"Son las cinco de la mañana. El día ni siquiera se ha anunciado con un débil rayo de luz, y mi papá ya está por salir a su trabajo. Ayer no escuché cuando llegó a casa, o quizá llegó de madrugada. Como sea, no pude darle un beso de buenas noches, ni platicarle que en la escuela me pidieron que participara en el festejo próximo declamando la poesía que tanto le gusta: ‘Suave Patria’. Y ahorita ya no hay tiempo para pláticas; entrará a mi cuarto, presuroso, a darme un beso de despedida, para después decirme a modo de saludo: ‘Pórtate bien, hazle caso a tu mamá’. Yo soy Lupita, tengo siete años, y mi papá es soldado…



