Cuando una comedia romántica no pierde un ápice de elegancia tras la pirueta, aparentemente suicida, de mostrar a sus protagonistas manteniendo una conversación acerca de la cantidad de heces que determinadas personalidades acumulaban en su intestino a la hora de morir, es que la cosa funciona. Es lo que sucede con la canadiense Amigos de más (Michael Dowse, 2013), deliciosa cinta inspirada en la también encantadora 500 días juntos (Marc Webb, 2009) en gran medida por sus entrañables matices fantásticos. Si estos rasgos distintivos venían de la mano de Joseph Gordon-Levitt cantando sin ton ni son en mitad de un parque en el film de Webb, aquí son las creaciones pictóricas de la protagonista, revoloteando en pantalla en momentos concretos, las que aportan ese meditado rasgo diferenciador. Lo curioso es que, a pesar de estas pinceladas surrealistas, la película nos gana desde el primer minuto por su constante apego a la realidad. Desde sus protagonistas, lejos del canon de belleza al que históricamente se han aferrado las producciones del género -que hace que los reconozcamos como alguien cercanos, de carne y hueso-, hasta la importancia de los temas tratados -fidelidad, tenacidad, ilusión-, todo en Amigos de más está orientado a buscar la complicidad con el espectador exigente.



