Por la unión de los ibéricos: españoles y portugueses, dos en uno.

Una separación artificial. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Un mismo territorio, una misma península, tres grandes ríos que moldean su belleza, la perfecta unión entre el Atlántico gallego, portugués y andaluz con el Cantábrico vasco, montañés, astur, con el Mediterráneo catalán y valenciano. 

 

. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Un mismo territorio, una misma península, tres grandes ríos que moldean su belleza, la perfecta unión entre el Atlántico gallego, portugués y andaluz con el Cantábrico vasco, montañés, astur, con el Mediterráneo catalán y valenciano. 
Es la perfecta unión entre ese verde irrepetible que hace puros los bosques gallegos y lusos que bordean el Miño y las llanuras bajo el Duero, la indescriptible mezcla de culturas que acerca una puesta de sol en el mar del Algarve a los inéditos amaneceres gaditanos.

Ese Tajo que nos abrió las puertas al Nuevo Mundo y unió Lisboa con Madrid, el viejo condado Portucalense con la señorial Castilla de siempre. La misma historia de siglos y siglos, los mismos linajes, las mismas tensiones, similares mentalidades. Dos lenguajes, dos poesías, la lengua del Fado y la de Cervantes, que más que distanciarse bien deberían de haberse hermanado en esencia. En dichosa plenitud.

Porque el viejo idioma lusitano es música para el gallego, su antaño hermano con el que tantas palabras comparte. Como si el catalán, también similar, hubiera sido impedimento para renegar de la Hispanidad. Un espacio, una historia, una lengua, un espíritu; el reino, la tierra de los íberos, los celtas, los romanos. Los vándalos, suevos, alanos. Los visigodos. Los moros y cristianos. La tierra en la que hoy duermen los antiguos lusitanos es parte de toda esa tierra en la que todos somos hispanos. Aragoneses, vascuences, portugueses, castellanos. Pero TODOS españoles, todos nobles hispanos.

Ojalá en algún mañana las barreras del caduco y vil nacionalismo decimonónico, las barreras del atroz y falaz concepto de nación-estado, desaparezcan para siempre y esta gran comunidad que es Iberia, que es España, Hispania, comience a recuperar su grandeza desde la diversidad verdadera, sin el estatismo de las Autonomías, y desde la aproximación a la provincia perdida, a una región de la que hoy se siente extraña. Porque Portugal nunca debería de haber desertado de España.

Portugal + España = volver a los orígenes. A la pura Iberia, a la verdadera Hispania.

UNETE



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