¿Gobierno nervudo o gobierno nervioso?

 

.com,  "La ley de Diógenes", tuvo que ver con la relación de cercanía-lejanía entre el Poder y el Talento. Ahora, me planteo ofrecer a mis lectores interesados en el tema, una serie de tres (3) entregas donde más allá de la ironía anecdótica, traigo a colación el aporte de uno de los cientistas sociales más relevantes del siglo pasado, quien de manera orgánica llegó a desarrollar una teoría al respecto.

He aquí la primera entrega de la serie:

Bajo el paraguas del título, procuraré enfocar pequeños aspectos relacionados con el ejercicio del poder y el gobierno en general, sin que ello impida que los conceptos que esboce tengan validez hasta en las instancias más domésticas, como pueden ser la escuela, la familia o las simples relaciones interpersonales. Dejando por sentado, por supuesto, que el Poder, como tal, no existe por sí solo sino que siempre es el resultado de una interacción, como mínimo entre dos partes concomitantes o concurrentes.

He resuelto amparar lo que escriba en ésta y siguientes entregas bajo el duo Nervudo-Nervioso, más que por proponer dobles sentidos o por hacer atractivo un título, por hacer honor, justamente, al carácter interactivo del poder y su ejercicio. Interacción, la cual, se nutre de las capacidades de comunicación que tengan, respectivamente, los entes que entrañan ese ejercicio de poder.  Tan estricta consideraré esta condición que, si uno de los entes envueltos está poco comunicado o incomunicado, poco o ningún poder puede ejercer; más aún, poco poder se puede ejercer sobre el mismo ya que quien pretenda ejercerlo querrá hacérselo saber, de alguna u otra forma.

Es así que si Poder implica Comunicación, para el ejercicio del mismo es necesario garantizar y robustecer en medida idónea los canales de comunicación pertinentes.  Así tenemos que, en un organismo o sistema, por mucho o por poco estructurado y organizado que el mismo sea, cuanto más fuertes, vigorosas, variadas, distribuidas, interconectadas sean sus nervaduras,  más fluidas, genuinas y legítimas podrán ser las relaciones de poder que en el mismo se sucedan y manifiesten.

Esto, que pareciera verdad de Perogrullo, no ha dejado de sorprendernos en su alcance durante estos últimos días,  vistos los recientes eventos del norte del África.  A comienzos del conflicto libio, hubo en la prensa declaraciones de un alto ejecutivo de la OTAN afirmando que la solución de Libia no era militar: ¿Será de qué tipo, me preguntaba yo? ¿Será que el nerviosismo de los tomadores de decisiones superó la capacidad de comunicación del sistema nervioso propio de ese país y del que lo interconectaba con la comunidad internacional? ¿Será que el sistema nervioso de ese país se robusteció tanto en los últimos años como para hacer factible la divulgación y multiplicación veloz de una protesta –tomando de paso por sorpresa al dictador-, pero no lo suficiente como para conseguir, o siquiera propiciar, un estado de equilibrio que, aunque precario, evitara segar tantas vidas?  ¿Será que el sistema no llegó a ser suficientemente nervudo?

Todas las dictaduras, y especialmente en aquellas donde quien domina se cree imperecedero y hasta inmortal, se caracterizan por tener sistemas nerviosos flacuchentos, enclenques. El poder de coacción del gobierno se manifiesta generalmente por la fuerza bruta, por el poder de fuego inclusive; y siempre que el poder de convicción ejercido por su propaganda se topa con los umbrales de tolerancia naturalmente impuestos por la dignidad de las personas.

Pero no es de Libia que quiero hablar. Además, hoy día, fines de agosto del 2011, la crisis la conocemos más que nada por sus peripecias militares. No sabemos a ciencia cierta si será posible instaurar allí algún sistema de gobierno aceptable, y yo, no tengo suficientes competencias para un análisis de tal naturaleza, más allá de las que me provee la lógica elemental de las cosas.

Lo que me interesa con esta entrega inicial, es proponer un marco para una serie de temas que espero desarrollar en los próximos días, los cuales, en un ejercicio de gimnasia funámbula, nos permitan caminar sobre el hilo que ata Poder y Comunicación, el cual, quien a mi juicio más claramente lo ha estructurado en forma teórica y compendiado en una obra orgánica, hace ya unos cincuenta años, es el profesor Karl W. Deutsch, (Praga 1912-Nueva York 1992).[1]

Deutsch concibe la política no como un fin en sí misma, sino como un instrumento de aprendizaje social, llegando así a afirmar que “es más probable que la política funcione como un instrumento de supervivencia y desarrollo que de destrucción, siempre que se la guíe mediante intromisiones cognoscitivas”

O sea, y tal como amargamente se quejaba el Diógenes de mi primer artículo, sólo en la medida en que la potencia del  Conocimiento esté más cerca de la Política, y viceversa, estaremos a salvo.

[1] Deutsch, Karl W. (1963). Los Nervios del Gobierno. Modelos de Comunicación y Control Políticos. (“2da. Reimpresión en español, 1980). Buenos Aires. (pp. 274).
UNETE



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