Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Elecciones Municipales   ·   Quintana Roo   ·   Joe Biden   ·   Donald Trump   ·   Poesía   ·   Corrupción   ·   Andrés Manuel López Obrador   ·   Sociedad   ·   Tecnología   ·   Escritores



Revolución y Napoleón, un punto de inflexión en la historia. (II)


Inicio > Historia
06/03/2017


1260 Visitas



Napoleón plasmaría su visión de la concepción cultural, política, social y moral de Francia mediante una hibridación de la organización prerrevolucionaria estamental y la nueva organización con tintes de igualitarismo de la vida francesa surgida de la Revolución.


El corso tomó los aspectos del Antiguo Régimen del planteamiento divisorio centrado en el gobierno de una élite, que trascendía a la visión moral de la sociedad en todos sus campos, con la palabra de Dios como base. Napoleón, así, no continuó el fomento del destierro de la idiosincrasia gala como defensora de Cristo, pero tampoco renunció a las nuevas ideas de libertad individual, meritocracia, igualdad ante la ley y así mismo cierta igualación de formas y fondos entre grupos sociales, ahora mejor llamados clases. Se había acabado la inmovilidad social de nobleza y pueblo propiciada por el imparable auge de la burguesía, uno de los indudables causantes de la revolución, que derivó en la consolidación de nuevas libertades y derechos civiles ahora amparados bajo la legalidad suprema. Las prerrogativas y privilegios de la antaño poderosa aristocracia sucumbieron ante la nueva ola de liberalismo político, económico y social, hecho del que, astutamente, el corso Bonaparte supo sacar provecho.

Todo ello no es casual que coincida en un momento histórico de nueva recuperación de lo clásico, con el Código Napoleónico como gran ejemplo de una concepción del derecho basada en los planteamientos de la legalidad romana. Napoleón, así, configura la forma de derecho que guiará a Europa desde entonces, dando al traste de forma definitiva con el Antiguo Régimen pero sin asimilar los aspectos radicales y de exaltación revolucionarios. Será tal su influencia para la posteridad que sólo el hecho de haber dominado Francia durante escasa quincena de años -cinco como cónsul y diez como emperador- supuso un punto de inflexión que propició que las entidades europeas conocidas hasta entonces no volvieran a ser las mismas. El Gran Napoleón quiso repetir la gesta del Gran Alejandro, pero trascendiendo las fronteras del Mediterráneo:

Francia recuperó para siempre, y eso incluso a pesar de ser derrotado Napoleón por toda Europa, el prestigio perdido durante la Revolución, Gran Bretaña comenzaría a ser el primer gran imperio colonial arrebatándole a la propia España su calidad de primera potencia, la propia España no se atrasaría más en el camino hacia el liberalismo -sólo hasta el Franquismo, pero ésa es otra historia de la que posteriormente hablaremos-, Italia comenzaría a tomar conciencia de su integridad como sujeto político independiente, de su identidad como patria, y, lo más significativo quizá, el gran corso abolió para siempre, después de mil años de vida, el otrora sacrosanto Imperio Romano Germánico. Alemania, así, comenzaría a tomar también conciencia, como Italia, de su identidad independiente, comenzaría un rápido camino hacia la unificación frente a su largo pasado de fragmentación política y territorial. Napoleón, un simple advenedizo en la nueva república igualitaria francesa, sin atisbo de sangre real, jugó con fuego y casi sin quemarse hasta el final, colocando a numerosos miembros de su familia en una sustancial parte de los tronos europeos, y acabando para siempre con la autoridad moral histórica de la Europa Medieval y Moderna, un Sacro Imperio que, pese a su antaño influjo, llevaba ya tiempo reducido a un mero símbolo. Ya sólo quedaba en Europa, como guía moral, el Papa, sumiso al gran césar al presenciar la propia coronación de éste como emperador de los franceses, que no de Francia, sin ser el sucesor de San Pedro el que le colocase la corona; ya se encargó Napoleón de coronarse a sí mismo, para repudio de la vieja aristocracia francesa y los altos poderes continentales, que no podían tolerar que un simple corso intentara ocupar el sagrado trono de los legítimos herederos de San Luis.

Es entonces cuando las ambiciones expansionistas exacerbadas de un hombre que creía reírse del mundo y no conocer el fracaso se tornaron, como suele ocurrir al volar demasiado alto, en su contra. Napoleón cometió el error de creer que podía ganarle al gigante ruso, potencia hegemónica desde los Grandes Pedro y Catalina el pasado siglo, que jugó además a su favor con la baza de dos coincidencias que no eran más que fruto de los caprichos de la naturaleza: el cruel invierno y la inmensidad de su territorio. Y entonces Alejandro I Romanov salió triunfante frente al invencible Bonaparte, que en un abrir y cerrar de ojos observó impasible e incrédulo como toda su construcción que pretendía milenaria se hacía añicos en apenas una década de existencia. Y aquél que llegó a ser su suegro, Francisco I Habsburgo, al que arrebató originariamente el poder sacro-imperial para crearle emperador de un viejo archiducado germánico, Austria, unió fuerzas con los Romanov, los Hohenzollern prusianos, unos de los principales beneficiados del comienzo del surgimiento del nacionalismo alemán, los Hannover ingleses y los exiliados Borbones franceses para hacer pedazos la obra bonapartista, y hacer, cuestión harto complicada después de tantos años, tras más de dos décadas de transformaciones ideológicas, políticas, filosóficas, sociales y culturales de una radicalidad incuestionable, como si nada hubiera ocurrido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Etiquetas:   Historia de Edad Contemporánea   ·   Política   ·   Revolución Francesa   ·   Historia   ·   Historia Universal   ·   Francia

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
21473 publicaciones
5225 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora