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"Literatura escrita por mujeres" la escritora Carmen de Burgos


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13/03/2017


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La tarde, de primavera, estaba llena de promesas de fecundidad. El campo ofrecía ya la plenitud de la cosecha con las mieses que comenzaban a enrubiar y mecían las espigas de granos hinchados y lucientes. Un intenso olor a día de primavera lo envolvía todo de un modo penetrante.


Después de los días grises del invierno reseco, árido y triste, se dejaba sentir con más fuerza al despertar de la Naturaleza en pleno campo, como si se escuchasen las pulsaciones de un corazón que cobraba nueva vida con la circulación de la savia que lo reanimaba todo.

Pura apareció en la puerta del solitario cortijo, puso la mano derecha como toldo a los ojos y tendió la vista a lo largo del camino, que se extendía zigzagueando entre los declives de las montañas.

Se veía avanzar por él una burra cargada con capachos, sobre los que iba colocada una arqueta de madera. A su lado, un hombre, varilla en mano, parecía ayudarle a andar, más que arrearla, para que continuase su camino.

Puñal de claveles, de Carmen de Burgos.

Carmen de Burgos Seguí. (Rodalquilar –Almería–, 10 de diciembre de 1867 – Madrid, 9 de octubre de 1932), fue periodista, escritora, traductora, pedagoga y activista; y firmó  sus obras bajo los seudónimos de Colombine, Gabriel Luna, Perico el de los Palotes, Raquel, Honorine o Marianela.

Fue también la primera periodista española que trabajó en una redacción y la primera corresponsal de guerra de este país. Escribió más de cien relatos cortos y novelas largas, redactó miles de artículos, dio conferencias por varios países y dejó su último aliento en convertir España en una república democrática, progresista y afanada en educar a sus habitantes.

José de Burgos dio a su hija Carmen la mejor educación que se podía ofrecer en ese momento. Le abrió su biblioteca y le cedió sus periódicos. Aquellas lecturas de poetas románticos, novelistas modernos y filósofos escépticos fueron forjando el carácter autodidacta de Carmen de Burgos. Y fue quizá ese interés por la literatura lo que la llevó a «fascinarse por un tenorio» que le escribía versos de amor. Arturo Álvarez Bustos era un periodista hijo de un conocido poeta y director de periódico. La almeriense se casó con él, cuando aún no sabía que, en realidad, se trataba de un «señorito juerguista».

Se casa a los 16 años y tiene tres hijos. El primer bebé falleció trece horas después de nacer, la segunda a los dos días y el tercero a los ocho meses. La ansiada descendencia llegó después del cuarto parto. En 1895 nació la única hija que sobrevivió a la almeriense. La escritora amó y cuidó a María de los Dolores Ramona Isabel como lo más grande de su vida. Aunque María Álvarez de Burgos (como se conoció después), a los 34 años, perdida entre la cocaína y los desastres amorosos, asestara un último estoque al corazón vapuleado de su madre.

Harta de un marido infame, a finales de agosto de 1901, Carmen de Burgos Seguí metió sus cosas en una maleta y se fue a Madrid. Llegó con su hija y un título de maestra que había sacado, estudiando por las noches, a escondidas de su esposo. Tenía 33 años y una plaza en un colegio de Guadalajara, pero lo que de verdad quería era vivir en Madrid, porque su ambición ya no era formar una familia numerosa. Ansiaba trabajar en periódicos y entrar en los círculos intelectuales y de escritores de la época.

E1 de enero de 1903, Augusto Suárez de Figueroa fundó el Diario Universal, tras abandonar la dirección del Heraldo de Madrid. El famoso periodista malagueño llamó a Carmen de Burgos para que formara parte de su periódico. Pero esta vez no le pidió una colaboración. La contrató. Jamás había ocurrido algo así en España. Era la primera vez que se reconocía a una mujer como periodista profesional.

En su columna Carmen de Burgos trataba de modas y modales pero introducía ideas que ya se estaban popularizando en otros países europeos. Hizo campaña entre sus lectores para que se legalizara el divorcio, lo que le valió la admiración de Giner de los Ríos y Blasco Ibáñez, pero ataques por parte de la Iglesia y de los sectores conservadores que buscaron desacreditarla.

Carmen fue publicando las cartas que recibía de los lectores, los intelectuales y los cargos públicos sobre el divorcio, y en marzo anunció que el debate continuaría en un libro titulado El divorcio en España. Aquella obra recogió la opinión de Unamuno, Baroja, Azorín, Vicente Blasco Ibáñez, Antonio Maura, Francisco Silvela o Raimundo Fernández Villaverde.

En 1904 apareció El divorcio en España y, como ahí recogió las voces de tantas personas, la autora lo presentó como «un libro ‘colectivo o social’, muy adecuado al espíritu de nuestro tiempo».

En 1905 el Ministerio de Instrucción Pública le concedió una beca para estudiar los sistemas de enseñanza de otros países. Carmen de Burgos viajó con su hija y una valija llena de libros, y se lanzó al descubrimiento de Francia, Italia y Mónaco. En 1906 volvió a Madrid y se estableció en la calle Eguilaz, número 7, cerca de la Glorieta de Bilbao. De su paso por Francia había traído un propósito que ya no abandonaría el resto de su vida. Carmen estaba convencida de que había llegado el momento de que las mujeres pudieran votar y no pararía hasta conseguirlo.

Entre 1907 y 1909 es trasladada a la Normal de Toledo y en 1909 regresa a la Escuela Normal Central de Maestras de Madrid. En 1908 funda la Alianza Hispano-Israelí en defensa de la comunidad sefardita internacional. Su difusión se realiza a través de la Revista Crítica.

Muchos artistas le declararon su amor y ella rechazó a todos. Algunos, ofendidos y despechados, la llamaron frívola y coqueta. Ella, para esquivar estos galanteos, alardeó de «incapacidad de amar». Hasta que en abril de 1908 apareció en el salón un joven que estudiaba derecho. Tenía 18 años y se llamaba Ramón Gómez de la Serna. Ella tenía 37, pero la diferencia de edad no detuvo el flechazo. Bastó un año para que un día, de pronto, unos besos derribaran la armadura que Carmen se había calzado. Así empezó una relación que pasó por la pasión, los celos, la admiración, la complicidad, la traición y la amistad. Ella ya era reconocida y admirada en el mundo literario. Él aún no. Pero Carmen de Burgos siempre creyó en su talento y lo apoyó mucho antes de que se hiciera famoso por sus greguerías.

Desde que el padre de Gómez de la Serna escuchó hablar de este idilio empezó a mover hilos para intentar separarlos. En 1909 don Javier consiguió que nombraran a su hijo secretario de la Junta de Pensiones de París. Ramón se fue a vivir a Francia y Carmen  permaneció entre Madrid y Toledo.

Las cartas de amor y una visita a París trituraron las intenciones del padre. Al cabo del tiempo Ramón regresó a Madrid y volvieron a vivir juntos. En las décadas siguientes sólo los separaría el trabajo. Ella nunca dejó de viajar ni rechazó las invitaciones a dar conferencias en cualquier lugar del mundo por estar a su lado.

En 1911 es nombrada profesora de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, trabajo que compatibiliza con clases a ciegos y sordomudos.

Implicada en la causa republicana, lucha por los derechos de las mujeres y los niños, la oposición a la pena de muerte, el divorcio y el sufragio universal. Esta lucha se ve materializada en 1920 con la creación de la Cruzada de las Mujeres Españolas. Llega a presidir la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas.

Fue miembro activo de diversas asociaciones como la de la Prensa o el Ateneo. Escribió cientos de artículos en periódicos madrileños como El Globo, Diario Universal, La Revista Universal, La Correspondencia de España y ABC entre otros, siendo la primera corresponsal de guerra en España. También escribió para otras publicaciones como Tribuna Pedagógica o La Educación. Fue redactora de El Heraldo y El Nuevo Mundo de Madrid.

A lo largo de su vida, Carmen de Burgos escribió más de cien relatos cortos y novelas. Y en muchas de ellas hacía ver cómo la sociedad arrinconaba a la mujer detrás de las cortinas. Toda su lucha social se ve reflejada en sus escritos. Publica más de 50 novelas cortas, muchas publicadas por entregas en El Cuento Semanal. Las más destacadas son: El tesoro del Castillo (1907), Senderos de vida (1908), El hombre negro (1916), La mejor film (1918), Los negociantes de la Puerta del Sol (1919), El Misericordia (1927) y Cuando la ley lo manda (1932).

También publica diversas novelas como La hora del amor (1916), La rampa (1917), Los espirituados (1923) o Quiero vivir mi vida (1931). Entre sus ensayos prácticos de temática social y mujer, destacan: Arte de saber vivir (1918), El arte de ser mujer (1922), La mujer moderna y sus derechos (1927), El divorcio en España, 1904 y La mujer en España, 1906. Entre sus traducciones: Historia de mi vida (muda, sorda y ciega), 1904, La guerra ruso-japonesa, 1904, La inferioridad mental de la mujer, 1904, Loca por razón de Estado, 1904 y Los Evangelios y la segunda generación cristiana, 1904

El 7 de diciembre de 1929, en el Teatro Alcázar de Madrid, Ramón Gómez de la Serna estrenó Los medios seres. Allí estaban sus compañeros y amigos: la periodista Magda Donato, Salvador Bartolozzi, Enrique Jardiel Poncela y, por supuesto, Carmen de Burgos.

La hija de Carmen, María Álvarez de Burgos, había vuelto rota de Argentina. Traía la frustración de un matrimonio fallido y una intensa adicción a las drogas. La madre se empeñó en que Ramón le diera un papel en la obra. No fue fácil. Algunos actores se opusieron pero Carmen insistió y María acabó formando parte de los actores.

Aquella noche, al terminar la función, Carmen  descubrió que su hija, María, y su pareja, Ramón, se habían hecho amantes. La prensa no aireó el escándalo pero sí informó de su huida. El 5 de enero de 1930, apareció en “El Sol” una noticia titulada: Ramón se marcha a París. Al final no fue el padre de Ramón quien los separó. Fue la hija de Carmen. El golpe cayó en un corazón que llevaba años enfermo.

Carmen se afilió al Partido Republicano Radical Socialista y en la formación querían que se presentara como candidata a diputada en las elecciones de 1933. Su tiempo pasaba entre la actividad frenética de los mítines y el descanso que le exigía su corazón. En noviembre de 1931 ingresó en la masonería donde fundó la logia Amor de la que era Gran Maestre.

El 8 de octubre de 1932, mientras participaba en una mesa redonda sobre educación sexual en el Círculo Radical Socialista, Carmen de Burgos empezó a sentirse mal y fue trasladada a su domicilio donde le atendieron tres médicos, entre los cuales estaba su amigo Gregorio Marañón, pero sin éxito. Falleció a las dos de la madrugada del día 9 y fue enterrada en el cementerio civil de Madrid en presencia de los principales políticos e intelectuales de la época. Clara Campoamor, junto con varios intelectuales, pidió que se diera su nombre a una calle de Madrid. Tras la Guerra Civil y la victoria del régimen franquista, su nombre fue incluido en la lista de autores prohibidos y sus libros desaparecieron de las bibliotecas y las librerías.

Carmen de Burgos fue una de las mujeres más reconocidas y admiradas en las primeras décadas del XX. España quedó pequeña a su fama y en su madurez fue aclamada en Europa y América Latina. Era una de las pocas mujeres de referencia de principios del siglo XX, junto a Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor o Victoria Kent.

Se la considera una de las primeras defensoras del papel social y cultural de la mujer. Defendió asimismo la libertad y el goce de existir.

Entre sus novelas más populares puede citarse Puñal de claveles, escrita al final de su vida y basada en el suceso conocido como el crimen de Níjar, que tuvo lugar en 1928 en el Cortijo del Fraile, en los Campos de Níjar, y que fue una de las inspiraciones con que contó Federico García Lorca para sus Bodas de sangre.







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