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Del club de los 5 al club de los docentes. Ser maestro sin morir en el intento.


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03/06/2015


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“Nadie te quiere, todo el mundo te odia, vas a perder ¡sonríe imbécil!”


John Hallenbeck interpretado por Bruce Willis. El último Boy Scout (The last boy scout-1991- Dir. Tony Scott)

 

Ayer por la noche me puse a ver la película de 1985, dirigida por John Hughes, El club de los 5 (The Breakfast Club). Me puse a verla simplemente por abordar una temática en mi ciclo de cine del día de mi cumpleaños número 30. Nací en 1985, y estuve viendo películas que salieron en ese año. Fue parte de mi celebración, aparte de salir a cenar con compañeros de trabajo y amigos.

Una vez que la estaba viendo, me puse a analizar la relevancia de esa película, que hace 30 años se hizo y que dejó huella en su momento, y que a pesar del paso del tiempo, el mensaje que transmite sigue muy vigente, por lo menos para mí: la caótica vida adolescente.

El filme trata sobre 5 adolescentes, que en un sábado se quedan castigados en su escuela por distintas razones. Cada uno de los personajes es un estereotipo que se encuentra en una escuela: la princesita popular, el deportista popular, la chica rara y callada, el cerebrito y el malandrín. El profesor les pone una asignación: hacer un ensayo en el que reflexionen sobre ellos mismos.

Como todo adolescente, es obvio rebelarse ante tales cosas que son impuestas. El malandrín se pone al tu por tu con el profesor, los otros alumnos cuestionan de manera muy inteligente al maestro, pero este solo trata de imponerse como lo que es: la autoridad.

Sin embargo los chicos hacen todo lo posible por no cumplir con la actividad y se van en un viaje de descubrimiento propio y de los que les rodean, para encontrarse con una realidad muy cierta, la cual se refleja en el ensayo que entregan al final y que nos muestra exactamente la esencia de la película de principio a fin (lo cito):

“"Querido señor Vernon:

Admitimos el hecho de tener que quedarnos castigados todo un sábado. Por habernos portado mal. Pero pensamos que está usted loco al intentar forzarnos a escribir un ensayo explicándole quiénes creemos ser, porque usted simplemente nos ve como quiere vernos.

En pocas palabras, la definición más conveniente sería que hemos sacado en limpio lo que hay dentro de cada uno de nosotros: un cerebro... un atleta... una irresponsable...una princesa...y un criminal...¿Contesta eso a su pregunta?

Atentamente le saluda, el Club de los Cinco."

Hace 30 años que salió esta película, marcando a una generación de adolescentes y que siguió quizás marcando a otros que la vieron en televisión, en video, en dvd, blu ray o en netflix. Llegue a tener un alumno, con el que platiqué, quien le fascinó esta película. La he puesto en algunas de mis clases para ilustrar lo que es la vida de un adolescente.

Pero no es mi punto hablar del adolescente. Sabemos lo complicados que somos en esa etapa. Todos la vivimos, pero poco a poco vamos “madurando” y creemos que dejamos atrás esos conflictos. Sin embargo en la vida adulta seguimos siendo los clásicos estereotipos, solo que en versiones remasterizadas.

Un diálogo que tiene el profesor con el conserje de la escuela menciona: “los chicos están en contra mía”,  “como han cambiado los chicos a cuando estábamos en la escuela”. El conserje muy sabiamente (que me sigue fascinando como personas que pertenecen a un estrato social y laboral más bajo, es mucho mas lista que los de la clase alta): “los chicos no han cambiado, tu has cambiado. ¿Qué pensarías de ti, si tuvieras su edad?”

Esa reflexión es increíble a mi punto de vista, y como docente me hace ver los errores en los que llegamos a caer en esta profesión.

Los seres humanos cambiamos. Nos hablan de que maduremos. Si bien, deberíamos hacerlo, ya que aseguran que es parte de la vida. Muchos luchan incansablemente para salir de esa inmadurez y caer como manzanitas bien maduras al suelo, para que alguien los levante y se los coma.  Libros de superación personal, seminarios, ir con psicólogos, que aprendemos de nuestras experiencias, etcétera, etcétera.

El aparente proceso a la madurez, nos lleva de salir de lo que Alfred Adler llama inferioridad. Cuando somos pequeños o somos adolescentes somos inferiores. No es algo malo, es algo natural. Existen la inferioridad psicológica (no creemos ser buenos en algo) y la inferioridad de órgano (cuando por la naturaleza no podemos hacer algo). Esa inferioridad es la que nos motiva a que surja el afán de superación y por ende llegamos a compensar nuestras debilidades siendo mejores en áreas distintas a las que no podemos desempeñarnos. Este afán de superación nos lleva a salir de esa inferioridad mediante la compensación. Todos compensamos nuestras inferioridades. Por eso vemos a gente no muy inteligente, siendo buena construyendo cosas. Vemos a personas que no saben relacionarse con los demás como unos genios. Personas que perdieron la vista, tienen sus otros sentidos mas agudos. Todos nos superamos.

El problema que yo veo en todo esto y es en el que caemos, es que todos somos iguales. La idea de que todos tenemos las mismas capacidades. Lo cual es cierto. Todos somos capaces, pero en mayor o menor grado. Albert Einstein  dijo (o por lo menos se le atribuye esta frase): “si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido”.

Lo mismo ocurre en la película. Cada uno de los personajes, muestra como los padres les imponen la presión de cumplir con sus expectativas. De ser los mejores como ellos son o como no pudieron ser (los deseos frustrados de los padres depositados en los hijos).  Ven en los adolescentes a seres inferiores que deben superarse, pero no como individuos, sino como una extensión de ellos. Generan en ellos un complejo de inferioridad, pues al no lograr sus expectativas, los insultan, los demeritan, los castigan, o los presionan mucho mas de lo que ya están. La idea de que esto forjará su carácter, la cual es muy válida, pero a veces caen en el autoritarismo o complejo de superioridad.

El complejo de superioridad como Adler también lo señala es una forma de enmascarar tu inferioridad, haciendo sentir más débiles a los demás, para tu sentirte grande. Los padres al ser incapaces de lograr sus sueños o cuando los logran y quieren alcanzar mas, hacen sentir menos a sus hijos si no hacen lo mismo que ellos o lo que ellos deseaban. Y se vuelve un círculo vicioso que convierte a los hijos en personas con un complejo de inferioridad, en el que nunca son los suficientemente buenos o en personas con complejo de superioridad, donde sienten que ni el sol los merece. Eso lo muestra la película: Complejo de inferioridad: el cerebrito y la chica rara (no debo usar esos adjetivos, pero solo lo haré para ilustrar con los clichés). Complejo de superioridad: el deportista, la princesita y el malandrín.

Los padres o la autoridad muchas veces ejerce esa superioridad sin necesidad. Lo hacen con la mejor de las intenciones quizás, pero no lleva a un cambio de conciencia. En lo personal, puedo afirmarles que mi padre era así. Quería que lograra lo que él no logró. Lo llegue a odiar por eso. Sin embargo, me motivó a buscar la forma de rebelarme contra lo que él quería para convertirme en un individuo ajeno a lo que me imponía. El quería que fuera licenciado en derecho, yo estudie psicología. El decía que me iba a morir de hambre, saliendo de la universidad empecé a dar clases de mi carrera y a personas que me doblaban la edad y que incluso eran docentes. Me gané su respeto y le callé la boca. Y al poco tiempo murió. Triste historia. Pero comprendí que si bien lo hizo con una sola razón, por lo menos lo hizo bien, ya que siempre me motivó a pensar y criticar absolutamente todo. Terminé criticando su autoridad. He ahí el punto clave. Me dio las herramientas para hacerlo: formar mi carácter con la presión y formar mi habilidad crítica para razonar por que son las cosas.

Se dice que el discípulo debe superar a su maestro eventualmente. Sinceramente como maestro, me es grato saber que tengo alumnos que me superan en conocimiento y habilidades variadas. Es motivante, ya que tienes que estar un paso adelante que ellos. En pocas palabras, siempre terminarás siendo inferior. En los Simpson  hay un episodio llamado “la rival de Lisa”. Es de la segunda temporada, si no me equivoco. En el Lisa se siente amenazada por que una compañera que es menor que ella, la adelantan un grado y es mucho mas lista. Le pide un consejo a Marge, su madre y le contesta algo similar  a lo siguiente: Si quieres ser feliz, no puedes estar compitiendo, por que siempre habrá alguien mejor que tu.  Es muy cierto, pero eso no implica que no quieras superarte. Puedes compensarlo de otras formas. En la serie se muestra al mejor hacerse amiga de su rival. “Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos mas cerca”. Quizás aplica en este caso. Es parte del proceso de aprendizaje de la vida. Sin embargo la inferioridad ahí está.

Regresando a la película, el profesor se ve amenazado por sus alumnos. No lo quieren. Son diferentes. Ya no son como cuando el estaba en la preparatoria. El decidió ser maestro por  tener mas vacaciones, sin embargo no es cierto, debe trabajar. Su alma fue muriendo y cambió. Ahora el es la autoridad y les hará miserables la  vida a los alumnos, como el lo es. Muchos maestros caen en eso. Tendemos a decir en la escuela: está vengándose por lo que le hicieron los profes.

Muchos caen en eso. Lo he visto, lo he escuchado. No lo he hecho. Yo tuve maestros que considero fueron muy buenos, sin ser unos desgraciados. Sin embargo me gusta creer que soy un desgraciado con los alumnos en mis clases. Pero al parecer no lo soy. Soy despiadado, pero lo disfrutan ¿serán masoquistas? ¡CLARO! ¡SON ADOLESCENTES, LES GUSTA EL SUFRIMIENTO!

¿Quiero hacerlos sufrir porque soy infeliz? No, porque así como me divierto con su “sufrimiento”, me gusta verlos felices cuando logran ser mejores que yo. Cuando logran superar los retos que les pongo. Porque celebro con ellos cada tontería que llegan a hacer o a decir. Me divierto con ellos. Me convierto en el cómplice de hacer maldades o travesuras. Porque me pongo al nivel de ellos para disfrutar de esas cosas que con nuestra aparente madurez, dejamos de lado y nos creemos los adultos miserables que nos vamos convirtiendo y a los cuales el mundo destruyó  sus sueños guajiros.

No tengo sueños guajiros. No tengo metas grandes. Solo quiero vivir el momento. No soy una persona madura. No soy una persona que aspira a ser millonario y tener lo que el personaje de Mark Renton en Trainspotting dice que la sociedad te exige. Soy un rebelde como lo son los adolescentes. Soy un adolescente eterno, tal como lo dije en un congreso donde expuse una propuesta. No quiero ser la autoridad. Odio la autoridad como los adolescentes la odian. Pero en el fondo sé que estoy logrando algo más grande y me lo están demostrando los alumnos: que aprendan una lección de vida y de que los contenidos sirven para algo, no solo como cultura general. Lo sé porque me lo han hecho saber, con sus logros en los exámenes, en sus exposiciones, en sus comentarios en las encuestas o simplemente en pláticas honestas con ellos.

Los docentes nos olvidamos que hemos sido niños, que hemos sido adolescentes. Nos olvidamos de lo que es vivir esa etapa y que es lo mas importante. No es aprenderse las tablas tal y como nos las dicen. Es saber como lo podemos aplicar en nuestros juegos. No nos importa aprendernos quien es quien en la lucha de independencia y cuando pasó, sino como podríamos usar esos argumentos y temas de lucha contra la imposición injusta  y salvarnos el pellejo defendiéndonos de los demás. En esa etapa queremos encontrarle un sentido a las cosas, ya que para nosotros no tiene sentido nada.

Maestro ¿Cómo has cambiado? ¿Odiabas a tus maestros? ¿Odiabas las tareas repetitivas? ¿Cómo es que te convertiste en lo que mas odias? Te has convertido en todo aquello contra lo cual el ser humano se rebela cada 100 años aproximadamente: un sistema obsoleto y caduco, que funciona un rato, pero después requiere de algo radical.

Vuelve a tu adolescencia. Haz algo nuevo. Disfruta. Si tus alumnos dicen chistes groseros, apréndete chistes groseros con un sentido educativo (tiene que haberlos). Si tus alumnos están aburridos en el salón de clase, llévatelos al patio y da la clase allá. Si tus alumnos quieren jugar futbol, usa ese tema para una de tus actividades. Supera tu inferioridad oculta en esos aires de superioridad porque eres el “maestro”. Se creativo.

Aprende de tus alumnos, aprende de tus enemigos, aprendes de todos. No eres perfecto. No eres superior. No eres grande. No eres nada. Eres inferior. Ahora supérate. He ahí tu motivación. Sé un adolescente otra vez y rebélate contra el sistema. Rebélate contra ti mismo.





(Si encuentran errores de sintáxis o redacción, háganmelo saber en los comentarios)



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