El populismo no es una tendencia ideológica, como así pretenden hacerlo ver los que se aprovechan de él, sino una degeneración propia del declive de una sociedad. Es la consecuencia lógica del reordenamiento social cuando enferma sociopolíticamente un país y se ve vulnerado por un virus que lo debilita. La enfermedad acecha tras cualquier agotamiento y socialmente eso se traduce en la oportunidad para imponer extremismos aprovechando un descontento popular.




