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Las naciones tienden a perder el rumbo, producto de elección de deficientes mandatarios


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17/01/2015


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“El Ladrón vulgar te roba: El dinero, el reloj, la cadena, el auto. El político te roba: La felicidad, la salud, la vivienda, la educación, el futuro, la pensión, la recreación y /o el trabajo. El primero,  el ladrón te elige a ti. Y al segundo ladrón lo eliges tu”. (Anónimo). 


Al momento de nacer las republicas  latinoamericanas , producto de las guerras independistas contra la corona española a inicios del siglo  XIX, se produjeron periodos de anarquía y que ocasionaron procesos internos, revueltas y revoluciones que debilitaron el concepto de republica y de democracia.

El concepto de republica  inspiro a gran parte de estas naciones, siguiendo el modelo americano y también la I Republica Francesa. El proceso de la ilustración y del liberalismo influyo notablemente en la formación de criterios y pensamientos que buscaban mayores espacios de libertad tanto en lo político como en lo económico.

Chile no fue la excepción y tras sufrir un periodo de inestabilidad política, se irguió como un país referente de la región en cuanto a organización política y desarrollo económico.  La hasta entonces Capitanía General de Chile, subsidiaria del Virreinato del Perú, comenzó a gravitar en lo político y en lo económico dentro de la región.  Pero sin lugar a dudas, carecía de una mayor profundización en cuanto a generación representativa de  mandatarios en los negocios públicos. Ya en el siglo XX,  se alcanza una mayor representatividad del ciudadano común y nacen diversos referentes políticos que representaban al  pueblo mismo; al artesano, agricultor, campesino, técnico, obrero, etc.

En la medida que ha evolucionado el mundo y por ende Chile, surgen en las redes sociales diversos grupos que presionan e influyen poderosamente en la gestión de la clase política, del mundo empresarial y de otros centros de poder.  Es el caso de el alzamiento del pueblo egipcio contra sus autoridades y que determino un cambio radical en su actual sistema de gobierno.

Bajo esta premisa, surge de inmediato la reflexión del  actuar lícito, ético y moral de nuestra clase política y que ocupa cargos de representatividad popular en el parlamento, municipalidades, poder ejecutivo y otras orgánicas estatales.  Tal es el caso de los senadores, diputados, alcaldes, concejales y en última instancia el cargo de Presidente de la Republica.

El ciudadano común ejerce su derecho de elección de los candidatos que se presentan a escrutinio popular, es en definitiva el mandante y que otorga al mandatario (político elegido), la  atribución de ejercer un cargo público de forma temporal.  En consecuencia es el mandante (ciudadano) donde radica el poder de designar al mandatario (político)  para que lo represente de forma temporal y de la forma más eficiente, pulcra y virtuosa, en el manejo de la cosa pública. Terminado su mandato, vuelve el político a la condición de ciudadano. Su gestión será evaluada y en determinadas situaciones, castigada penalmente conforme al ordenamiento legal imperante. Una cosa de sentido común.

En líneas generales el concepto de mandante (pueblo) y de mandatario  (autoridad política) tiende a tergiversarse y a perder el rumbo.  Tal es el caso de nuestra actual situación nacional, donde la capacidad de asombro sencillamente se ha perdido. Otro elemento que sencillamente ha resultado dañado es el sentido común, y que en la actualidad es el menos común de los sentidos.  No hablemos de la fe pública, pues  en la actualidad carece de sustento.

El caso PENTA, con el financiamiento de partidos de la Alianza, siendo especialmente beneficiada la UDI, es la guinda de la torta y que lleva a pensar si los mandatarios han sido bien escogidos y seleccionados.  Y esa es una de tantas situaciones de las cuales nos hemos informado por la prensa. Por lo extenso de tanta corrupción, de desfalco, de inequidad y de ineficiencia no las describiré, pues se podría hacer un libro de toda esta mugre. Pero me detendré en la destrucción de la red ferroviaria nacional a manos del Gobierno del Presidente Lagos, quien designo a Luis Ajenjo a gestionar esta red ferroviaria que unía a Chile desde Santiago a Puerto Montt. Su gestión fue tan desastrosa que ocasiono la destrucción de este principal medio de transporte.  En fallo de la Corte de Apelaciones de Santiago, se le condenó a tres años de presidio, con el beneficio de la remisión condicional de la pena, en calidad de autor del delito de fraude al fisco (caso Empresa Ferrocarriles del Estado), entre los años 2003 y 2005 mientras se desempeñaba como Presidente de  EFE y que causaron un gran perjuicio fiscal. Pese  a lo evidente de su mala gestión y defraudación al Estado, Ajenjo salió bien librado y goza de buena salud gracias a los mandantes (pueblo) Es decir, ya la capacidad de asombro ha sido superada ampliamente.

La cosa y negocios públicos, son indudablemente importantes para una nación.  Una clase política, que ejerza bien sus funciones, determina el desarrollo de un país, en este caso Chile. Lo contrario implica corrupción, desfalco, involución de las condiciones de vida de un pueblo, su ruina definitiva al final de los tiempos. Numerosas naciones o civilizaciones, han sucumbido producto del mal manejo de sus líderes. En consecuencia elegir buenos mandatarios, probos y que cumplan  eficientemente sus funciones, no resulta fácil. Y ello se aprecia en todas las tiendas políticas.

Sin lugar a dudas el cargo público atrae a mucha clientela, no siempre se busca para servir a la Republica, más bien para servirse de él. La paga fiscal es buena y muy buena en la mayoría de los casos, no por ello no se sabe de parlamentarios que voluntariamente desistan de ejercer la “pesada carga parlamentaria”.  No entrare en detallar algunos senadores y diputados (en otros tiempos honorables), que llevan décadas en esos cargos millonarios. Claramente los mandantes (dentro de los cuales me incluyo), resienten lo abultado de las dietas parlamentarias y que superan ampliamente a muchas naciones desarrolladas.  Más aun, dentro de poco se ha legislado para aumentar la cantidad de parlamentarios (futuros mandatarios), cargos que deberán ser financiados y adivine por quien.  Pues por los sufridos mandantes (el pueblo, el ciudadano común).

Es el momento entonces de interesarse de la cosa pública, de involucrarse en los negocios del estado y de elegir a mandatarios probos, virtuosos y que sirvan a la Republica, es decir, a los mandantes y que es en definitiva el pueblo.



Etiquetas:   Corrupción   ·   Participación Ciudadana

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