Poco más que añadir, ¿no creéis? Si eres arquitecto, automáticamente habrás podido comprobar el macabro poder que ejercen estas simples palabras sobre nuestro bienestar. Irremediablemente, nuestras mentes se ven inundadas de infinitas anécdotas que lejos de resultar agradables, arrancan paradójicamente sinceras sonrisas en nuestros cariacontecidos rostros.



