Caja Madrid / Bankia: negros estómagos agradecidos a Blesa y Rato

Frecuentemente se utiliza la expresión "meter la mano en la caja", para referirse a quien se ha apropiado del dinero ajeno. En la empresa privada es un claro, comprensible y legalmente procedente motivo de despido (disciplinario). La jurisdicción social dictaminará si la causa defendida y pruebas aportadas por la parte patronal son merecedoras del máximo castigo; o bien sentenciará la improcedencia del despido y la consiguiente indemnización del trabajador. En cualquier caso, salvo retorno al puesto de trabajo por causas de nulidad u opción de readmisión, el trabajador o trabajadora ya llevarán tiempo en la calle.

 

. En la empresa privada es un claro, comprensible y legalmente procedente motivo de despido (disciplinario). La jurisdicción social dictaminará si la causa defendida y pruebas aportadas por la parte patronal son merecedoras del máximo castigo; o bien sentenciará la improcedencia del despido y la consiguiente indemnización del trabajador. En cualquier caso, salvo retorno al puesto de trabajo por causas de nulidad u opción de readmisión, el trabajador o trabajadora ya llevarán tiempo en la calle.
En la banca dicha máxima adquiere dimensión de mandamiento. Se supone que quienes se dedican a comprar y vender dinero (y especular con él) deben de cuidar al máximo el dinero físico y virtual de sus cajas fuertes. En las extintas cajas de ahorro (actuales bancos "nacionalizados"), podríamos decir que existía (o debería haber existido) un peldaño más de exigencia y ética; al tratarse de entidades dotadas de obra social y un estatus especial carente de acciones bursátiles.

Recuerdo los discursos de la dirección de relaciones laborales de Caja Madrid/Bankia, cuando trabajaba en la Caja (lo hice durante casi treinta años), y actuaba en calidad de representante unitario de los trabajadores y representante sindical​.​ ​E​xpresa​ba​ su pesar, ​cuando tenía que sancionar y despedir a padres de familia. Ya saben, "por meter la mano en la caja". Lástima que no pudieran experimentar tales sensaciones con los ladrones y saqueadores que gobernaban la centenaria institución.

Mucho se ha hablado del asunto de las tarjetas negras/'blacks'/opacas. Como ya se ha dicho, su existencia en sí misma y su opacidad fiscal son reprobables y repugnantes "per se". Pero el origen no resta importancia a la aplicación y uso.

Mientras a los trabajadores de Caja Madrid, en sus desplazamientos profesionales y de formación, se les daba el clásico 'ticket restaurant' para comer un menú, y tenían que liquidar y documentar (como debe ser) cualquier kilómetro gastado en gasolina, metro, autobús, o taxi; sus directivos, ejecutivos y consejeros, se pegaban la vida padre. Ya conocen los millones de euros públicos empleados en comilonas y viajes de placer con la familia (o sin ella), clubs de alterne, discotecas, safaris, joyas, arte sacro, etc., etc.

Al tiempo que en las mesas de negociación se regateaba (y negaba) cada euro de mejora retributiva y social de los empleados, tanto en la Entidad como en el sector de Ahorro; sus mandamases se fijaban retribuciones millonarias. Emolumentos que debían parecerles escasos, al "complementarse" con tarjetas de empresa. Ni Miguel Blesa ni Rodrigo Rato se enteraban de lo que llevaban en la cartera. Ildefonso Sánchez Barcoj (otro de los grandes agraciados de las tarjetas)​ –que sólo era el director financiero–​, ha dicho que las tarjetas de empresa dependían de la secretaría de Presidencia.

Y qué decir de Auditoría (la interna de Caja Madrid, sin olvidamos de la ausente del Banco de España). La misma auditoría que escrutaba informáticamente hasta el último euro de movimiento en las tarjetas y cuentas de los empleados​ –y, si presumía cualquier movimiento "anómalo", daba parte a Relaciones Laborales, que podía incoar expediente disciplinario–​, resulta que no se enteró de los millones anotados en cuentas contables de fraudes de tarjetas y gastos de representación.

Tampoco pasan desapercibidos los regalos por la asistencia a las asambleas generales (habitualmente se celebraban varias al año). De estos "presentes" no se libra nadie: políticos, empresarios, sindicalistas, prohombres... Teléfonos móviles, agendas electrónicas, ultraportátiles ('netbooks'), etc. Muchas decenas de miles de euros por cumplir con la obligación de asistir a las asambleas​. Así se contentaba, como a los niños, a los consejeros que no estaban dentro del círculo 'vip' de las 'black'.​

El sindicato al que pertenecía (federado a la anarcosindicalista CGT) consiguió un representante en la Asamblea General​.​ ​E​l cual aceptaba también (generalmente en silencio) los obsequios de asistencia. Este mismo representante (sin tarjeta de empresa​; no pertenecíamos al grupo de sindicatos "oficiales" e "institucionales"​) ingresaba a la sección sindical los emolumentos por la asistencia a las asambleas​.​ ​E​so sí, a su manera: restaba a la cantidad percibida el tipo máximo de retención del IRPF. No hubo forma de hacerle entrar en la cabeza que, anualmente y coincidiendo con la declaración de la renta, tenía que ajustar cuentas y ver el impacto real en su declaración (bien a favor, bien en contra).

La alegría, por el hito de que un sindicato alternativo ("minoritario", utilizando la terminología oficial) consiguiera un representante en la Asamblea, pronto se olvidó. Es cierto que éramos la única organización sindical que hacía un discurso crítico y de denuncia; que votaba en contra (o se abstenía) ante el obscurantismo en la gestión (incluidas las cuentas anuales). Pero no es menos cierto que sudaba tinta cada vez que había que consensuar, en el secretariado permanente y la sección sindical, y con "nuestro" consejero general, las intervenciones y el sentido del voto. Hay que recordar que estos puestos de representación (en este caso por la parte social) son personales e intransferibles; y que no puede evitarse que los consejeros hagan lo que ​les plazca.​

No hablamos del clásico Lazarillo de Tormes, que distrae alimentos a su amo ciego, para no morir de hambre. Se trata de ​"​si al de al lado se lo dan, yo no voy a ser menos​"​. El puesto está a mi servicio, yo no estoy al servicio del puesto. La poltrona es mía y, si nadie me lo impide, por el mayor número posible de años; y, si el tiempo apremia, a aprovechar intensamente mientras dure. La avaricia y falta de escrúpulos explican el viaje desde el menudeo de los trajes regalados, ​de las comidas y bebidas espirituosas, ​hasta el dinero público dilapidado en faraónicas e inútiles obras. De la financiación ilegal de partidos, obras de reforma  en ​sus ​sedes y campañas electorales (PP), a las cuentas multimillonarias en Suiza​;​ con dinero negro a raudales. La corrupción existe porque hay corruptores y corruptos dispuestos a corromperse.

Estaría bien que los que defienden la extinción de las cajas de ahorro, entidades politizadas donde las haya, y también, alaban el sistema bancario español y europeo, nos explicaran varias cosas. Por qué nos gastamos decenas de millones de euros públicos en nacionalizar entidades para privatizarlas después, sin recuperar los millones utilizados en el rescate –una mentira más del Gobierno–. Por qué no consideran rescate a la banca "sociedad anónima", los millones que recibieron del BCE, con los cuales especulaban impúdica e impunemente. Si las cajas de ahorro (y sus obras sociales) eran tan ineficientes y despilfarradoras, cómo es posible que Kutxabank (fusión "fría" de las tres cajas vascas: BBK, Kutxa y Caja Vital, y la andaluza CajaSur), según las pruebas de "estrés" del Banco Central Europeo y la Autoridad Bancaria Europea, es el más solvente del sistema financiero español.

No es de extrañar que Blesa aguantara tres lustros haciendo lo que le daba la real gana. Llegó con un pacto político-sindical, PP​ ​-​ ​CC OO. Arruinó Caja Madrid, y estafó a miles de preferentistas. Y Rato firmó la sentencia de muerte de la tricentenaria Caja, y expulsó a cientos de empleados, en forma de Bankia. Los estómagos agradecidos que les pusieron, apoyaron y mantuvieron​ (a ellos y a toda su tropa)​, deben de estar tan negros como las famosas tarjetas.

UNETE



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