Muchos adultos consideran que ser infieles a su pareja no causa ningún perjuicio a su familia, salvo en el caso de que sean descubiertos. Y aun así, se piensa que los niños son muy resistentes y que pronto se olvidarán de ello y podrán seguir adelante con sus vidas como si nada hubiese pasado. Pero cada vez más investigaciones niegan este punto y señalan que los cambios en el comportamiento del infiel pueden ser fácilmente percibidos por su retoño y, de esa manera, influir de forma totalmente perniciosa en su desarrollo emocional.




