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La compleja travesía de la Maestra-Madre a la Maestra-Terapeuta


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28/07/2011

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Los maestros, los profesores, deben estar siempre del lado del niño, “ponerse la camiseta del niño”, para ayudarlo a salir airoso, en lo posible, de toda situación de amenaza personal a la que estarán expuestos, a lo largo de su trayectoria escolar; me refiero a todas las situaciones que, objetiva o subjetivamente hagan tambalear su armonía interna y provoquen líneas de quiebre en su estructura de personalidad.


Un niño que se siente amenazado, (ya sea por problemas vinculares con los adultos o con sus pares; por temor a no pasar de grado o por situaciones difíciles que atraviesa su núcleo familiar), manifiesta una actitud mental cerrada, rígida y defensiva, que comprometen y perjudican  las situaciones de aprendizaje.

La mayoría de las veces, los docentes nos sentimos frustrados por no poder orientar al niño o intervenir más activamente en situaciones que suceden en el seno de la familia, de la esfera privada de las personas. Tenemos alumnos que son tratados con violencia, unos con violencia física, otros, bajo otras formas más sutiles, son abandonados por sus padres a las niñeras virtuales como la Tv y la computadora.

Niños,  a quienes sus papás, azolados por el síndrome de la prisa, en lugar de ayudar a construir su aprendizaje con su compañía y cooperación, optan por una solución más rápida, completarle ellos las tareas escolares; de esta manera, no fomentan su autonomía ni su responsabilidad, porque la responsabilidad del niño es hacerse cargo de la esfera escolar; tampoco de ese modo,  le ayudan a superar sus dificultades de aprendizaje, y lo más severo aún, es que ese niño, tome ese modelo, como modelo a imitar, con sus propios hijos cuando los tenga.

Pero en cambio, existe un espacio privilegiado, una casa de ventanas abiertas por las que ingrese la luz tan necesaria para que germinen personitas con avidez de aprender, un lugar donde se escuche la risa de niños, se escapen sueños atados a rabos de nubes, y donde la imaginación, construya con los docentes alas-ideas que permitan cristalizar los reales posibles.

Ese espacio, maestro, maestra, es la escuela…

No podemos cambiar las situaciones adversas “del afuera”, pero sí, debemos aprovechar esas  4, 6, u 8 horas, a veces,  en las que la vida nos presta a sus niños para dar lo mejor de nosotros.

El niño nace con “libertad embrionaria”, pero necesita de nuestra mano para acompañarlo durante los primeros años, hasta que sus alas se hayan fortalecido y hasta que haya aprendido cómo hacer un uso de esa libertad, sin lastimarse o lastimar a otros, hasta que pueda hacer un uso responsable de la misma.

Y en ese proceso de acompañamiento,  a través de intervenciones oportunas logradas a partir de educar nuestra mirada, podremos captar esa “almita” que hay más allá del guardapolvo, esa mirada asustada, otras veces desafiante, con el fin de ayudarlos a apropiarse de sus recursos mentales.

El niño se fortalece cuando se siente dueño de esos recursos mentales, cuando se da cuenta de que sus ideas son poderosas. Enseñarle a “mirar”,  desde diferentes puntos de vista, le permite  integrar, relacionar, inventar, hacer planes, dar diferentes sentidos a las cosas y enfrentar situaciones que no le agradan: se fortalece, cuando logra “aguantar el malestar”, cuando puede “bancarse las frustraciones sin romperse”.

Cuando nosotros éramos chicos…, “en mis tiempos, había tiempo…”, decía María Elena Walsh, contábamos con el “ocio”, el “ocio creativo”, el de la siesta obligada de los mayores, el que se convertía en campo de batalla de nuestros soldaditos de plomo, de los piratas que asaltaban los mares y encontraban tesoros, éramos la princesa suspirante que espera a su príncipe  azul montado sobre un caballo blanco, o la maestra severa que quería enseñar a multiplicar a sus silenciosas alumnas de trapo.

Creo que tenemos que generar breves o pequeños espacios dentro de la jornada escolar, en los que los chicos tengan un tiempo para ellos, algo diferente al recreo, un espacio en el que ellos mismos hagan propuestas de proyectos, de juegos, se agrupen de acuerdo a sus intereses, o se desagrupen acorde a sus necesidades individuales, en el que inventen cosas, o se aburran; si, porque ese “aburrimiento”, puede ser generador de ideas, de imaginación,  de creatividad.

Un espacio en el que se entrenen en la autoadministración, en valores, en medir las consecuencias de sus acciones, donde el grupo se haga cargo de la autogestión del funcionamiento del mismo.

Un espacio en el que los niños nos enseñen a nosotros, ya sea que nos muestren un video en You Tube, que nos integren en sus juegos de mesa, que nos pidan que participemos en sus proyectos, etc.

La difícil labor del educador, incluye la de compensar un posible ambiente sociocultural empobrecido, detectando y ayudando a solventar cualquier limitación física o psíquica en la medida de sus posibilidades y controlar aspectos que dificultan el aprendizaje. Se trata de incrementar la verdadera inteligencia de sus alumnos, procurar que accedan al mayor número de situaciones que conlleven percepciones significativas y disponer los medios para que éstas, se realicen con independencia.

 

Silvia Pérez Fonticiella

Consultora en Neurociencias.



Etiquetas:   Educación

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