El deseo configura nuestras vidas, nuestro entorno, nuestras relaciones. Cada uno de los elementos que componen la compleja trama de nuestra existencia individual, esta conducido, cimentado y alimentado por nuestro deseo. Desde el momento en que la conciencia de “si mismo” es adquirida, el individuo se embarca en un complicado y largo viaje hacia la búsqueda de su deseo (o el deseo), de aquello que lo completará/saciará definitivamente. Desafortunadamente, por más diverso, dinámico y atrevido que este viaje sea, nunca llega a nada, o al menos a nada permanente… no como nosotros lo imaginamos.




