BIEN SER BIEN ESTAR

BIEN SER BIEN ESTAR.

 

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JOVENES. COMPRENSIÓN Y DIALOGO.

Cecy  Valerio.

“Lleva mucho tiempo ser joven”. Pablo Picasso.

 

Con el lema “Juventud, diálogo y comprensión mutua”, se celebra este viernes 12 de agosto el día mundial de la Juventud, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas desde el año 1996. No dejé pasar la oportunidad de esta fecha para tomar este tema, actual, fresco e interesante. Hablaremos de ese divino tesoro, que es la juventud.

El lema de la ONU se me hizo acertado, en un momento y en un mundo en el que hace falta mucha comprensión,  tolerancia y aceptación. No solo comprender la magnitud de ser jóvenes en esta etapa de la historia de la humanidad, sino entender las difíciles circunstancias que les ha tocado vivir y los retos que tienen que enfrentar día tras día para salir adelante.

 También el diálogo, como la vía para que exista un acercamiento entre las generaciones y de esa manera los jóvenes se sientan involucrados en las decisiones que a ellos afectan. Los jóvenes viven bombardeados de todo tipo de información a través de los medios masivos de comunicación y de la red electrónica. Esto no es diálogo si entendemos por éste la conversación entre dos o más personas que manifiestan sus ideas, afectos, pensamientos y sentimientos de una manera alternada.

La palabra más interesante es “mutua”, es decir, una comprensión bidireccional, en la que exista una plena comprensión a los jóvenes, sus inquietudes, su manera de expresarse y manifestar su opinión, sus ideales y sus sueños. Es más fácil para nosotros comprenderlos, que ellos comprendernos a nosotros, pues ya hemos pasado por esa etapa y ellos no por la nuestra. Entonces ¿ Por qué se nos hace tan difícil comprenderlos?. Quizá es el miedo a que se equivoquen, a que sufran, a que no comentan los errores que nosotros tuvimos y a que no les falte nada . Decimos que los tiempos han cambiado.

Tratar de comprenderlos no significa hacernos permisivos y relativizar todo lo que tiene que ver con sus decisiones. Los adultos, ya sean padres, formadores, mentores o autoridades tenemos una obligación de amor con estas jóvenes vidas que Dios nos ha confiado. No es que queramos que nos comprendan, pero sí procurar hacerlos partícipes de la promoción de los ideales de paz y respeto a los Derechos Humanos. Sobre todo respeto a sus propias vidas y salvaguarda de su integridad y dignidad.

A decir del Secretario General de la ONU, Ban-Ki-Moon, reconocer y celebrar la capacidad que tienen para construir un mundo más seguro y más justo tomando como punto de partida sus propias vidas. Redoblar esfuerzos para incluir a los jóvenes en las políticas, programas, decisiones que beneficien su futuro.

Decir joven, es decir alegría, energía, sueños, ilusiones, futuro, presente, vida, proyectos, tesoro. Soy mamá de adolescentes y me encanta escuchar cantar a mi hija a todo volumen o escuchar tocar la batería a mi hijo con todo el estruendo que se puedan imaginar. Son polvo de estrellas.

Decir joven también  en estos días puede significar desencanto, desempleo, falta de oportunidades, exclusión, indiferencia, apatía, confusión, dependencias nocivas (todas lo son),  desánimo y pobreza. Ojalá que juntos, adultos y jóvenes, también redoblemos esfuerzos para que la juventud sea eso, un divino y preciado tesoro que desborde de energía y alegría  bien encausadas y fomentar el diálogo con los jóvenes y hacer votos por una comprensión mutua entre las generaciones.  

UNETE



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