Para iniciar hoy con este texto, dado que es atípico, como lo ha sido el sismo de 7.1 grados treinta y dos años después, va un profundo y sentido abrazo de gratitud a todos los capitalinos –y voluntarios de otras partes del país- que están mostrando la cara más generosa, amable, empática, fuerte y solidaria hacia las personas y familias afectadas y que se han quedado sin seres queridos y/o sin patrimonio. Este México es el que resuena en el pecho y en la conciencia de todos cada vez que pensamos en eso, en lo que “debe ser” México.




