El dinero, el poder y la salida de la crisis

 

 

. La extrema izquierda de América latina en los años 60 asaltaba bancos para financiar sus movimientos revolucionarios. Después del golpe de Estado de 1973, en el exilio hubo una gran solidaridad internacional, principalmente en Europa, y fluyó la ayuda. Allí comenzaron las malas prácticas de algunas élites que captaron esa ayuda y con esos recursos financiaron sus grupos de poder, en Europa, México y al final de los 80, en Chile, creando partidos instrumentales para recuperar la democracia y al final, crear la Concertación de Partidos por la Democracia.

Vino la transición y los aggiornados políticos de "izquierda" convinieron con el régimen militar una peculiar transición "en la medida de lo posible". Desmovilizada la ciudadanía que esperaba la alegría, esas élites buscaron fortalecer su poder. Se habló de pragmatismo y hoy, gracias a la escandalera de la corrupción y su historial, se ha sabido, urbi et orbe, esa verdad que francotiradores de la escasa prensa libre sobreviviente habíamos denunciado por décadas: los pactos secretos de la transición mucho tuvieron que ver con estos vasos comunicantes y estos flujos de efectivo desde los grandes grupos a las élites, lo que condicionó la transición para no tocarle un pelo al sistema. En ese derrotero de corrupción estructural, surgieron las nuevas generaciones de recambio, los G90, que captando la médula del poder, se abren de los partidos captando su propia caja de aportes, se cruzan los límites, se cometen delitos tributarios con boletas ideológicamente falsas, se puentea a los partidos y cuando se abre la caja de Pandora hacia la derecha, con el caso Penta, el péndulo se va al otro lado y se destapan Soquimich, Codelco, Corpesca, Aguas Andinas, y así, lo que hemos vivido en estos últimos 5 meses, el hedor de las alcantarillas del poder, con platas sucias y mal habidas, con evasión tributaria, cinismo político y maniobras para surfear la crisis. La evidencia patética es que la izquierda democrática se ha financiado por décadas con fondos aportados por los grupos que participaron en la dictadura, en particular de Julio Ponce Lerou, yerno de Augusto Pinochet, quien fue favorecido por su suegro para hacerse de una importante empresa pública, Soquimich SQM, hoy líder mundial en la exportación de litio. 

La sensación de la gente, al sentirse estafados, es de desconcierto, de bronca que se va acumulando peligrosamente, con falta de puentes hacia la política y falta de liderazgos aglutinantes. La salida como sea, será de cualquier forma traumática, pues implica que parlamentarios que recibieron dineros de empresas y a quienes la Justicia compruebe el delito de cohecho o fraudes al fisco o enriquecimiento ilícito o todos los anteriores, debieran salir de la política y pagar con las penas que la ley fija, sin blanqueos ni amnistías impropias. 

De allí en más, como expectativa de cambio, viene el "proceso constituyente" que abra un sendero de salida a la crisis, con gobernabilidad y sin caer en la anarquía. Conclusión, el dinero corrompe, el poder sin contrapesos corrompe absolutamente. La civilidad consciente debe actuar,  con visión republicana, de Estado, para que la paz social y la democracia superen estos decenios de mentira institucional, rompiendo el mito urbano de izquierdas y derechas.

Periodismo Independiente, 14 de junio de 2015, @hnarbona en Twitter.

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