Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Poesía   ·   Libros   ·   Periodismo   ·   Lectores   ·   Escritores   ·   Internet   ·   Lectura   ·   Internet de las Cosas   ·   España   ·   Italia



Si seguimos la Ley del Talión acabaremos ciegos y chimuelos.


Inicio > Mis composiciones
18/07/2015

701 Visitas



A mi hermano Carlitos, un gran Biólogo. 






Pensamos tontamente que las cosas malas no pueden pasarle a la gente buena, quizás sea esta la razón por la que solemos descuidarnos mutuamente. Así es, hablo de mutualidad, porque la gente no puede vivir sin el otro y es precisamente por eso que hablo también de cuidado, ese tipo de cuidado que tenemos para lo que reconocemos como nuestro, ya sea por posesión o por ubicuidad. Sin embargo, las cosas malas les ocurren a todos, de la misma manera que las cosas buenas también pueden pasarle a todos.



La mayoría de nosotros, trata sus objetos de la mejor manera, pues les asigna un valor (monetario, sentimental, utilitario, de referencia, etc.) y decide entonces que ese objeto merece el mejor de los tratos, las consideraciones, el respeto e incluso los mimos que quizás deberíamos tenerle a las personas. Ojalá ese mismo trato fuera dedicado a las personas. Insisto, la mayoría de nosotros, pero sin un dato estadístico concreto es difícil pensar en cuántas personas tienen consideraciones para sus posesiones y para las personas y cuántas no... y ese es el tema de este texto.





En un mundo en el que las personas nos pertenecieran, de la misma manera en la que nosotros perteneciéramos a ellas, quizás la gente se trataría entre si como el tesoro más precioso que existe en el mundo. Tal vez así, mi primo no estaría muerto, sólo porque a alguien se le ocurrió que su vida no tenía ningún valor ni remotamente parecido al que puede tener una mochila con una torta, unos cuantos pesos y un teléfono celular, e incluso del contenido de la mochila estoy dudoso, pudo tener incluso menos.





Este bien podría ser un texto que incitara a la violencia, que buscara justicia, que clamara por la cabeza de un hombre desconocido entre muchos que hacen lo mismo: matar sin sentido, gratis, por que pueden... pero este texto no es sobre él. En cambio, este texto es sobre el valor que le damos a la vida, y el valor que deberíamos darle a la vida, las consideraciones, la apreciación, el respeto, pues espero que este texto se convierta en una invitación a la reflexión, a la búsqueda de la paz, a la verdadera justicia, pues vivir pensando en retaliaciones, no es vivir. Nos quita tiempo, energía, nos desconcentra, y finalmente nos aparta de nuestro verdadero objetivo que es, a final de cuentas, vivir.





Dejar de buscar venganza como forma de justicia, es acaso la mejor de las políticas. Abogar por la paz, por el respeto, por el otro, la iniciativa. Si seguimos pensando en el ojo por ojo y diente por diente, acabaremos ciegos y chimuelos, y este fantasma, oculto entre un montón de ladrones y asesinos, terminaría muerto; pero no es lo que quiero. Nadie debería querer eso. 





Mi mejor homenaje para el gran hombre que fue Carlitos, fuera de palabras insulsas fuera de contexto, que bien pude haber dicho en su funeral, es este texto que invita a cambiar la perspectiva de las cosas, de la búsqueda de retribuciones, al ofrecimiento; un ofrecimiento tan simple como darle al otro su propia vida, porque existe respeto, y uno espera respeto para su vida también. Robar sin matar, evitar la extrema violencia, ¿para qué? Tiene tanto miedo el que está frente al arma como el que la empuña.





Dar, por amor, por piedad, por lo que sea. Do ut Des sería mejor, es decir, doy para que me des. Sin remordimientos, sin pena y dolor, sin una bala. Dar a cambio, en condiciones iguales, que el principio esté en nosotros. Te aprecio, te respeto y si debo hacerte mal, te lo hago en la menor de las proporciones. Esa debería ser la agenda social en aras de la paz.





El daño esta hecho y no espero provocar más, buscando los ojos o los dientes de aquel que nos dañó. Prefiero amar a mi primo, alegrarme por su vida y entristecerme por su muerte. Prefiero pensar en él y aprender a tratar a los otros como espero que me traten: con ese trato que se le da a la mejor de las cosas que posee el mundo, como todos nosotros tratamos en vida y muerte al mejor de todos nosotros: 





A mi amigo, a mi hermano, al biólogo que dedico su vida al estudio de lo natural, a ti Carlitos. Duerme negrito.  



Etiquetas:   Psicología Social   ·   Valores   ·   Violencia   ·   Paz Social   ·   Homenaje

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
19283 publicaciones
4836 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora