Amantes transeúntes

 

. Una profesora, imaginaba él, a la que la docencia la traicionaba con su mirada de autoridad. Una mujer a quien cada mañana él le inventaba una nueva historia. Ella lo veía venir a paso rápido por la misma vereda, hasta que se cruzaban las miradas y justo allí, al instante de un mudo saludo, ella bajaba la vista y él la imaginaba desnuda y sonrojada, en una playa fantástica.Cada mañana, se intuían, el uno al otro, en la misma esquina, a la misma hora y ambos jugaban al silencio del deseo, colocando historias, inventando ella que él era un solitario mago que bajaba a instalarse en los bulevares, sirviendo de guía en los cruceros del puerto. Él la imaginaba rodeada de niños, cantando en voz suave canciones y rondas.Pero un día no se encontraron más, pasó el verano, volvieron las clases, pero la profesora pudorosa de mirada orgullosa no subió más a su liceo. El magisterio simplemente la había llevado a otro pueblo en un ascenso en su carrera de maestra. Y nunca más la buscó a la distancia, proponiéndose saludarla. Y ella se fue a otros amaneceres, recordando al varón misterioso que la observaba de lejos, sin decir palabra. Cada cual anclado a su destino, pero ambos saboreando la complicidad cotidiana que les encendía las mejillas en una pasión sin tapujos, que no pudo ser, que no debía ser.

UNETE



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