Vivimos en un mundo consumista. Ciertamente, hemos pasado de mercantilizarlo todo a una sociedad en donde el poder de consumo dice mucho de quiénes somos y en qué tipo de ambiente nos desenvolvemos. Nos hemos vuelto tan consumistas, que hasta para algunos intelectuales se debe modificar la noción que teníamos de pobreza: Zygmunt Bauman (1925), uno de los sociólogos y pensadores más lúcidos de la actualidad, dice que nos regimos por una “estética del consumo”, en donde todos buscamos demostrar lo que somos a partir de lo que consumimos. Y, como resultado de esta necesidad de mantener una imagen mediante el consumo, los pobres son aquellos que no tienen capacidad de consumir y que no cuentan con los recursos para adaptarse a la nueva estética.



