30 de enero, el día tomo mi mano y no la soltó, el día en que en su mirada y sin palabras, me decía; ¡Quiero que estés conmigo!. Me tomé de valor, y lo abrace primero, recuerdo sentir como palpitaba su corazón al estar recargada en su pecho. Por un beso inocente inclino su cabeza y logré verle más de cerca, tan solo pensaba que no había algo más perfecto que estar en sus brazos.



