. Esta categoría se usa en aquella generación que nació en las últimas dos décadas del siglo XX, es decir, que se criaron con la explosión y masificación del internet, creciendo con un dominio innato de éste y las distintas tecnologías, envueltos en un nuevo lenguaje y cambiando drásticamente las experiencias en comparación a la generación de sus padres.
La explosión del internet en el mundo provocó importantes giros en la historia, como la democratización de la información y la globalización; a pesar de los reparos que puedan haber en este enunciado, podemos hablar de un acceso casi ilimitado a todo tipo de información en cualquier lugar del mundo que ciertamente derribó barreras sociales, geográficas y económicas. Este cambio implicó un aumento exponencial en la complejidad, no sólo real-tangible al haber mayor oferta de posibilidades de distinta índole, sino también virtual: una disponibilidad infinita de información y comunicaciones en un solo lugar. Al mismo tiempo, esta productividad y eficiencia que permite la era del internet, potencia la capacidad del “multitask” o hacer múltiples tareas al mismo tiempo, pero quita profundidad en éstas, dedicando cada vez menos tiempo a distintos quehaceres. Esto genera sentimientos de ansiedad producida por el bombardeo de información imposible de abarcar en su totalidad. En este escenario, los “millennials” pueden acceder tanto a la red cibernética como a viajes, frecuentes cambios de trabajo, convivencia en pareja, etc., con el objetivo de conocer y experimentar diferentes realidades; o en otras palabras, acumular información, con todo lo bueno y malo que esto conlleva.
Es así como Clayton d’Arnault en su artículo “Drowning in a Sea of Information – A personal account and analysis of information overload ” habla sobre el concepto de “Infomanía”[1] que se define como “el deseo compulsivo de revisar o acumular noticias e información, típicamente a través del celular o computador”. Cómo no pensar en los zombies de día que llenan calles, parques y plazas, jugando Pokemon Go, actualizando perfiles, fotos y noticias en múltiples plataformas sociales como Facebook, Instagram, Snapchat, Pinterest, etc. Y es que la tecnología ya se ha vuelto una extensión de nuestros cuerpos biológicos, imbricada en las culturas y sociedad moderna. Aquí el concepto acuñado por Georg Simmel de la “actitud blasé”, utilizado para definir el tránsito de las personas en la ciudad con cierta indiferencia ante la gran cantidad de estímulos que esta traía, revive y se redefine, donde el estímulo más relevante viene del dispositivo móvil que todos tenemos, poniendo cada vez menos atención en nuestro alrededor, pasando menos tiempo en y con la naturaleza, pero más en un mundo virtual ajetreado. Sin embargo, esta apertura a la información es un arma de doble filo: como todos pueden usarla, todos pueden construirla también, lo que conlleva por un lado al fortalecimiento de la sociedad en tanto co-construye realidades y no depende tan sólo del poder hegemónico. Pero por otro lado, existen tantos puntos de vista como personas en este planeta, por lo que la búsqueda por el equilibrio en la vida basado en la correcta información puede volverse una búsqueda sinfín.En este contexto, surge una importante tensión que pareciera esfumarse en las generaciones posteriores a los “millennials”: ¿Dónde marcar la confusa y delgada línea de la tecnología y la humanidad? Es posible que esta interrogante venga desde la melancolía ante la pérdida de relaciones humanas reales –no virtuales- que esta era ha producido, donde se maximizan los vínculos virtuales, pero una minoría de esos son considerados realmente amigos y donde las experiencias se viven a través de la cámara de un celular para exponerlo en las redes y compartir contenido e información. Sin embargo, esta crítica hacia el modo virtual y masivo de operar de la generación “millennial” se vuelve inestable y problemática, ya que, como dice el personaje de Christopher McCandless en la película “Into The Wild” (2007): “La felicidad sólo es real cuando es compartida”. [1] https://digitalculturist.com/drowning-in-a-sea-of-information-563a3160efbb#.fz1j5shtd