocan los políticos, que al parecer tienen ese don, que se lo han ganado a pulso, lo convierten en lo contrario del oro. Y el hedor es ya insoportable. Ni los establos del rey Augías.

-Yo -respondió el otro señor- no sé lo que haría ese rey para volver a la normalidad, o si se moriría de hambre y rodeado de oro. Pero está claro que nosotros podemos sacar a estos nuevos alquimistas del poder. Tenemos que votar -afirmó con entusiasmo.

No pude dejar de sonreír. Ganas me dieron de intervenir y decir que confiar en las urnas era una enorme ingenuidad. Era la amenaza que estaban utilizando últimamente los pensionistas por la constante presión a la que los somete el gobierno. De hecho este invierte más en enviar cartas a los jubilados, alabando su propia gestión y cantando sus excelencias, que en revalorizar las propias pensiones, que están por los suelos. Aun así yo no me acababa de creer que fueran a cambiar nada a través de las urnas. Las votaciones se producen cada cuatro años, intervalo muy largo, tanto que es capaz de producir el olvido de las cosas pasadas, y más si hay fútbol, y si un penalti ha sido real o inventado, o se ha obtenido una victoria a través de favores o no. Se pueden crear, también, y se hace, polémicas falsas. El tiempo, la pérdida del tiempo, el dejar que este transcurra sin hacer nada, y las vanas discusiones, se han convertido en otros protagonistas de la política y de ciertos periódicos. Algunas periodistas alaban la pasividad gubernamental adornándola con algún que otro título académico, tan de moda últimamente. Quien hace eso, según sesudos periódicos, es un Maestro del Tiempo. Y ahí está el mal, en que aquí hay mucho maestro y poco alumno. Al tal Magister temporis, le importa más la salvación de un político, o de una situación, confiando en que el tiempo todo lo cura, que atajar la gangrena que se extiende ya por todo el cuerpo. Como en el ajedrez en la política debería haber un reloj con muy pocos minutos.

Mis vecinos de fila seguían con su conversación:

-Expulsar al gobierno a través de las urnas -contestó el inmediato a mí- sucederá cuando no quede nada por corromper, cuando la situación haya llegado al límite. Mientras, y con pequeñas prebendas, se mantendrá mal que bien. Lo que sucede es que, como le digo, ya abarcan demasiado campo, tocan a demasiados sectores. Y la cosa se les está yendo de las manos.

-Y más que se les irá -afirmó con rotundidad- en las próximas elecciones.

Soy muy escéptico en estas materias. No obstante, pensé que algo de razón tenían las dos personas que me precedían en la fila. Pero ni uno ni otro habían comentado que el poder también tiene medios, y muy poderosos, para lavar su propia imagen, y hacer que las cosas no sean lo que parecen e incluso darles la vuelta. Es cierto, sin duda, que ejercer algún cargo desgasta; y que requiere de mucho poder, o de una gran imaginación, para perpetuarse en él. De imaginación y bien hacer nuestros políticos carecen por completo. Pues una vez más, ante los continuos escándalos de robos, falsificaciones, cajas b, desaparición de pruebas, quema de archivos en los juzgados, etc, etc, el poder ha reaccionado con la vieja fórmula que, alguna vez, le dio resultado: negarlo todo, echar las culpas a terceros, y hacer ver que todos somos uno y lo mismo. Y que si ellos roban y mienten, los demás no les van a la zaga. Un atraco efectuado por mil, queda impune. Manus manum lavat1. Ya lo advierte el viejo refrán: la que es puta no lo quiere ser sola. Ahora bien, no es lo mismo ejercer el oficio en la casa llana que pasear con el novio a la luz de la luna. No es lo mismo por mucho que se empeñen en hacernos creer que todos los gatos son pardos, de noche y a la luz de luna. No es lo mismo ser el protagonista de una orgía que bailar una jota en la plaza del pueblo, que es lo que hace la oposición. No obstante, no conviene fiarse ni de tirios ni de troyanos, aunque unas corruptelas sean más mediáticas que otras. De molinero cambiarás y de ladrón no escaparás, como diría el bueno de Sancho en semejante ocasión. A lo que le contestaría con otro refrán de su señor: Sancho, no con quien naces sino con quien paces. Confiemos en Dios y no corramos.

Una de las cosas que me pone más nervioso, que me duele, pero que me obligo a soportar de vez en cuando, es ver y oír las comparecencias del portavoz del grupo político en el poder, o del que tiene que salir a dar las explicaciones pertinentes de cualquier corruptela más o menos enorme y denunciada. Estos portavoces, no sé porqué, sin duda por mi ignorancia de cómo funciona la política, suelen ser personas groseras, mal educadas y con un punto de desprecio y chulería que los califican por sí mismos. Viéndolos decir tantas estupideces y majaderías, con el aplomo y la jactancia con el que lo hacen, culpando a tirios y troyanos del delito del que acusan a su partido, no hace falta indagar nada más. En alguna ocasión me he preguntado cómo los periodistas, ante tan grosera falta de educación, no se levantan, se van y los dejan solos con sus chulerías y falta del más elemental de los respetos.

-Tenga en cuenta -prosiguió el señor que iba delante de quien me precedía, siguiendo con su idea de las urnas- que somos muchos pensionistas, y hay muchos votos en juego.

No pude evitar sonreír.

-Y tenga usted en cuenta -le respondió mi vecino- que la inmensa mayoría de ustedes los han votado una y otra vez. Y llevan años despojándolos de la sanidad, de los medicamentos, de la educación… en fin, para qué seguir.

-Todo tiene un límite -dijo aquel a falta de mejores argumentos.

Sí. Todo tiene un límite, me repetí yo mentalmente. ¿Y dónde está este? ¿Donde hay que comer pastelillos porque no hay pan? ¿O en el infinito y un poco más allá? ¿Tiene límite la estupidez humana? Todo sistema político, como otras muchas cosas, es una creación humana. Imperfecto por lo tanto, sea el que fuere. La democracia ha sido atacada desde el mismo momento de su instauración, y por sus propios defectos. No le faltaba razón a Sócrates cuando decía que no estaba de acuerdo en que su voto valiera lo mismo que el de un zapatero. Era partidario de la constitución de Esparta. Ahora bien, en Esparta no hubiera podido existir Sócrates. Valga su queja como denuncia, aunque no le falta razón: la democracia ha terminado por convertirse en una tiranía. Haría falta un pueblo formado por personas preparadas, y sensatas, sensatas sobre todos, para que las soflamas y las promesas de los políticos fueran algo menos que papel mojado, cuando no mera palabrería. Y aun así dudo. Dudo. El miedo a perder el voto convierte al político en embustero, contradictorio, falso, desleal… Quizás todo tuviera solución si el político viera su labor, su trabajo, como un empeño social, como un deseo y un duro esfuerzo por mejorar las condiciones de sus coetáneos, y no como lo que es, o en lo que se ha convertido. Y estuviera dispuesto, en consecuencia, a irse cuando su programa o su acción no funciona. Esto es pedir peras al olmo. Lo sé. Para qué hablar del bueno y honesto Cincinato.

Llegado a este punto, me volvieron a sorprender mis vecinos. Optimistas en aquel momento, sin duda debido a que nos estábamos aproximando a la ventanilla, y detrás de nosotros había muchas más personas, el más alejado de mí, nos dio a conocer una idea que, por lo que contó, llevaba mucho tiempo fraguando.

-Mire -dijo- yo creo que al presidente del gobierno, y a los ministros, para evitar tanta corrupción y tango mangoneo, los teníamos que escoger no por votaciones y campañas, y cosas de esas que son muy costosas, sino como se elige al presidente de una finca: por riguroso orden de turno, y de forma obligatoria. Y un año en el cargo nada más. Nos ahorraríamos mucho dinero. Y para que nadie quedara descontento se haría una rigurosa lista de todas las autonomías. Y si este año le tocaba a un andaluz, al otro, a un vasco… además los ministros no serían de una comunidad, sino uno de cada una, también por turno. Así a lo mejor hasta fomentábamos la solidaridad entre nosotros. Se vería entonces que no todos somos iguales, ni mucho menos.

Mi vecino no pudo evitar una carcajada. Yo me acordé de aquel arbitrista, retratado por Quevedo, el cual le presentó un memorial al rey para invadir la pérfida Albión. Proponía para ello, y a fin de evitar gastos en otra Armada Invencible, secar la mar salada con unas grandes esponjas. De esta forma nuestro ejército podría pasar a Inglaterra a pie enjuto y luchar con todo sosiego y comodidad. Y estando secos.

Y en eso requirieron al arbitrista a la ventanilla. Mi vecino se volvió hacia mí, y entre carcajada y carcajada me dijo que había días en los que valía la pena hacer cola y salir de casa. No se le había ocurrido la brillante idea de escoger al presidente del gobierno, y a los ministros, como se escoge al presidente de una finca o escalera, por riguroso turno de piso y puerta. Desde luego no todos somos iguales: muchos pagamos nuestros impuestos; y hay algunas personas con más ingenio y ganas de solucionar los problemas que ciertos portavoces con sus arrogancias y su pésima educación. No, no todos somos iguales. Afortunadamente.





1 Una mano lava a la otra mano.



Etiquetas:   Corrupción

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