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La soledad de la economía española


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03/03/2011

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Nos hemos quedado solos. Nuestros principales socios de la OCDE, de la Unión Europea y gran parte de los países periféricos y emergentes han salido de la crisis. La economía real global se recupera. Las turbulencias financieras siguen acechando, pero España sigue postrada en una cama de la UVI.


 

La práctica desaparición del ingrediente crisis global, en el diagnóstico de nuestra especialísima recesión pone al desnudo nuestra realidad, sin velos, cortapisas, coartadas o excusas.

 

Estamos enfermos. Los demás no tanto y algunos con una salud de hierro. No somos competitivos, no somos productivos, no innovamos suficientemente, somos caros, tenemos grandes y relevantes reformas pendientes. Somos más pobres. En definitiva, o espabilamos o nos espabilan.

 

Lo único que nos salva, por el momento, es –aunque parezca una paradoja- la cuantía de nuestra deuda (tres veces nuestro PIB) y el pánico que genera en nuestros acreedores, principalmente alemanes, un default en nuestras finanzas.

 

Seguimos evitando un debate a fondo, y un ejercicio de pedagogía de nuestros políticos, que pongan de manifiesto la gravedad de nuestros males y los sacrificios que precisan las soluciones.

 

Evidentemente ni los trabajadores, ni los ciudadanos, ni los sindicatos, considerados en abstracto, somos culpables de lo ocurrido. Tampoco somos culpables de tener un modelo productivo obsoleto y especializado en sectores de poco valor añadido exportable, como por ejemplo la construcción. Tampoco somos culpables de que el desempleo se haya apoderado de nuestra economía y que el pesimismo campe por sus respetos. La solución por lo tanto no está en buscar culpables, que los hay, sino en hablar claro, asumir nuestro problema, dejar de rasgarnos las vestiduras y tomar el toro por los cuernos, empezando por los políticos.

 

Como botón de muestra actual de cómo estamos viviendo los problemas y las soluciones,  resulta vergonzoso el debate electoral que tenemos en Cataluña: endogámico, provinciano, alejado de los problemas de la competitividad y rayano, por no decir que traspasa lo grosero.

 

El buscar soluciones, evidentemente no pasa ni por convocar elecciones generales, ni por continuar algunos meses con un zapaterismo remozado con algo más de realismo y mejor comunicación. 

 

La solución pasa por grandes consensos nacionales –me refiero a España- que permitan acometer con garantía, velocidad, esfuerzo,  y eficiencia las grandes reformas pendientes que constituyen la llave de la recuperación de nuestra economía, para competir en un entorno que ha modificado radicalmente su configuración durante el gran debacle de los mercados y del capitalismo financiero.

 

Tenemos enfrente reformas estructurales impopulares, imprescindibles que precisas de pactos de Estado y de estadistas para llevarse a efecto y sin las cuales mantendremos nuestro pulso muy débil y seguiremos dependiendo de terceros. Me refiero a hacer de la negociación colectiva un instrumento de competitividad, que no de refugio de derechos adquiridos, una reforma del estado autonómico que abarate el coste de nuestra convivencia y de nuestros servicios, adaptar el tamaño del estado de bienestar a nuestro nivel de riqueza, retrasar la edad de jubilación para mantener las prestaciones, liberalizar el sector energético, refundar el sistema educativo para fabricar más ingenieros, investigadores y emprendedores, y sobre todo aceptar que somos más pobres y lo seguiremos siendo si no nos tomamos en serio un proceso de transformación que no tiene parangón en la España contemporánea.

 

Alguno podría contra argumentar que la transición y la reconversión industrial fueron más complejas, más duras, que España era más pobre, que los sacrificios fueron tremendos, y tendría razón pero se equivocaría en una cosa, durante la transición y la reconversión industrial de los años 70  y 80 se trataba de democratizar y ser más ricos y sin embargo, la crisis actual es una crisis de ricos que no quieren dejar de serlo y en el que la democracia se valora menos. Es un paisaje del que disfrutamos, no un paisaje a conquistar. Se parece pero no es lo mismo.





Publicado en: ABC





Etiquetas:   Economía

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