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¡¡Sexo!!


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29/11/2016


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Es increíble la obsesión occidental con el sexo.

Unos lo defienden a toda costa.Otros lo cuestionan sin remedio.Otros ven en él la panacea.Otros le achacan todo mal.Algunos lo divinizan sin fundamento.Muchos lo realizan sin descanso (y sin alegría).Bastantes se privan de él sin necesidad.Demasiados teorizan sobre lo "normal" y "anormal" del sexo...

Luego están los contabilizadores y estadísticos y matemáticos de lo sexual: 

¿Cuántas veces lo haces? ¿Cómo? ¿Con quién? ¿El qué? ¿Dónde? ¿Por qué?¿Qué es lo sano o normal o ideal o deseable para "la" Felicidad?

Y sus metafísicos:

¿Es genético? ¿Es instintivo?¿Es cultural?¿Es aceptable o sólo parafílico? ¿Es espiritual?

Es sexo es continuamente intelectualizado, idealizado, sobrevalorado, infravalorado, despreciado, censurado, perseguido,  tergiversado, traficado, mezclado y vuelto a remezclar con toda clase de teorías, moralinas e intereses.

El sexo es un negocio sin límites.

El sexo es una llave de control social.

¿Y la gente?

Casi nadie habla de sexo con naturalidad. Imposible mencionarlo sin risitas, sin bromitas, sin groserías, sin reticencias, sin pudor, sin morbo, sin mentiras, sin exageraciones, sin miedos, sin culpas, sin reiteración, sin exhibicionismo, sin compulsión... A menudo es imposible disfrutarlo sin alcohol, sin drogas, sin vergüenza, sin complejos, sin adicción, sin penumbras, sin promesas, sin negociaciones, sin pagos...

Sexo, sexo, sexo, sexo... ¿Qué nos pasa con el sexo?

¡Ah, sí! El sexo es placer. La más sencilla, accesible, económica y democrática fuente de placer del mundo. Y una de las más potentes y perturbadoras. E inagotable. Y sin efectos secundarios.

Pero Occidente siempre tuvo problemas con el placer. Ya lo dijo Nietzsche: el judeocristianismo odia la vida (y por tanto el placer). Y hoy, disfrazando lo placentero de "liberado" hedonismo de cartón-piedra, seguimos siendo en lo sexual tan mojigatos e hipócritas (y algunos tan banalmente libertinos) como siempre. Por eso el sexo sigue obsesionando, aterrando o dejando fríos a unos y otros. Y por ello -por ejemplo- nos importa más la vida sexual de los políticos y famosos que su honradez y sus obras.



Sin duda alguna, mientras no dejemos de hablar o callar o exaltar o condenar o comerciar o abusar u obsesionarnos con el sexo, y hasta que no podamos hablar de él con absoluta naturalidad e inocencia, significará que el placer sigue en nosotros tan reprimido como siempre. No así, ¡ay! (o quizá por eso mismo, como decía Reich) nuestra repulsiva y abominable y degenerada tendencia a la violencia.

Etiquetas:   Sexualidad   ·   Sociedad   ·   Vida   ·   Pareja   ·   Violencia
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