No quiero siquiera enterarme, ni saber cuántos mueren a cada instante y es que poco puede importarme, entonces... les dejaré allí, morir como tantos otros, sin preocupación alguna, sé que se pudrirán sobre las arenas, abandonados, olvidados por todos, incluso quizá algunos se sirvan de sus despojos, sumidos en su propia desesperación. Pero debo ignorarles, debo seguir caminando por las calles de este Mundo como si no les viera, como si no les oliera, como si con dignidad me desplazara por estas aceras, eludiendo vagabundos y mendigos, ignorándoles ya como si nada, como una costumbre más en esta ciudad plastificada, rotulada.



