Hambruna en Somalia

No quiero siquiera enterarme, ni saber cuántos mueren a cada instante y es que poco puede importarme, entonces... les dejaré allí, morir como tantos otros, sin preocupación alguna, sé que se pudrirán sobre las arenas, abandonados, olvidados por todos, incluso quizá algunos se sirvan de sus despojos, sumidos en su propia desesperación. Pero debo ignorarles, debo seguir caminando por las calles de este Mundo como si no les viera, como si no les oliera, como si con dignidad me desplazara por estas aceras, eludiendo vagabundos y mendigos, ignorándoles ya como si nada, como una costumbre más en esta ciudad plastificada, rotulada.

 

... les dejaré allí, morir como tantos otros, sin preocupación alguna, sé que se pudrirán sobre las arenas, abandonados, olvidados por todos, incluso quizá algunos se sirvan de sus despojos, sumidos en su propia desesperación. Pero debo ignorarles, debo seguir caminando por las calles de este Mundo como si no les viera, como si no les oliera, como si con dignidad me desplazara por estas aceras, eludiendo vagabundos y mendigos, ignorándoles ya como si nada, como una costumbre más en esta ciudad plastificada, rotulada.
Y lo hago bien, de cuadra en cuadra me sacudo a unos cuantos, con total indeferencia, es que ya hasta me molestan sus estómagos vacíos, sus caras huesudas y sucias, su estampado de moscas en espera, esas uñas descuidadas, manos negras como de hollín. Es que sólo quiero tenerles a distancia como a esos niños en Somalía, que mueran de hambre, que se retuerzan sus estómagos, qué me importa, que se queden en los huesos, no quiero saber de sus convulsiones, de sus lágrimas, de sus... miradas vidriadas, son sólo niños y estos bolsillos, que así les tienen... qué pueden hacer, vacíos.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales