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La guerra comercial USA-CHINA


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29/03/2018


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Estados Unidos sufre las consecuencias de la globalización. Su industria declinó en la medida que las multinacionales se trasladaron a China, atraídas por el programa de Joint Ventures que abría la economía a la coinversión, con una relación de 49-51%, administración pareada y la seguridad de no permitirse conflictos laborales. Esta astuta medida permitió a China industrializar el área de Hong Kong, generando un polo de inversiones que terminó con la industria nacional de Estados Unidos y la Unión Europea. Las multinacionales son apátridas y emigraron al Asia en pos de gananciales seguros, sin ponderar que eso podría generar, como ocurrió, desempleo y destrucción de grandes centros industriales, como Detroit.


Estados Unidos, por otra parte, ha ido financiando su déficit fiscal con emisión de bonos soberanos, los cuales han sido adquiridos principalmente por China, que ha logrado con ello una capacidad para jaquear a la Reserva Federal, pues si decidiera liquidar los títulos en su poder, podría quebrar la política monetaria de EEUU. Paralelamente, China ha ido organizando en torno al yuan una nueva organización monetaria internacional que enfrenta al FMI y busca enlazar financieramente en torno a China, a una serie de países que se han alineado detrás del gigante asiático, beneficiándose de las inversiones blandas que canaliza China en áreas estratégicas, como minería y generación de energía. 

La influencia de China en la retaguardia norteamericana se ha expresado en una creciente presencia en proyectos de infraestructura. Bolivia ha sido beneficiario de inversión y tecnología china para levantar un complejo industrial para la generación de gas y explotación de recursos mineros como el litio.

Esto evidencia la acción imperialista de China en el mundo, lo que genera un impacto en el orden mundial de pos guerra, que fuera  liderado por EEUU. como superpotencia emergente, con organismos claves como el GATT, el Banco Mundial y el FMI. Ahora, en una dispersión del poder mundial, EEUU sufre la competencia de Rusia y China, pero esta vez no hay un choque ideológico, los Estados Nación occidentales perdieron peso específico para fiscalizar el orden que de facto se ha construido con el accionar supranacional de las corporaciones con fines de lucro. El orden propiciado por las multinacionales (Organización Mundial de Comercio) busca un gobierno planetario supranacional, quitando soberanía a los países y trasladando las decisiones a instancias que esas corporaciones manejan. Los demócratas, con Obama y Clinton, representaron estas ideas globalizadoras neoliberales. Donald Trump, con voluntad e intuición, se ha enfrentado a esta tendencia a manotazos, quizá incoherentes, pero que analizados por sus efectos prácticos, representan la reacción nacionalista ante una depredación económica, monetaria y comercial interna.

Subir los aranceles al acero y aluminio busca proteger la industria siderúrgica norteamericana, aplicar trabas a las inversiones chinas es querer frenar la competencia desleal del socio comunista liberal que desestabiliza silenciosamente los enclaves americanos en el planeta. El imperio estadounidense está en crisis y en medio de contradicciones vitales. El poder militar ya no es suficiente ni tiene la superpotencia las riendas financieras para costear su rol de gendarme mundial. Con Rusia en el camino, compitiendo por áreas de influencia, estamos presenciando el inicio de nuevos bloques y nacionalismos. 

Mirada la crisis desde Chile, un país menor, de economía extractiva, que apostó a abrir espacios comerciales por el camino de las alianzas estratégicas basadas en tratados de libre comercio y acuerdos de asociación política con países de todo el orbe, un cierre de las economías terminaría afectando su comercio exterior. 

En un escenario de política exterior que también nos exigirá alineaciones poco gratas, un Estado como Chile, entregado a la fecha al poder de las multinacionales que usan en su beneficio las reglas impuestas desde el orden mundial,  tendrá que mirar de nuevo hacia la cooperación regional para lograr una seguridad alimentaria y energética. 

Pero esto exige que en la política interna se generen consensos de Estado y así recuperar una mayor autarquía en energía, salud y alimentación, para abrigar con buenas relaciones exteriores nuestros territorios y nuestra población, pasando la crisis mundial que causará la guerra comercial declarada por Trump y evitando los coletazos que de seguro nos golpearán.





Hernan Narbona Veliz Periodismo Independiente, 28 de marzo de 2018.



Etiquetas:   Tendencias   ·   Globalización   ·   Rusia   ·   Estados Unidos   ·   China

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