Escribo estas líneas como un sentido homenaje a los 44 submarinistas argentinos que perdieron la vida a bordo del Submarino ARA San Juan y por que como miembro de esa singular y especial cofradía compuesta por todos los submarinistas, sin importar la nacionalidad, me siento muy afectado y compenetrado con el sufrimiento que probablemente les toco vivir y es que hay que conocer como se organiza y funciona un submarino para comprender la magnitud de este terrible evento que tomó la vida, las esperanzas y los sueños de cada uno de ellos y de sus familias, pero que a manera de compensación refuerzan los lazos silenciosos y siempre presentes entre quienes, como ellos, compartimos voluntariamente la profesión, la pasión y el compromiso de sabernos tripulantes de uno de los mejores y mas poderosos inventos que ha producido el ingenio humano para la defensa y seguridad nacional, que forma el carácter y compenetra los espíritus de quienes los tripulan, haciendo de su convivencia abordo una experiencia que nos marca y une literalmente para toda la vida.




