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La escuela, la educación y la globalización


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19/05/2016

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 “Es bueno ser oveja, pero entre lobos es mejor ser león”


Niko Kazantzaky.

Parecerá cierta la afirmación de que la educación es la única alternativa de desarrollo de la sociedad. Sin embargo, elucubrar  sin saber el tipo de educación que se requiere, sería perder el tiempo, ya que no hay un norte definido  como tampoco unas políticas de Estado claras, pertinentes y contundentes.  En este texto esbozo algunas preguntas, puesto que se presume que la esencia del progreso de los países Latinoamericanos está en la educación y ya es hora de mover los hilos posibilitadores de una que sea autentica, competente y autónoma, desligada de intereses mercantiles ¿Qué tipo de educación se necesita para no seguir subyugados a la voracidad capitalista en un mercado globalizado? ¿Qué formación ético-moral deben recibir los profesionales y ciudadanos para no  cometer los errores de quienes, a pesar de ser “doctores”, han defraudado a nuestras naciones, sometiéndolas al acabose y a la corrupción?

 No se puede negar que la globalización ha permitido a algunos países romper las fronteras para acrecentar sus intereses financieros, más allá de ideologías, condiciones socioeconómicas, culturales y diversidades étnicas. Para ellos lo prioritario es la sobrevivencia del capital. Pero, donde los más desarrollados tecnológicamente someten a los menos capacitados, haciéndolos perennes consumidores. Este fenómeno rompió el viejo paradigma de las sociedades cerradas y nacionales, convirtiendo el mundo en una sociedad planetaria como llaman a la internacionalización del sometimiento y la expoliación. Entre éstas tenemos las de la cultura, la industria, la educación, el deporte, entre muchas otras.

Los especialistas ven la globalización como panacea socioeconómica. Allí los procesos económico-financieros, el crecimiento de las tecnologías, del conocimiento, de la investigación científica y de la información soportan todo el andamiaje de las sociedades. Verdad que merece atención desde los centros del pensamiento y el conocimiento, puesto que puede haber sesgo y mantener otras alternativas de progreso y desarrollo ocultas para asignar una sola percepción e imponerse hegemónicamente al resto.

 En la globalización, el crecimiento se materializa cuando las compañías multinacionales y multimillonarias invierten grandes cantidades de capitales en fábricas, servicios y empleos en países del tercer mundo cuya mano de obra calificada es barata y la normatividad laboral es  totalmente endeble para protegerla, además de ser fácilmente manipulada y sobornada por los protervos intereses del gran capital que se vale de todo: exenciones de impuesto por motivos diversos, corrupción a granel, violación a las normas laborales y legales, entre muchas otras acciones “non santas”.

Pero ¿Quién no sabe que el crecimiento incontrolable de la tecnología y de la ciencia requiere con urgencia una mano laboral cualificada para satisfacer la ambición desmedida de los inversionistas de grandes capitales? Creo que todos sabemos de ello. Entonces, ante esa palmaria realidad, los inversionistas que necesitan maximizar sus ganancias y minimizar las pérdidas financieras, recurren a la presión, exigiendo una educación acomodada a sus intereses personales, mas no sociales y generales. La educación que entra a jugar un papel trascendental en esta gran comedia donde unos intereses materialistas son el eje de todo, inicia unas transformaciones con unos diagnósticos descontextualizados, dejándose manipular e imponer criterios tecnicistas sin la participación de quienes saben cuál es la problemática. ¿Pero a qué precio esa educación idealizada para la autonomía y la libertad del individuo queda en las mentes de algunos soñadores, cuando priman  intereses mezquinos y materialistas?

La educación es el catalizador para la participación en esa economía globalizada e igualitaria, pero a un alto precio. Porque ella, basada en el uso de las tecnologías, de la información y en la transmisión de esta última, debe tener como objetivo el beneficio de todos sin ir en detrimento de la naturaleza ni de los seres humanos. Sin embargo, los olvidados por diversos motivos políticos, económicos o de educación se convierten en las víctimas del proceso sin que tengan sus beneficios, deslegitimando el sentido de la comunidad y hermandad planetaria tan pregonado. Es decir, se pierde la esencia de la educación liberadora del hombre.

Hoy, cuando se cuestiona el valor y el derecho a la educación en los países en “vías de desarrollo”, la economía globalizada reduce sus aportes, permitiendo una incongruencia entre la realidad y el discurso.  Lo que interesa en tener mano de obra barata y acrítica que se preocupe únicamente por la producción para la subsistencia. No obstante, los sistemas de educación de los países supuestamente desarrollados mantienen entre sus objetivos la formación con calidad de sus profesionales, enmarcada en la cualificación de las competencias requeridas para su desarrollo económico y social, aunándose a esto la cualificación progresiva de los mismos sistemas educativos. Factor que hace más ancha la brecha entre países ricos y países ricos.

Los sistemas de educación son producto de los cambios en la economía y la sociedad, actuando asimismo sobre ellos. Siempre ha habido una relación tríadica entre educación-economía-sociedad, moviéndose y haciendo homogéneamente un avance en la sociedad. Por tal razón, cuando se producen los cambios en cualquiera de estos frentes hay unos movimientos que lesionan toda la estructura a los cuales las sociedades deben estar prestas a reencauzar para que no haya inestabilidad. Aunque, es bueno decir que muchas veces la escuela y su sistema educativo no responden con la misma presteza, quedando rezagadas, permitiendo que sus asociados queden en desventajas ante el resto de sociedades. Quizás eso se da  cuando no hay políticas responsables y comprometidas con la autonomía, la dignidad y la soberanía de los pueblos, ya que lo único que interesa es tener grandes capitales en pocas manos. Una economía para pocos y hambre para muchos.

Cabe destacar que las amenazas de la escuela y sus sistemas educativos ante la globalización requieren de una sesuda anticipación de quienes desde su quehacer pedagógico imparten procesos de formación para la libertad y la autonomía a través del enseñar a pensar, para que la sociedad desventajada no siga sufriendo la invisibilización y el irrespeto de quienes manejan a su antojo los hilos invisibles del poder del capital.

La lucha contra esos enemigos solapados de la privatización y mercantilización de la educación con las consecuentes injusticia, discriminación y agrandamiento de la brecha económica y social entre ricos y pobres, además de la invisibilización de las tradiciones y la diversidad cultural, debe partir desde una escuela libre con  una educación liberadora del pensamiento.

Se puede inferir que requerimos una educación para la verdadera democracia, el respeto por la vida y la naturaleza, la socialización del conocimiento posibilitador de igualdad para un mejor nivel de vida donde hombres, mujeres, niños y ancianos tengan la certeza de saber que luchan y trabajan por el bien de la especie humana en general y no para quienes chupan cotidianamente la sangre de los más débiles, excluidos y sometidos. Que haya un equilibrio que no desentone con el progreso y desarrolle de la humanidad, la ciencia y la tecnología.

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* Docente de Lengua castellana y literatura del Distrito de Cartagena en la Institución Educativa Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de Comunicación Oral y escrita de la Fundación Universitaria Tecnológico Comfenalco.

 

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Etiquetas:   Educación   ·   Política   ·   Pedagogía   ·   Humanismo   ·   Derecho

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