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La lealtad en la politica


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28/03/2016

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La Lealtad en tiempos de Política.


El diccionario de la RAE define la Lealtad como “el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien”, y por tanto este valor de los seres humanos  debe estar relacionado con aspectos que se enmarquen en la hombría de bien, en el honor y no confundirlo con  la complicidad que puede darse en personas que actúan al margen de la ley.

La deslealtad por oposición   es la expresión contraria a la lealtad, es decir es la falta de la misma y entendida como tal, podemos decir que es la falta de fidelidad, de honor y de hombría de bien (no es una cuestión de género, es solo definición, pues la lealtad es una cualidad tanto de mujeres como de hombres)

Uno debe ser leal en primer lugar consigo mismo,  luego con su familia, con sus superiores y con sus subordinados si los tiene, es más me atrevería a decir que la lealtad hacia los subordinados es aún más valorada, ya que exige normalmente un esfuerzo mayor, dada nuestra naturaleza humana.

Recientemente venimos siendo testigos de una serie de noticias de índole política, sobre todo electorales,  donde la palabra “lealtad” viene siendo utilizada asidua e indistintamente por quienes la reclaman o por quienes pretenden hacen gala de la misma, sin muchas veces comprender que la dimensión de este valor, de esta cualidad solo es exigible/atribuible en la medida en que se cumplan los requisitos que le dan su verdadero y único sentido. Así  lo recientemente sucedido con un  Candidato y todo su colectivo de postulantes,  ejemplariza una vez más lo que es la deslealtad, pues como es conocido  fueron “desembarcados” de un proceso, sin su consentimiento, sin su conocimiento y en base a un bien urdido esquema y cálculo político.

 La lealtad, es pues en esencia una característica que debe exhibir, sin lugar a dudas, el líder en la conducción de una organización, pues no hay otra manera, sana, consecuente y persistente de fidelizar a quienes han decidido ser parte de un colectivo, organización, partido, nación  o como se le quiera llamar.

Tal vez una característica de muchos que pretenden ser reconocidos como líderes es que entienden la lealtad en un solo sentido, de abajo hacia arriba, como el ejemplo mencionado anteriormente, es decir, esperan que los subordinados, los demás, sean siempre leales y ellos en cambio pueden relativizar este valor conforme su propia conveniencia, o lo que se quieran inventar como excusa para justificar su deslealtad “hacia abajo”. A estos “falsos lideres” se suman quienes los alientan o justifican por el solo hecho de obtener ventajas, olvidando que a la larga sufrirán las mismas consecuencias.

Quienes son desleales  y desafortunadamente hay muchos ejemplos que lamentar, sobre todo de aquellos investidos de altas atribuciones, jerarquías e influencia sobre los demás, están condenados a sufrir los efectos en la misma medida en que la han practicado, pues si alguien no ha sido  leal en todo sentido y en todo momento, sean las circunstancias que fueran, o si es “leal” sólo de la boca hacia afuera, difícilmente podrá exigir o esperar que sean leales con él y es que el ejemplo, los actos, más allá de las palabras y buenas intenciones, es lo que permite determinar nuestro sentido de lealtad.

Cultivar este valor, es sinónimo de consecuencia, sacrificio, integridad, y debe ser, entre otras cualidades exigibles,  lo que caracteriza el auténtico liderazgo, pues en esencia resume mucho de lo que esperamos de nosotros mismos y de lo que esperan los demás, por tanto corresponde a una actitud permanente de dimensión transversal en todas las actividades y circunstancias de nuestra propia existencia, y es la cualidad que establece lazos fuertes e indisolubles a través del tiempo, necesarios para impulsar cualquier proyecto trascendente; por el contrario los desleales siempre serán señalados como tales y pesara sobre ellos un estigma que los acompañara el resto de su existencia o una buena parte de ella, más allá de saberse como tales en su fuero interno, lugar donde nuestras conciencias no pueden relativizar lo que realmente somos.

Seamos siempre fieles a los principios rectores de una vida correcta, al honor de vivirla como mujeres y hombres de bien, comprometidos con nuestra sociedad, con nuestros semejantes, con nuestra patria, nuestra Nación,  sinónimo de organización a la cual nos debemos, en suma seamos siempre leales a nuestro Perú y a quienes hicieron de él un país con pasado, con presente y con futuro que admirar y esperar.



Etiquetas:   Clases Sociales   ·   Relaciones Personales

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