Sin denuncia no hay delito. Re victimizando al atracado

La época decembrina, para muchos de los habitantes de esta ciudad,  resulta en ocasiones eclipsada por un fenómeno que,  con precisión milimétrica, se repite año tras año durante el último mes  del calendario; la inseguridad. Una  lotería que nadie quiere ganarse, pero en la que parece, todos tenemos una boleta.

 

. Una  lotería que nadie quiere ganarse, pero en la que parece, todos tenemos una boleta.
Este diciembre, ese nefasto  baloto me tocó a mí. Me atracaron. Y aunque no es la primera vez que me pasa, el curso de los acontecimientos posteriores al incidente, si me resulto en extremo novedoso y perturbador.

El 15 de diciembre, a  las 8 y 10 de la mañana,  en el costado sur de la calle 134, a media cuadra del Éxito, mientras me dirigía a una reunión en la Universidad del Bosque, fui abordado por dos individuos armados con cuchillos, el primero montado en una bicicleta trato de quitarme una mochila desde atrás, tirándome al suelo, el segundo reviso mi saco  y extrajo el dinero  que contenía  mientras me amenazaba con su arma. Durante el forcejeo, mi mano y la cadera  fueron golpeados y me raspe la cadera y la rodilla, afortunadamente no sufrí ningún corte o herida. La agresión fue rápida, y aunque no lograron quitarme la mochila, mi celular se rompió y me robaron el dinero, una carpeta y unos audífonos.

Si bien puedo decir que no perdí nada valioso ni fui lastimado seriamente, sentí que mi obligación era denunciar el asalto, de cara a que la policía tomara acciones sobre el asunto.

Esta decisión, a la luz de la experiencia, resultó ser  tan ingenua como la de caminar por la calle sin prestar mayor atención a mi alrededor, olvidándome por completo del  escenario en el que vivimos.

Después del incidente, me dirigí al CAI ubicado en el barrio Bellasuiza, sobre  la carrera 7. Fui atendido por un  policía que se encontraba de servicio que  de manera amable,  me informo que para  realizar una denuncia debía dirigirme hasta la estación de policía ubicada en la Calle 165 en el sector de Servita, debido que solo en las estaciones se pueden realizar este tipo de trámites.

Si bien la propuesta no me parecía del todo seductora, emprendí   el recorrido  hacia el norte de la ciudad, con la firme intención de dejar un precedente que contribuyera a que la situación que acababa de experimentar no se presentara con otro ciudadano.

Pero Colombia es Macondo. Y aquellos escenarios que para muchos resultarían inconcebibles, se replican cotidianamente  en nuestro territorio con una frecuencia que asombraría a muchos.

Contrario a mis expectativas, y a las que podrían atribuírsele a cualquier ciudadano, al ingresar a la estación de policía de Servita,( 10:30 de la mañana aproximadamente) y  tratar de establecer la denuncia por el robo y agresión del que fui víctima, me encontré con una respuesta que resulta en extremo inverosímil,  no solo  en mi caso (que por fortuna resulta en extremo leve), sino también en muchos otros que se revisten de mayor gravedad.

Ante  la solicitud de implementar el denuncio, el personal encargado de brindar atención en la estación  de policía plantea de manera pasmosa,  que debido a que agotaron los turnos que se otorgan  a los ciudadanos para efectuar este trámite durante las horas de la mañana, debía esperar hasta las 2 de la tarde, solamente hasta esa hora hacer efectiva mi denuncia.

Aunque les manifesté que yo no vivía en esa localidad, y que debido al atraco me encontraba lastimado, la respuesta de los funcionarios no se modificó,  llegando a plantear que como no me habían robado nada valioso no valía la pena poner el denuncio.

La posición expuesta  por los funcionarios de la estación de policía,  resulta inconsecuente  con una política de seguridad ciudadana efectiva  y   plantea serios interrogantes respecto de la eficacia en la prevención y atención del delito desarrollada por esta institución en Bogotá.

Para cualquier  ciudadano que acaba de experimentar un episodio de agresión y vulneración de derechos por parte de un delincuente, resulta muy  importante y necesario el  acceso efectivo y rápido  a  los mecanismos de denuncia y protección que están consagrados en la normatividad colombiana, los cuales deben ser procurados y garantizados por las instituciones públicas como la Policía nacional.

La limitación directa del ejercicio de los derechos, a través de barreras de acceso a los mecanismos de denuncia, evidenciada en la posición y argumentos planteados por los funcionarios de la estación de policía, proyecta un panorama desalentador  para las víctimas del flagelo de la delincuencia en esta ciudad, pues parece plantear que: ya no solo se coarta y limita  el acceso a la justicia, sino que se  restringe incluso  la posibilidad  de denunciar el delito.

Un análisis somero de los acontecimientos descritos,  parece sugerir varias preguntas: 1)¿Habrá alguna relación entre las barreras de acceso a los mecanismos de denuncia impuestas en estaciones de Policía como la de Servita y la necesidad de mostrar mejores indicadores de seguridad para diciembre?2)¿Puede ser esta la nueva estrategia distrital  para mejorar los indicadores de seguridad en la ciudad? 3) ¿Si no hay denuncia, no hay delito, no hay delincuencia, hay seguridad?  

La esperanza de vivir en una ciudad sin hurtos puede parecer una quimera en un país como Colombia, donde las desigualdades sociales y la inequidad resultan ser los componentes constitutivos de la sociedad, por esta razón, el rol de las autoridades debe ser el de garantizar el disfrute de derechos de los ciudadanos, de lo contrario, aquellas  víctimas de la delincuencia, resultaran siendo  re victimizados por  aquellos a los que acuden buscando ayuda. Bogotá 

UNETE



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